Ya es oficial: Segovia tiene presupuestos municipales para 2025. Han tardado, sí, pero han llegado. Como las cigüeñas, el buen tiempo o el cambio de hora, las cuentas públicas se han presentado con cierto retraso, concretamente cuatro meses después de la fecha ideal (ese mes de diciembre que parece quedar lejos). Pero, como suele pasar en esta ciudad, más vale tarde que nunca, y el pleno del Ayuntamiento ha dado finalmente luz verde a los números que regirán el año.
El proyecto ha sido aprobado con los votos a favor del PP y la abstención de Ciudadanos, en un movimiento que no ha sorprendido a nadie y ha incomodado a casi todos. Desde el equipo de gobierno se ha celebrado como una muestra de responsabilidad, mientras que la oposición, encabezada por PSOE, IU y Segovia en Marcha, no ha ahorrado críticas: “presupuesto inflado”, “desconectado de la realidad” y “falto de alma”, han sido algunas de las perlas escuchadas en el debate.
Y aunque los argumentos sean discutibles, lo cierto es que no les falta algo de razón: la ciudad lleva tiempo acostumbrada a presupuestos que llegan en el alambre, entre prórrogas, negociaciones discretas y un calendario que parece más decorativo que vinculante.
Resulta curioso ver cómo cambian los papeles con el paso del tiempo. Hace no tanto, era el PSOE quien gobernaba en minoría y negociaba presupuestos a varias bandas con IU, Podemos o incluso Ciudadanos. Hoy, la situación es la inversa, y el grupo socialista ha pasado a ejercer un papel de oposición, subrayando las carencias de unas cuentas que, según aseguran, priorizan la propaganda sobre las verdaderas necesidades ciudadanas.
Por su parte, Ciudadanos, con su ya tradicional papel de árbitro silencioso, ha optado por abstenerse. Un gesto que ha salvado al gobierno popular del desgaste que supondría prorrogar el presupuesto, y que permite al Ayuntamiento poner en marcha inversiones, pagos y proyectos que llevaban meses esperando. No es la primera vez que el centro se convierte en el factor clave para desbloquear un presupuesto en Segovia. Y probablemente no será la última.
Al final, la aprobación de estas cuentas no es ni un drama ni una fiesta. Es simplemente otro capítulo en la historia reciente de la política municipal: la de una ciudad que gestiona con equilibrios frágiles, en un escenario donde las mayorías absolutas son cosa del pasado y cada votación requiere casi tanto cálculo como el propio presupuesto.
Los ciudadanos, mientras tanto, probablemente no esperaban fuegos artificiales, pero sí algo más de previsión. Porque aunque los servicios seguirán funcionando, los contratos se firmarán y las obras se licitarán, el mensaje que queda es claro: Segovia sigue funcionando… aunque no siempre a tiempo.













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