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La visita a Segovia de Pedro el viajante

Terminado el acto de Segovia, sobre las 19:30, y tras darse un atracón de selfies, Pedro Sánchez, sin escoltas, sin el coro de cargos que antaño le ensalzaban y con la sola compañía de un militante que le hace de chófer, andaba por la calle Andrés Reguera, camino al Mercedes que debía trasladarle a Madrid. Tres horas antes, un pequeño grupo de militantes, desconocidos, concejales de pueblos perdidos de la provincia, decoraron el pequeño salón de actos del Centro de Servicios Sociales de la Albuera, se plantaron en el local y lo llenaron de pósters. Si es Sí. “Soy un candidato sin aparato”, bromeó Sánchez en medio del mitin, cuando la megafonía falló por tercera vez y siguió con el acto a pelo. Sin problemas.

Y es así. El mismo tipo que, por telegenia y previsibilidad, el aparato encumbró en junio de 2014 a la secretaria general, se apresta ahora a reconquistar el cargo contra ese mismo aparato. Y lo hace a pelo, en plan Manolete. Recorriendo España en coche, a solas y largando discursos en  plazas pequeñas, decoradas con póster y en barrios de las afueras. Locales baratos, pero ojo al dato… ¡llenos a reventar!

Son las 18:40. Los periodistas esperan a Sánchez en la puerta principal del Centro Social con la esperanza de obtener declaraciones y ahorrarse el mitín. “No da canutazos”, explica Ismael Bosch, en tiempos, jefe de gabinete de Pedro Arahuetes, hoy metido de lleno en la plataforma Somos Socialistas, que al margen del aparato organiza la gira del precandidato. Sánchez entra por la puerta de atrás, baja al sótano donde ya no cabe un alma, hay que hacerle sitio para que pueda pasar al atril, igualmente atestado. Los periodistas le hacemos fotos a bocajarro.

¿Quiénes son toda esta gente? Pues nadie con peso del partido. Ni Gordo, ni Luquero (la única que excusó asistencia alegando que debía estar en un partido de básket), ni Aceves, ni Montes… Los que llevan la voz cantante son el ex-alcalde de Grajera, Juan Manuel Barrio, y Alberto Peñas, portavoz de Otero de Herreros. La primera vez que les veo en la vida. Los únicos que suenan son algunos alcaldes, de Roda, La Losa,  el alcalde de Torrecaballeros, Rubén García, el secretario general de Juventudes Socialistas y concejal capitalino, Sergio Iglesias, y la diputada provincial, Yolanda Torrego. De los que hace unos meses podías encontrar en primera fila asintiendo embelesados a las palabras del líder,  ni uno.

Ahora, en cambio, Sánchez es el jefe de los socialistas que no tienen cargo. Votantes que se diría precisan seguir ilusionados con su partido de toda la vida. En las primera filas predominan mujeres de mediana edad; de la mitad al fondo, jubilados. Algunas señoras “de carácter” que no dudan en apostillar en voz al orador “¡Bien dicho!”. La intervención más divertida, cuando para afear a Podemos su no a la investidura y su presentación ahora de una moción de censura, va Sánchez y pregunta al auditorio: “¿Os creeis que hay ahora menos corrupción que hace un año?” “Síiii….”, contestan entusiasmadas unas señoras. Sánchez se para un tanto desubicado y explica que no, que la misma, para retomar el discurso siguiendo con su argumentación, a saber, que con él de presidente se hubiera podido empezar ya con la regeneración y que Podemos no quiso.

Malas noticias para Sánchez, hay gente sí, pero la mayoría no creo que voten el 21 de mayo. Son gente de izquierdas, votantes de toda la vida que se sienten doblemente traicionados, por el sistema político en general y por los dirigentes del PSOE en particular. Ven en el “nuevo Sánchez” el “redentor” de esa izquierda a la que llevan votando desde Felipe. ¿Son militantes? Me da que en el PSOE no son tantos. Gente que busca referentes políticos con los que esperanzarse.

Salimos del mitin. Resulta que el coche aparcado casi al lado del mío es el Mercedes de Sánchez. Mientras busco las llaves entre la cámara, las notas, las gafas y los trastos, me giro y ahí está, a diez metros, directo a mí. Van dos con él. Nadie más. Instintivamente ènciendo la Cámara.”¿Qué pasa hombre?”, saluda. Me quedo atontado  y tardo en activar el modo ráfaga. Tarde y mal posicionado. Busco un encuadre mejor, tarde otra vez. El “redentor de la izquierda” está ya en el coche. Bueno, me consuelo, una foto en coche… Pero tampoco, va sentado atrás, oculto tras ventanillas tintadas. Mientras el coche enfila Andrés Reguera abajo me quedo pensando: este tío es un misterio.

Fotos. Sánchez batió el récord de aforo de la pequeña sala. Dirigiéndose al auditorio a pelo, al fallarle el micro. Saliendo de la Albuera.

 

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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