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Alegría mundial frustrada

A la espera de los enormes fastos que pienso montar cuando llegue la paz mundial, el paro cero y el fin de las desigualdades, suelo ir tirando a base de pequeñas alegrías, que es bueno llorar, pero cada cosa a su tiempo.

Claro, que uno tiende a hacerse un calendario de júbilos y corre el riesgo hasta de programarlos, sin tener en cuenta los condicionantes. Toca y toca. Si, hablo del mundial de fútbol. ¿O es que usted no imaginaba que en los primeros días de julio haría algunos excesos, cambios al menos en su rutina, para participar del delirio colectivo con motivo de los triunfos de la selección? Pues venga, a reprogramar la agenda, que nos han chafado.

Me pregunto ahora que hago con esa alegría. Tenía preparado reírme, abrazar con intensidad innecesaria a la gente, quitar de todas las conversaciones el “¿Qué tal?”. “Pues muy mal”, que nos acompaña, para pasar a las alabanzas al Santo, el Guaje, el Niño el de Camas, o yo qué sé quién, que cualquiera me valía como canal de transmisión de mi euforia.

Nada, guardaré la euforia en el cajón junto a las bocinas y banderas que volverán a coger esos molestos pliegues a cuadros que tanto me cuesta planchar cada vez que las saco a pasear. (Qué quiere, soy un tipo maniático y no aguanto los cuadraditos esos). Es el mismo cajón al que irá la camiseta, igual que la de los jugadores, en la que mi hijo había serigrafiado, tras larga meditación, el nombre de un jugador y que ayer miraba con gesto de impotencia después quitársela incómodo.

No me pida que haga un análisis futbolístico, que de pequeño era un “palomero” de tomo y lomo y de mayor, tengo reciente el aprendizaje del concepto “fuera de juego”, no entiendo que es un “falso nueve” —o se es, o no se es, leche— ni llego a comprender que un deportista de élite “llegue cansado” al mayor acontecimiento del sector al que se dedica.

Y como soy un ignorante, me limito a hacer notar que cuando el Barcelona ha dejado de ser un super equipo, la selección ha hecho lo mismo, o que la base actual del combinado nacional (qué rancio me ha quedado) está formada por parte de la plantilla de equipos que pasan por ser los tres mejores de Europa y sin embargo… ya sabe, no quiero decir eliminados.

Debería hacer resumen del mundial, que esto se ha acabado, pero es que ha sido tan breve, que no me da ni para hacer un resumen en imágenes. Hombre, me quedo con el bofetón que Fabregas ha dado al uso espurio que el catalanismo hace del fútbol, sobre todo a través del Barcelona. El jugador se refirió a “su” país y hablaba de España y para que todos lo entendieran, se negó a hacerlo en catalán, porque no todos los españoles lo hablan. Mi apoyo, si es que lo necesita.

Otra cosita que no se me olvide. Seguro que usted ha hablado del pastón que estaba programado pagar a los seleccionados si hubieran llegado a ganar este torneo —¡je!— y no me canso de explicar que si eso hubiera ocurrido —¡je!— ese dinero provendría de los muchos millones que ellos mismos habrían generado. Vamos, que la cosa era sin costes para el Estado, del que la Federación rechaza las subvenciones desde hace años, porque las ganancias de la selección eran más que suficientes. Pues este año no hay ingresos extra. Ni para la Federación, ni para los jugadores.

Pues eso, que como no sé de fútbol, me limito a reflejar el vacío con el que me he quedado por esta inesperada interrupción por culpa de que “ellos” —sería “nosotros” en otras circunstancias— han perdido estrepitosamente los partidos. A ver, tengo angustia por no encontrar motivos para exteriorizar alegría. A ver cómo se come eso.

Fíjese que en este día de San Romualdo —importante para mi por motivos que ya le contaré otro día y la fecha oficial del comienzo de verano en mi calendario personal— a la vez que escribo esto, estoy viendo lo de la proclamación de Felipe VI y ni siquiera me estoy inmutando. En condiciones normales, estaría emocionado e incluso dejaría caer alguna lágrima emocionada (estoy solo en casa, nadie me ve) y sin embargo… nada.

Qué sencilla doña Leticia ¿No?

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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