Un artículo de opinión sobre el pleno municipal de Segovia, 27 de marzo de 2026
1
El viernes amaneció con niebla en Segovia. No es que importe demasiado, quizás sea hasta mentira, pero conviene aunque sea inventarlo porque la niebla tiene algo que ver con lo que ocurrió después en el salón de plenos del Ayuntamiento. Algo que ver con no ver. Con hablar a tientas. Con chocar unos contra otros en un espacio cerrado donde todos creen conocer la salida.
A las ocho y pico de la mañana, los concejales ya estaban sentados. Veinticinco sillas. Un orden del día. Presupuestos del año 2026.
2
Mazarías, el alcalde. Partido Popular. Gobierna en minoría desde 2023. Ha presentado tres presupuestos en este mandato y ninguno a tiempo. Dos le han sido rechazados por la totalidad de la oposición. Dos de tres. La estadística, en política, debería servir para algo más que para lamentarse.
En su discurso habló de líneas rojas, de planteamientos ideológicos, de excusas personalistas. Dijo que la oposición había formado una alianza contra la ciudad. Usó esa palabra, alianza, como si describiera una conspiración y no el resultado previsible de no haber pactado con nadie. Prometió trabajo, rigor, responsabilidad. Pidió tranquilidad a los segovianos. No pidió perdón. Tampoco hizo autocrítica. Se sentó.
3
Clara Martín, la portavoz socialista. Llevaba la frase preparada: no tiene talante para escuchar ni talento para llegar a acuerdos (a Mazarías). Hay frases que funcionan precisamente porque dicen en doce palabras lo que todos llevan meses pensando.
Martín repasó el historial. Tres presupuestos. Ninguno en plazo. Dos rechazados. Cuando algo se repite tantas veces, dijo, ya no es un error. Es desgobierno. Y luego tendió la mano, como lleva haciendo todo el mandato, según dice ella (se oyen risas). Vivienda pública, mantenimiento de calles, limpieza, participación ciudadana. Un programa alternativo que nadie sabe si algún día se ejecutará, pero que al menos existe sobre el papel.
Le retó a presentar una cuestión de confianza. El alcalde no respondió a eso.
4
García Zamora, el viceportavoz del PSOE. Un hombre que habla como si estuviera contando algo que le hubiera pasado a un vecino, no a él.
¿Crucial?, preguntó, cuando el alcalde calificó así el pleno. ¿Con cinco meses de retraso? Lo podía haber traído en enero o febrero (se oyen más risas)
Y luego dijo algo que tiene la textura de las cosas que se dicen una sola vez y se recuerdan mucho tiempo: en el arte de negociar solo se engaña una vez. Recordó que Mazarías firmó acuerdos con Vox y con Ciudadanos. Acuerdos que después no cumplió. Y concluyó, sin levantar la voz, que si no hay presupuesto es porque el alcalde no quiere que lo haya.
5
Noemí Otero. Ciudadanos. Una concejala sola en su escaño, lo cual tiene algo de valentía o de terquedad, según se mire.
Su argumento era sencillo. Se firmó un acuerdo y no se cumplió. No es una cuestión ideológica. Es un hecho. El año pasado Ciudadanos se abstuvo para que salieran adelante los presupuestos de 2025. A cambio de compromisos concretos. Compromisos que el alcalde no honró.
Esto no va de números, dijo. Va de confianza.
Otero fue también quien enumeró el descontento. Los taxistas. Los conductores de autobuses. El personal municipal. La policía. Los empresarios. Los constructores. Los profesionales del urbanismo. Uno por uno, gremio a gremio, como quien pasa lista de los agraviados. Cuando todos coinciden, concluyó, el problema no es de la ciudad. El problema es de quien la gobierna.
El alcalde, en su nota de prensa posterior, la llamó incoherente. No explicó por qué.
6
Guillermo San Juan. Segovia en Marcha. Podemos o llamado ahora “Pudimos pero ya no”.
San Juan trajo números. Los números no mienten ni hacen alianzas electoralistas. El 80% de las inversiones de 2025 no se ejecutaron. 35 millones quedaron sin gastar. De lo que sí se gastó, la mitad fue para ejes turísticos. A los barrios llegó un 7%.
Siete.
Lo repito porque merece ser repetido.
Habló también del parking de Los Tilos. Ocho millones de euros para un aparcamiento subterráneo que, según la coalición, beneficiará a turistas y a estudiantes de la privada, no a los vecinos de San Millán ni del recinto amurallado. Preguntó quién pagará los sobrecostes. Nadie respondió. En ocasiones veo estudiantes de la IE. Buen meme para el señor San Juan.
7
De Vox apenas hay que decir que votó en contra de los presupuestos y a favor de instalar marquesinas en las paradas de autobús. Lo primero es política. Lo segundo es sentido común. A veces se confunden.
8
Hay un dato que pasó casi inadvertido entre tanta bronca. La revisión del padrón municipal sitúa la población de Segovia en 53.398 habitantes. La cifra sube desde mayo de 2023. Llega gente. Se empadrona. Se queda, o al menos dice que se queda.
53.398 personas que esta mañana de viernes, mientras la niebla se levantaba y los concejales se acusaban unos a otros de todo lo imaginable, hacían su vida. Pedían un café en el bar, esperaban el autobús en paradas sin marquesina, pisaban aceras rotas, pasaban por delante del Acueducto sin mirarlo, como se pasa por delante de las cosas que siempre han estado ahí.
9
Lo que quedó del pleno. Un presupuesto rechazado. Una ciudad que entra en abril sin cuentas. Una moción aprobada para que los vecinos de San Millán opinen sobre la reforma de su plaza. Otra moción aprobada, la de las marquesinas. Una incorporación de remanentes por 1,3 millones que salió adelante con los votos del PP y la abstención de todos los demás. 60.000 euros para convenios con asociaciones, entre ellas la de Alzheimer y la Fundación Secretariado Gitano. Eso sí se aprobó. En las cosas pequeñas, a veces, cabe el acuerdo.
10
Cinco partidos escribieron cinco notas de prensa. En la del PP, la oposición bloqueaba por electoralismo. En la del PSOE, el alcalde desgobernaba por soberbia. En la de Ciudadanos, se había roto la confianza. En la de Segovia en Marcha, la ciudad se vendía al turismo. Todas tenían algo de verdad. Ninguna tenía toda la verdad.
Segovia sigue ahí, con su Acueducto y sus 53.398 vecinos. Piedra sobre piedra, sin argamasa. Esperando que alguien aprenda algo de eso.












27 marzo, 2026
Hay gente, señor Mendaz, que no vota interpretaciones, títeres gestuales, puntos violetas imperiales ni chiringuitos.
Votan que el dinero de los segovianos no se lo gasten en gilipolleces ideológicas; porque punto violeta pepero es una flor carnívora que solo devora impuestos.
Tiene que haber de todo.
¿Uhhhhh…..?