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Círculos, confluencias, mareas, sumamos y podemos

Leo esta misma semana en la prensa local que el grupo municipal segoviano del partido Unidas Podemos – Segovia en Marcha, ha convocado un ‘Foro por el Derecho a la Ciudad – Segovia no se vende’, declaradamente dirigido a atacar a la única Universidad privada de Segovia, que aporta buenos dineros a la economía local. Hay que señalar que el medio en el que la leo, en un ejercicio de dudoso periodismo, oculta cuidadosamente cuál es el ‘motor’ de la iniciativa, que no es vecinal ni social ni cultural, sino político y bien político.

Foro “Segovia no se Vende”

Y el mismo día también se publica la noticia de que el llamado ‘Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Segovia’, parte de una autodenominada ‘Confederación de Sindicatos de Inquilinas’, junto a un ‘movimiento por la vivienda’ convoca para el 6 de junio una marcha para denunciar la insostenible situación del mercado de la vivienda y del alquiler. Podemos coincidir en que España tiene un gravísimo problema de habitación—lo hemos denunciado públicamente—, pero, obviamente, esos sedicentes ‘sindicatos’ lo que quieren no es ordenar ese mercado, sino acabar con él, para que todas las viviendas de España sean como las de Corea del Norte: propiedad de un Estado omnipotente que asigne techo a cambio de obediencia. El ‘paraíso’ para los jerarcas comunistas, el infierno para los ciudadanos.

Conviene, además, recordar que la solución de manual al problema de la vivienda la conocen hasta los estudiantes de primero de Económicas: más oferta, simplificación urbanística, seguridad jurídica para el propietario, y políticas públicas dirigidas —rentas de emancipación, vivienda protegida realmente asequible— a quienes más lo necesitan. Lo contrario, que es la receta que vienen ensayando los comunistas, conduce indefectiblemente a un mercado negro del alquiler, a la huida del capital inversor y a la conversión de un problema en una catástrofe. Lo hemos visto ya en Cataluña, donde la Ley de Vivienda de 2023 ha reducido la oferta de alquiler en las que ellos llaman ‘zonas tensionadas’ en más de un treinta por ciento.

Muy libres son estos convecinos comunistas de hacer lo que les venga en gana, faltaría más, pero me llama la atención que tales supuestas asociaciones civiles que promueven, sobre ser engañosas, pues no existan. He consultado la web del Registro de Asociaciones del Ministerio del Interior (https://sede.interior.gob.es/portal/sede/asociacionesLegacy), y ni el tal ‘Foro’ ni el tal ‘Sindicato de Inquilinas’ ni la tal ‘Confederación’ están registrados, y por lo tanto carecen de existencia legal frente a terceros -los vecinos-. Esto es muy chocante, y hasta tiene algo de impresentable, en términos legales, sociales y políticos, lo de arrogarse la representación de colectivos enteros —inquilinos, vecinos, ciudadanos—, con engaño y manipulación.

Fue durante la Transición, hace ya casi cincuenta años, cuando la izquierda comunista y también la izquierda socialista comenzaron esta pasión por cobijarse bajo el asociacionismo ciudadano, infiltrándose en las asociaciones de vecinos, barrios y estudiantes, y pasando enseguida a enmascararse en multitud de asociaciones de nombres más o menos rimbombantes. Pero eran los mismos perros con distintos collares. Eso sí, la ingenuidad de nuestros conciudadanos no solo lo hizo posible, sino que comunistas y socialistas tuvieron algunos éxitos en esa vía. Y por ella, ya lo vemos, siguen transitando cinco décadas después.

Sería muy buena cosa que se incluyese en la Ley Orgánica del Derecho de Asociación un deber de hacer constar en todo comunicado asociativo, detrás del nombre y entre paréntesis, el número exacto de socios dados de alta y al corriente de cuota, de cada asociación. De esa manera sabríamos todos los ciudadanos cuántos ‘gatos’ tienen esas flamantes ‘fachadas’ asociativas. Y, ya puestos, podría exigirse también que se publicasen las cuentas auditadas y los nombres de quienes integran sus juntas directivas, exigencia mínima en cualquier democracia que se precie de serlo.

Y todo esto me lleva también por otro camino no muy separado, pero algo distinto. Desde hace tantos años me hago esta preguntota: ¿por qué razón los pocos comunistas que van quedando, evitan siempre llamarse por su nombre?

Si nos fijamos bien, siempre están buscando disfrazarse de otra cosa, que contribuya a darles votos, como si el lenguaje pudiera operar el milagro que la realidad les niega.

Por ejemplo, se camuflan en rimbombantes confluencias, mareas, círculos, foros, sindicatos… o simplemente se nombran de En Comú Podem, Compromís, Más País, Candidaturas de Unidad Popular, Izquierda Unida, Adelante Andalucía, Sumar o Unidas Podemos... También se travisten de supuestos ecologistas-sandías (verdes por fuera y rojos por dentro). Y tantos y tantos nombres y más nombres, que aparecen y desaparecen cada poco tiempo, pero siempre con la misma ideología comunista por detrás y los mismos liberados comunistas por delante.

Quizá lo hagan para no llamar la atención sobre sus terribles fracasos económicos y sus grandes crímenes, porque es muy sabido que el comunismo es la ideología más mortífera de la historia de la Humanidad, junto al islamismo. Recordemos el impresionante Libro negro del comunismo, dirigido por Stéphane Courtois. Una ideología que, allá donde se ha impuesto, siempre por la fuerza, ha arruinado países enteros —desde la Rusia soviética y su Telón de Acero, hasta Corea del Norte, Cuba o la antaño riquísima Venezuela—, y ha impuesto dictaduras sangrientas, hasta el punto de que tienen que construir muros para que sus ciudadanos cautivos no se escapen hacia el mundo libre. Por eso los partidos comunistas están prohibidos, como los están los nazis y los fascistas -los tres comparten unas mismas raíces- en la mayor parte de la Europa civilizada.

Es claro los comunistas obran así para lograr vender una mercancía muy averiada, que cada día que pasa mueve menos adeptos… por más que protesten de movilizarse, de removilizarse y de volver a movilizarse por doquier. Disfrazándose así, pues lo mismo logran atraer a incautos, aunque sea con estos engaños.

Volviendo al principio: sepan nuestros convecinos segovianos que tanto el sedicente ‘Foro por el Derecho a la Ciudad – Segovia no se vende’, como el sedicente ‘Sindicato de Inquilinas e Inquilinos’ más o menos sedicentemente ‘confederado’, no son más que pantallas y ‘siglas fantasma’ de las de siempre, asociadas a las organizaciones comunistas de siempre, y al servicio de los fines de siempre de los comunistas de siempre. Ni más, ni menos.


 

Author: Alfonso Ceballos-Escalera y Gila

Doctor en Derecho e Historia. Concejal de Vox en el Ayuntamiento de Segovia.

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