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Septiembre, un examen suspenso

Este curso ha sido raro. A las complicaciones que apareja el covid y allá por diciembre, con el curso más que empezado y las programaciones hechas, se sumaba el anuncio, resultado de la aplicación de una enésima y no por ello menos roñosa reforma educativa, de la supresión de las pruebas de septiembre. Medida que Castilla y León implantaba a traición para los cuatro cursos de ESO.

Se acabaron las “vacaciones Santillana”, ese comodín de los alumnos mediocres que vagueábamos durante el curso. Un apretón en junio, otro en septiembre y día que empujas año que pasa. Pues ya no. Para desesperación de academias y preparadores se acabaron los exámenes de septiembre. ¿La razón?… Nadie la sabe exactamente. Hay varias teorías. Antes señalaremos que la medida de quitar el septiembre es “tendencia” en el surrealista panorama educativo español, de hecho, previo a la Lomloquesea, solo 7 comunidades, entre ellas la nuestra, mantenían el septiembre en la ESO.

Vayamos al asunto. La teoría oficial, la del Bocyl, dice que es por dar a los alumnos  “la oportunidad de promocionar y titular en base a sus propios méritos” (?).  Suena a estupidez, y en efecto lo es, y de las gordas, y no solo por el “en base”, que siendo textos de maestros ya se podría cuidar un poco. Viene a decir que los niños vagos pobres no se pueden pagar academias y los niños ricos vagos sí. Manifiesta injusticia social que hay que corregir del más salomónico modo: el que suspende, que lo haga “por méritos propios” o mejor dicho “por deméritos propios”. No vale que te ayuden a aprobar el curso. Pase que la mamá se haya comido con patatas los deberes de física y química, que la hermanita diligente ayude al alcornoque del hermanito a hacer los trabajos, ¡pero el dinero de los papás está para cosas importantes¡

Insisto que esa es la “explicación oficial”. Lo cual explica muchas cosas, especialmente del estado mental de quien redacta estos planes, pero en rigor no explica en qué mejora la calidad educativa quitar el  septiembre.

Esta teoría no se aguanta. Probemos con otra. Un compañero me dice que es para maquillar los números y bajar los índices de fracaso escolar. Tampoco resulta muy convincente. En 2017 no superaban la ESO el 25% del alumnado, porcentaje que se disparaba en el caso de los alumnos masculinos (por cada 3 chicas que cuelgan la ESO hay 7 chavales). Este porcentaje se ha rebajado en los últimos años al 14% (aunque la discriminación de género se mantiene). Se han simplificado las materias, se han implantado programas de refuerzo, de adaptación, se ha reforzado la FP. Queda mucho por hacer pero la dirección parecía bien definida. Más medios.

Pero no está claro que en junio apruebe más gente que en septiembre. Al revés. El zagal que no se ha enterado de nada el 28 de mayo, poco se habrá esclarecido a 14 de junio. Al menos en verano tiene más tiempo de preparar las prueba… No, tampoco convence…

Otra. Para ahorrar pasta. Ven, esta ya empieza a sonar mejor. Resulta que el 34% del profesorado es interino. A la mayoría se le contrata el 15 de septiembre y se le despide el 14 del septiembre siguiente. Si no hay septiembre, no hay porqué pagarles el sueldo de julio y agosto, ¿no creen? Me da que la cosa va por ahí y se relaciona, además, con las medidas anunciadas para incorporar interinos de “larga duración” como compensación.

Reconozcamos que “ahorrar pasta” del contribuyente no es una mala razón. Ocurre que la sociedad española no está preparada para redactados simples y claros en el BOE del tipo; “atención tontolabas, hacemos esto para ahorrar en sueldos a interinos”. Así que se paga a unos fulanos que se inventan lo de “promocionar y titular en base a sus propios méritos”, que bueno, es mentira y además una pendejada pero queda más bonito en un país en el que esto de ahorrar está tan mal visto por el electorado.

No es ninguna mala razón pero ¿es útil para el chico?¿Mejora el sistema educativo público? Ahhh…. Sábelo Vargas… Después de todo, ¿a quién le importa? Profesores implicados aparte, le importa a cuatro padres frikis. En general, a la gente la educación le da igual, a lo más les preocupa que el niño suspenda. Y este es el problema, que si al padre le da igual… ¡imaginen al zagal! El problema del fracaso escolar reside en la motivación. Y no hay más. Hay que motivar a la gente para aprender porque nadie nace con ciencia infusa, hay que incorporarla a golpe de estudio, lo cual implica, esfuerzo personal.

Antaño la motivación podía venir del miedo a la correa del padre o del maestro, a la consideración de la educación como un “ascensor social” para salir de la miseria. Pero hoy ya no, y cuesta mucho explicar a los alumnos lo temible y triste que es vivir en la ignorancia.

¿O acaso no es tan temible ni triste esto de ser un ignorante? Pienso que sí, pienso que es mejor ser  rico que pobre, guapo que feo, sano que enfermo, y por supuesto, sabio que zote. Una cosa es (sobre)vivir, y otra vivir aprendiendo. Cambia mucho. ¿Qué se puede ser feliz falto de salud, pobre, burro o feo?… Hombre, por poder…


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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4 Comments

  1. Por poder señor Besa ¡Viva los ‘yutuber’, la fiesta y las islas del folleteo! Lo demás, ya veremos si heredamos algo y prorrogamos la vida un par de años. Es lo que hay por ahí 😉

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  2. “Hermanito alcornoque y hermanita diligente”

    Un pelín sexista ¿no cree señor Besa?

    ¿A que no hay huevos a invertir los términos?

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  3. Enhorabuena por su artículo,es una pena que un hecho tan importante en nuestra educación no tenga un debate en la vida pública.
    Los resultados de la bajada de nivel de nuestros estudiantes ya se está reflejando en los trabajos..la administración tiene que bajar el nivel de sus pruebas a los técnicos de grupo A, porque no aprueba nadie…y esto lo pagaremos los ciudadanos con bajo nivel de rendimiento de nuestra Administración Pública…y supongo que en la empresa privada será igual

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  4. Buen artículo, señor Besa. La educación le importa a poca gente y las sucesivas reformas educativas han ido empeorando el nivel, arrinconando el esfuerzo y la excelencia. Y lo han hecho quienes presumen de la enseñanza pública, que ha sido para muchos la posibilidad de promocionar. Así que silencio cómplice, encogida de hombros de muchos (bastantes pensarán que así el verano estamos todos tranquilos), y chavales a los que van quitando dificultades y convirtiendo en más fácilmente manipulables en todos los sentidos. Además, siempre se puede ser “youtuber”, “influencer” o político de tres al cuarto, pero con latisueldo, como los que nos rodean. Y así nos va.

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