La sede de la subdelegación de Defensa en Segovia no se moverá de su ubicación actual, en el antiguo hospital de Sancti Spiritus, una vez que se ha aplazado, sin fecha, el traslado de sus instalaciones al acuartelamiento de San Francisco, según confirmó a un grupo de periodistas el subdelegado militar, el coronel Camilo Vázquez, durante un acto celebrado el pasado día 18 en el mismo edificio de San Millán.
La permanencia, sin fecha de caducidad, de las oficinas de administración militar en San Millán, supone renunciar al traslado de las dependencias —en las que trabaja media docena de personas entre militares y civiles— al acuartelamiento de San Francisco anunciado en 2015, cuando los militares se declararon “abiertos” a las propuestas de compra por parte de la iniciativa pública, especialmente, pero también privada y pese a que sí se han recibido algunas consultas en los últimos años, ninguna se ha sustanciado en una propuesta firme.
Al mismo tiempo, el Ministerio se resiste a abandonar a su suerte unos espacios que podrían degradarse de forma acelerada una vez abandonados y que además obligarían a un elevado gasto para mantener una vigilancia eficaz que impidiera la ocupación de los edificios vacíos —como ya ocurrió en el antiguo Regimiento cuando el espacio pasó a manos municipales— que pese a haber sufrido severas modificaciones a largo de los siglos, cuentan con un buen número de elementos singulares, entre otros, una magnífica portada trazada por Pedro de Brizuela en 1602, así que se ha optado por la permanencia.
Traslado frustrado.
El año pasado, Defensa llegó a habilitar, por más de 400.000 euros, a través del Programa de Racionalización y utilización eficiente del patrimonio (Prepidef), las dependencias del antiguo comedor de tropa del acuartelamiento de San Francisco para ubicar allí la sede de la subdelegación e incluso presupuestó más de 90.000 euros para efectuar la mudanza que sin embargo no se llevará a cabo a corto plazo, de acuerdo con las últimas decisiones.
Entonces se llegó a plantear que fuera el Ayuntamiento el que se hiciera con la propiedad del inmueble, aunque el Consistorio lo descartó puesto que no se encuentra en condiciones de acometer la inversión necesaria para su compra y adecuación a nuevas funciones, mientras que tampoco se perfila en este momento como un gran atractivo para la iniciativa privada que no muestra interés firme hacia un conjunto que está sometido a las limitaciones que impone su protección urbanística, bajo el Plan especial de áreas históricas (Peahis), que impiden cualquier modificación de sus estructuras y limita severamente sus usos.
Parte de la historia de Segovia.
En 1257, cuando se tiene la primera referencia, el rey Alfonso X el Sabio concedió un privilegio a la casa de Sancti Spiritus para la atención a niños expósitos. En el siglo XVI, la ciudad de Segovia se hizo dueña de la finca y sus edificios a los que se dio distintos usos: Hospital, atención de beneficencia, sede de la Guardia Civil y hasta prisión militar.
En 1944, el Ayuntamiento lo vendió al denominado ‘Ramo de Guerra’. Fue una operación que el ejército reclamaba que se hiciera por una cesión gratuita, pero el alcalde del momento, Andrés exigió un pago que finalmente fue de 451.250 pesetas. Desde entonces, la finca ha tenido uso exclusivamente militar —durante años al lugar se le conoció como “Intendencia”— y en la última década de los 80 el complejo sufrió una remodelación integral aunque se respetaron sus elementos artísticos.














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