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María Zambrano y ser persona

Zambrano por Luis Moro.

Se presenta en el campus María Zambrano una carpeta-homenaje a la filósofa homónima. Son ilustraciones de Luis Moro a partir de poemas de Zambrano, con un texto introductorio de Elena Poniatowska. Todo a mayor honra de la pensadora, imagino que coincidiendo con el 25/N y esta tendencia a amplificar el trabajo intelectual de la mujer en la historia

A mi de María Zambrano me llama la atención una frase que alguien estampó en el instituto a ella dedicado en El Espinar. Dice: “Si hubiera que definir la democracia podría hacerse diciendo que es la sociedad en la cual no sólo es permitido, sino exigido, el ser persona“. Cita de su ensayo Persona y Democracia (1958), acaso su ensayo más influyente y conocido.

No estoy versado en la filosofía de María Zambrano. Intuyo que lo que ella entendía por ser persona tiene que ver con la idea de renacer, con el desafío de pasar del hombre-masa -el que ha renunciado a su esencia- al ser en plenitud en su acepción más vitalista. Ser autoconscientemente ético siempre y en todo lugar. Un tránsito en el que tiene mucho que ver la filosofía de la razón poética; básicamente, una existencialista enmienda a la totalidad del pensamiento ilustrado y racionalista, y volver al filosofar pre-socrático que auspiciaba Heidegger.

Personalmente no estoy nada cómodo con estas filosofías  posmodernas, tan cargadas de florituras y despectivas para con la ciencia y la racionalidad ilustrada. Pero la frase de Zambrano, como genial filósofa que es, no deja de ser inspiradora y cierta. La democracia exige ser persona, vaya que sí.

Curioso e iluminador que el prósopõn, la máscara actoral griega que ciñe etimológicamente el término, surge como concepto filosófico de las controversias del primer cristianismo, cuando se pretendía individualizar a Dios en las tres personas de la Trinidad en un intento de divinizar (dogmáticamente) la figura de Jesús. La persona sería aquello que nos individualiza. La suma de características que nos torna únicos e irrepetibles. Lo que yo entiendo pues, es que esta exigencia de “ser persona” es un llamado a asumir nuestra individualidad, a ser plenamente conscientes de nuestra responsabilidad moral del mundo.

Vean, estamos en una etapa cansina y altamente reivindicativa. Básicamente trinco un megáfono y reclamo algo: “la mejora del convenio colectivo” o “no pagar más impuestos” o “cobrar más” o “jubilarme antes y mejor” o “paremos el cambio climático”, desentendiéndome del problema clave, esencial y, en realidad, único: “¿quién paga?”. Por que alguien deberá pagar, ¿no? Me desentiendo del problema real -el dinero, los medios, el cómo- y apelo a una instancia etérea-el Gobierno, los ricos, Europa- para que mágicamente conviertan en realidad mis deseos. Todo lo contrario a asumir mi responsabilidad moral, que descansa en una conciliación de derechos y deberes. Tengo un derecho porque me otorgo un deber. Si me otorgo el derecho de cobrar me impongo el deber de pagar. No ver esto es condenarse a una eterna infancia política basada en que el papá (el encargado de de cubrir mis necesidades) es el Estado.

Tampoco quiero engañarme e idealizar un tiempo en el que “fuimos personas”. Probablemente nunca hemos dejado de ser masa. Probablemente, la democracia nunca ha sido un sistema de moralizar el poder (ni nada), siendo más bien un campechano sistema de transferencia incruenta del mando  basado en tasar el contento/descontento popular vía elecciones. Y no está tan mal. Ok, no seremos seres zambranescos, pero la democracia, en rigor el menos malo de los sistemas, se convierte así en baluarte contra la revolución y sus incómodos desórdenes tanto como contra la tiranía y sus arbitrariedades. Los totalitarismos que combatía la filósofa.

Seamos serios. Si el del megáfono quiere hacer algo en la vida debe darme un cómo y menos un qué (por lo demás, un “qué” cansino y previsible basado en quiero esto o lo otro). Y para darme el cómo se necesita razonar, frente a la exigencia del qué, exclusivamente centrada en el deseo. Razonar más. Así entiendo yo este llamado a “ser persona”. Razonar,  descubrir los cómos, pensar y servir -más que reclamaciones- soluciones. Menos deseos, emociones y cursiladas, y más pensar. Ser persona.

 


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Es de agradecer su análisis sobre el pensamiento de María Zambrano y me quedo con su frase de que la `exigencia de “ser persona” es un llamado a asumir nuestra individualidad, a ser plenamente conscientes de nuestra responsabilidad moral del mundo`. Pero mi opinión es que “el del megáfono” sí que piensa y razona, sí, y sea cursi o no a veces no le queda más remedio que pedir de esa guisa a “papá estado” que solucione problemas que para eso cobra de todos. Menos benevolencia con el político que tiene capacidad de maniobra, y más comprensión con quién a veces solo tiene el recurso del pataleo.

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    • De agradecer es el tono constructivo de su discrepancia. Por supuesto, lejos de mi la intención de deslegitimar al del megáfono. El derecho a la protesta (a poder ser civica) es sagrado en democracia. Ocurre que a menudo se piden soluciones a quien no las puede dar. Ese, me temo, es el problema de muchas reivindicaciones. Se traslada al Estado un problema personal (multiplicado por ser muchas las personas afectadas) pero sin una solución viable. Ese, cuando menos, es el trasfondo de mi lectura del “ser persona”. Y muchas gracias por su atención.

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