Habrá que analizar detenidamente los proyectos de Clara Luquero para estos primeros cien días. Hasta la fecha, la alcaldesa ha seguido la senda marcada por su predecesor, apagando fuegos aquí y allí, evitando entrar en esas pecheras con la Junta que tanto gustaban a Arahuetes y que a nada conducen. De hecho, en un tris-tras, y solo “dejando hacer”, parece haber conseguido desbloquear la segunda fase del campus, y alentadoras palabras para estas dos infraestructuras -por lo visto tan necesarias- como el instituto de San Lorenzo y el CAP de Nueva Segovia. Es verdad que lo de la avenida de la Constitución quedará en un quiero y no puedo, pero…
A mi lo que realmente me perturba es la persistencia de la buena mujer en ese soniquete de la “cultura” y la “innovación” como ejes de futuro.
La economía de Segovia -y especialmente la de Segovia ciudad- no es que se haya quedado más frígida que un iglú de chapa, es que no se divisan atisbos de recuperación real y sí de pérdida de cualquier elemento catalizador. Veamos: caída demográfica en picado, demoledora pérdida de aquella joya de la corona -Caja Segovia- que garantizaba sus 400 buenos sueldos y una apañada dotación para fiestas y saros. Y añadan, recortes en lo público (que en Segovia era realmente El Sector).
Hay un problema de base en la economía segoviana: su falta de masa crítica poblacional. Eso convierte a las poquitas empresas en carne de cañón, obligadas a contentarse con un feudo escuálido. Resignarse a devenir minúsculas extensiones de alguna empresa más grande en un territorio donde la inversión es mucho menos rentable que en cualquier barriada un poco puesta de Madrid. Lo que enfatiza la triste realidad. La ciudad vive de los sueldos de los funcionarios, un sector turístico basado en la restauración (léase, de bajo valor añadido), y sobre todo, de una ingente grey de pensionistas.
La cultura, los estebanesvicentes, danzas y contradanzas, fiestas y ferias… No van a ningún lado económicamente hablando. Y la innovación, la mítificada innovación, en realidad no existe donde no hay industria. A no ser que uno crea que el IE, la UVa o la Academia de Artillería pueden mover investigación de la guay, de la rentable. No a nivel local. A ese nivel, la investigación es sueldos indignos para becarios.
Y Luquero dale que te pego con la cantinela.
Bien. No seamos demagógicos. La gente tiende a sobrevalorar la capacidad de un ayuntamiento. Ponen a un tío simpático y con buenas ideas al frente y creen que sus problemas van a tener una cierta mejora. No es así, obviamente. La política, la buena política, en si misma no genera nada. Con suerte, genera un marco incentivador, que luego los ciudadanos deben aprovechar para tirar adelante.
No seamos demagógicos. Bien claro lo dijo Luquero en su investidura: PEAHIS y una cierta voluntad de realzar el área de promoción economica capitalina (aunque espero que esto último no pase por el enésimo plan estratégico, que es como una confesión a gritos de que el responsable no tiene ni la menor pijotera idea de qué hacer). Convengamos que ahí sí que empieza a haber sustancia.
Pero enfoquemos bien las cosas. Segovia sigue teniendo dos activos brutalmente importantes, que cuatrienio a cuatrienio la ciudad se empeña en ignorar. El primero es la calidad de vida de una ciudad potencialmente atractora de población. Esa es una baza importante, aunque difícil de jugar. Y un urbanismo nítido lo suficientemente laxo como para remodelar internamente el casco histórico sin que externamente se note demasiado es la clave para ofrecer vivienda diferencial a gente -imagino- harta de rular en metro y hacer colas en la M30. O al menos eso parece cuando les cuentas que las visitas al médico son relativamente rápidas, y que no hay problemas para encontrar instituto para los chicos, y que encima es bilingüe.
Un urbanismo que, por un lado, ponga en valor el carácter vecinal del centro histórico, y por otro penalice a saco la especulación. Esa es la clave.
Más fácil es el segundo factor de fortaleza de la ciudad. Aquí tenemos complejo hospitalario, juzgados, hacienda… Para desdicha de los cuellaranos, Segovia tiene la patente capitalina en esta parte del mundo. Pero si venir a Segovia a hacer cualquier cosa es ya una desgracia para uno de Palazuelos, imaginen para los de Riaza. Y no, no hablo, de dónde aparcar el coche. Habló de capacidad y eficiencia a la hora de abordar la gestión. A los pobres de la provincia no les tira para atrás andar un poco. Les tira para atrás que el funcionario que van a ver esté eternamente tomando café, que cuando consiguen cita ponga mala cara y, de remate, les digan que para arreglar eso tienen que esperarse a que vuelva el jefe de moscoso. Eso sí que quema.
Segovia debe percatarse de que dos de cada tres segovianos viven fuera de la capital. Menos cultura, juergas y danzas, menos CATs y flipadas. Menos discursos de escayola y palabras desgastadas. Más estructura atractora. Y más cultura de la innovación aplicada a la gestión. Eso puede hacer Luquero. Gestionar mejor.












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