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La homosexualidad no necesita curas

El pasado domingo me mandaron varios amigos el enlace a la noticia del cura que niega la comunión a dos vecinos por ser homosexuales. Las informaciones tenían un tratamiento anecdótico, como si fuera una escena en blanco y negro de una peli de Don Camillo y Peppone, ya saben, ese cura y un Alcalde comunista de la Italia de los 50 que se peleaban amablemente, pero en la Castilla vaciada y con montaña de fondo. Contada como se cuentan las cosas que pasan donde nunca pasa nada.

Al margen de que no me guste ver a mi tierra “en los papeles” por estos temas y de la superioridad geográfica con la que se escribe en Madrid sobre todo lo que pasa fuera, me parece un tema muy grave que está pasando en cada rincón de España, también en la iglesia de la Calle Serrano y del Paseo de Gracia, pero aquí con el problema de que en un pueblo hay doce personas en misa y no puedes cambiarte de parroquia y hay un hijo de un matrimonio al que todo el pueblo conoce. Pueblo pequeño, estigma grande.

A mí esta noticia me parece que tiene más que ver con el atavismo que la Iglesia tiene con la homosexualidad y que se cuenta mejor con una escena de la peli Pray Away (traducida aquí como “Reza y no seas gay”) en la que un cura dice a tres muchachos: es normal sentir curiosidad por el mismo sexo, pero sabemos que la sodomía es una tentación que está mal porque invierte nuestra naturaleza, es como quitarle las alas a una mosca, la convertimos en otro animal. Venid a hablar cuando os pase. Al salir de la sacristía los tres adolescentes se miran, uno dice “no sé de qué está hablando”, el otro dice “pues yo no he sentido nunca esa curiosidad” y el tercero dice: “yo sí, pero el que no sabe de qué habla es él”.

Lo que sí es una tentación que hay que evitar es acudir al recurso de la homosexualidad en la propia Iglesia: “Ay, los curas, que también son gays, la homofobia es una homosexualidad reprimida…”, pues a mí eso me parece que es una forma de homofobia para denunciar la homofobia. A mí es que me parece que ser gay no necesita ser reprimido ni reprobado ni aprobado. He leído estos días que el éxito de la Iglesia en el franquismo era por ser un destino prestigioso para los homosexuales, porque allí encontraban respeto, oferta y discreción y que, con la llegada de la democracia, la comunidad gay dejó de “aplicar” a la Iglesia para hacer la suya propia a través de un lobby que molesta especialmente a la propia iglesia. Puede ser, pero es que yo creo que no hay nada malo ni raro en ser gay en un cura, en un comentarista de Telecinco, ni en un Alcalde socialista; donde sí hay algo malo es en el oscurantismo argumental de la Iglesia, que genera víctimas reales e inocentes. Habría que preguntar los motivos a los nuevos sacerdotes ordenados el año pasado en Segovia. De los diez, cinco se llaman Felicien Malanza, Henri Tshipamba. Wilinton, Alain-Muswale y Romanus Sangkur. Su nacionalidad, su raza, como su tendencia sexual, no les definen. Ni siquiera sus miedos o pecados. Les define su vocación y su voluntad.

El argumento explicitado por el Obispo saliente es que la homosexualidad en sí misma no es considerada incompatible con el catolicismo, pero es definida como “objetivamente desordenada”, razón por la cual las personas homosexuales deben mantenerse castas y distingue entre homosexualidad y actos homosexuales, entre experiencia e identidad. Vale ser goloso pero alejado del dulce. Se puede ser madridista, pero no ver el partido. A ver si lo he entendido, la doctrina que predica que hay que ser cristiano y vivir como cristiano en los actos y vivir con fe en los dogmas y con amor al semejante, dice a la vez que algo tangible, como el amor de alguien real que se levanta a hacerte un café o te pregunta a la noche por tu día de trabajo, es algo que hay que evitar porque es solo una tentación, como el bingo o morderse las uñas. Muchos esfuerzos piden para las pocas certezas que ofrecen. A ver si vamos a ser capaces de perdonar a los que clavan en una cruz a tu hijo porque no saben lo que hacen y vamos a condenar a los que deciden montar una familia con valores cristianos, pero tienen sexo no reproductivo. Así llaman a las prácticas que no permitan la procreación dentro o fuera del matrimonio, tales como la contracepción, el adulterio, las relaciones prematrimoniales y la masturbación. En materia de sexo oral y anal dentro del matrimonio, está permitido en la medida que el hombre no eyacule en la boca o en el ano de la mujer. O sea, que cuando alguien dice “tranquila que yo te aviso”, peca doblemente por prometer y concebir en vano. Hablando en serio, esto deja fuera del club a los solteros, los separados, los viudos, a las mujeres en el climaterio, a los que se masturban, o sea, a todos, pero solo a los gays se les niega la comunión. El dominico segoviano Domingo de Soto dijo que la sexualidad es solo para un fin procreativo, que el resto es lujuria y, por tanto, pecado. Pero es que lo dijo en 1524, cuando se decía lo de la fuente de la eterna juventud, el final de la tierra y la ausencia de alma de los indios.

El otro argumento eclesiástico es que un club puede tener sus propias normas y que nadie te obliga a estar si no quieres. Pues dos cosas: una, nuestra Constitución sí obliga a que no haya discriminación por orientación sexual. Si la iglesia lo hace, el Estado debería dejar de ayudarles con exenciones y colegios concertados. Sé el bien que hace Cáritas, y sería una pena, pero de tejas para abajo, la Iglesia se va al carajo, porque manda la Constitución. Por último, al margen de las creencias personales, que me parecen todas respetables y privadas, como las tendencias sexuales, la Iglesia entra en nuestra vidas aunque nosotros no entremos en la Iglesia. Así que hay que dar y tomar (con perdón).

Me quedan solo dos preguntas:

Dos arzobispos dicen que el socialismo no va a dar lecciones a la Iglesia. Me pregunto: ¿si fuera del PP el Alcalde gay harían lo mismo? ¿qué pasaría si en Torrecaballeros dejan la misa vacía los vecinos para apoyar a su Alcalde? También me pregunto porque Pablo II murió atragantado comiendo melón en la sola presencia de su paje, pero eso solo lo sabe Dios. San Pablo, el Apóstol, el bueno, escribió: “No me comprendo, no hago lo que quiero y en cambio lo que no quiero, lo hago”. Y en otro texto dijo: “La única forma de vivir el amor de Dios es amar lo que uno hace”. Pues eso, y, además, qué si Dios te quiere, aunque tú no le quieras, lo cual hoy sería una forma de acoso woke, no hace falta intermediarios. Quiten los curas de la alcoba porque la homosexualidad no necesita curas a los que les vienen grande la representación de Dios, como le viene grande a Laporta representar al Barcelona. Vayan a misa y recen por ellos. Alcalde, perdónales porque no saben de qué hablan.


Author: Redacción

Acueducto2. Noticias y actualidad de Segovia.

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