Pensaba que iba a ser una Diada monstruosa, con ríos de peña llegados del Norte y del Sur. Con apoyos hasta en Segovia, que los hubo, de la mano de los indepes locales de Izquierda Castellana…
Pero hubo pinchazo. Después de liar la troca en el Parlament y allanar con todo, después de pulsar al fondo el botón de la intensidad emocional, vendiendo a todas horas que el 2 de octubre Cataluña será el apoteosis…. ¿No queda un poco flojo esto de menos gente que otros años en…? ¿No tendría que haber sido más y no menos?
Vengo de Cataluña, donde vi en directo el bochorno de las dos sesiones, la de aprobación del referéndum y la de la ley de desconexión. Había intensidad emocional en la calle. La gente debatía en público (algo no muy frecuente). Si se ha hecho mal, si se ha hecho bien… Lo atinado que estuvo tal, lo flojo que Pascual. Imperaba cierta preocupación, por un lado, y cierta euforia, por otro. La cosa va en serio, se leía en todos los diarios.
Y luego la Diada. Y luego un Puigdemont más apaciguado que de costumbre. Apela al diálogo hasta el último minuto y cuando el periodista le pregunta directamente si se puede posponer el referendum… ¡No dice que no! Da a entender que bueno, depende…
Aquí ha pasado algo y no creo que sean las amenazas del TC o de la Fiscalía, descontadas por todos. Una primera cosa es que realmente la pantomina del parlamento ha salido rematadamente mal. ¡La declaración de independencia de un país merece más boato! No un sindiós de mociones y contramociones como en el pleno de un pueblucho con el alcalde borracho. La impresión que me llevé es que los indepes no se esperaban encallar allí. Y claro, con tantos años con el dichoso Procés, ¿cómo es que no se lo esperaban? Hay más improvisación de la que parece. Un dato. Había que aprobar la ley de referéndum, en TV3 tenían previsto cerrar el pleno a las 18 horas y conectar con el Gobern entre las 19 y las 20. Pasaban de la una de la madrugada y aún no votaban. Algo salió fatal. “Fracaso escénico”, tituló un comentarista de La Vanguardia.
Segundo. Los alcaldes de Santa Coloma, Lleida, Sabadell, Hospitalet, Tarragona, le han dicho a Puigdemont que nones. Ellos no ponen los locales. Barcelona se lo piensa. Bufff. Son las principales ciudades de Cataluña, cada una vale por cincuenta pueblos indepes por lo menos. Y no es que la Generalitat no tenga alternativas. Pero la logística se complica mucho más. En Lleida es posible que la gente tenga que votar directamente en la calle, con la poli cerrando los accesos a las delegaciones de la Generalitat. En Hospitalet parecido pero con muchos menos indepes. Eso trastoca la jornada, la empaña. Las mesas no se constituyen en tiempo y forma. Al final, un voluntarioso activista terminará haciendo de presidente y apoderado en un local del Omnium Cultural. Lo que tenía que ser una fiesta (la típica leccioncita cívica al mundo de la que tanto se jactan los indepes) acaba en bronca a gritos. Puta tú, puta tu abuela.
Tercero, la Diada bien, pero en TV3 el periodista no le pregunta a Carme Forcadell por el éxito de la marcha. Le espeta un “¿ha pinchado la Diada?”. Es todo un matiz y el que haya asistido a otras conexiones de la Diada en TV3 me entenderá.
Vale. No caigamos tampoco en la tontería del souflé que se desinfla. No hay tal. Los trenes se han puesto en marcha. Pero sí que parece que en lugar de acelerar Puigdemont mantiene la velocidad, o si acaso, baja un poco, cuando la lógica del enviste dictaba poner el tren a velocidad de crucero. Rajoy a lo suyo, digamos que el tren del Estado chirría como cuando suelta los frenos para salir del andén.
En cualquier caso es un buen momento para proponer “algo”. ¿Qué? Pues intuyo que una oferta firme de transferir a la Generalitat la competencia de realizar referéndums. Así de claro: si aplazas la convocatoria te autorizo a realizar las consultas que quieras.
Ojo. Una propuesta así debe partir de dos premisas. Primero: una consulta en Cataluña no puede nunca jamás ser vinculante para el resto del Estado. ¿Obvio no? Por mucho que los indepes sean los seres superiores que creen ser, hasta el más tonto de ellos entenderá que bueno, en cosas de Murcia no tienen jurisdicción. Por lo mismo, la innegociable soberanía del pueblo español en su conjunto no queda vinculada a su mera voluntad. Ellos votan. Nosotros
mantenemos la soberanía. ¿Que deciden tirar la por la declaración unilateral? Lo iban a hacer igual… Y además, ¿sirve de algo? Pienso que no y pienso que lo saben (y otro días les hablo de la capacidad coercitiva del secesionante como condición de posibilidad de toda secesión).
La otra premisa es que un referéndum -y eso habría que explicárselo detenidamente a los chicos de Izquierda Castellana– no puede sustituir a la legalidad vigente. Si hay una ley que prohíbe X, hacer un referéndum para “legitimar” X y soslayar la ley es cargarse el Estado de Derecho. Las leyes se cambian en los parlamentos. Los parlamentos los eligen los ciudadanos. No son los ciudadanos los que votan si hay que hacer caso a la Guardia Civil cuando nos manda circular por la derecha. Ese es el error.
En definitiva Rajoy ¿Qué tal si nos marcamos un gesto? Ofrece transferir la competencia de las consultas (que ya tienen Andalucía y tantas autonomías) a cambio de aplazar el referéndum y aprovechando para hacer pedagogía y aclarar qué se vota y a quién le vincula. Si Puigdemont dice que no, se desgasta, y además y de algún modo, facilitará al Gobierno tomar acciones reactivas, o cuando menos legitimarlas mejor ante la ciudadanía catalana. Que Puigdemont dice que sí, se desgasta también, y por lo pronto pierde el apoyo de la CUP. El que a referendum mata a referéndum muere.










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