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Enemigos de la patria

Durante todo esta semana de campaña electoral, entre debates, entrevistas y diferentes noticias, no dejo de escuchar a PP, VOX y Ciudadanos hablar sobre “nuestros agricultores y ganaderos”, “nuestros pueblos” “el cambio climático” “protección del medio ambiente” “el reto demográfico” (tienen la poca vergüenza de no llamarlo despoblación siguiendo así la senda que inició el PP de Castilla y León) y no puedo dejar de sentir cierta vergüenza de como la política de hechos consumados una vez más contradice todas y cada una de las palabras que salen por su boca en esa supuesta defensa de España, donde no está incluida la ciudadanía y donde la soberanía nacional residente en el pueblo español, solo se ejercita cuando se trata de Cataluña y no con los multimillonarios, multinacionales y grupos de presión y situando a quien no piense como ellos en los enemigos de la patria.

Hablan de la defensa de la agricultura y la ganadería, pero luego no tienen ningún pudor en firmar acuerdos como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, donde nuestra agricultura y ganadería es una de las más perjudicadas, entre otras cosas, al homogeneizar la legislación estadounidense a la europea y española en el control sanitario, mucho más (pero más) flexible en el país de Trump o al rebajar las condiciones del etiquetado en las denominaciones de origen. Una vez que los intereses de los lobbies y de las grandes multinacionales han ganado la partida frente a los intereses de nuestros agricultores y ganaderos, la América de Trump, decide “vetar” nuestros productos (los de Francia, Alemania, Reino Unido e Italia también) porque esas grandes multinacionales piden más. Y resulta que esto es una consecuencia derivada, según los fascistas de VOX (después de los discursos de odio plagados de datos falsos que recitan sin pudor hay que llamarles por su nombre) no de las multinacionales que cada vez exigen más, sino de nosotros, los enemigos de la patria, por meternos con Trump.

Decía por otro lado Pablo Casado, que su compromiso con el cambio climático estaba justificado en la ratificación de los Objetivos del Milenio y el protocolo de Kyoto, algo desfasados por cierto, teniendo en cuenta que en el 2019 la agenda política está basada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los Acuerdos de París. Mientras que Cayetana, por otro lado, enmendaba la plana a científicos y científicas de todo el mundo, regañando a los padres de Greta Thunberg.

Regadíos del Carracillo.

Quizá la negativa de hablar seriamente del cambio climático, por parte de algunos partidos sea la ineficacia y el poco compromiso con éste. Según el Índice de Actuación Climática, realizado por destacadas ONG internacionales, en su último informe, sitúa a España en el puesto 35 de los 57 países analizados, con un nivel de implantación de los los Acuerdos de París bajo. En relación a los ODS más de los mismo. Si hacemos un repaso de las políticas que se van aplicando a escalas más locales, vemos que este compromiso queda absolutamente difuminado. Por ejemplo, la famosa tercera recarga del Carracillo que tanta controversia está creando de un tiempo a esta parte. Según los propios objetivos de la Agenda de Naciones Unidas, el número 12 propone garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles, nada que ver con el proyecto que se plantea con esta modificación de la recarga que no plantea una producción sostenible ni tampoco una infraestructura que no dañe el medio ambiente, como plantean las Naciones Unidas. Tampoco favorece la creación de nuevos empleos ecológicos, sino que apuesta claramente por un modelo comercial intensivo que puede incidir muy negativamente a largo plazo, sin que exista una diversificación que mantenga el empleo en la zona y contribuyendo por lo tanto a la despoblación que tanto dicen combatir.

En la política más cercana, es donde más sonroja el análisis comparativo de lo dicho y lo hecho. Castilla y León lo personifica en su Consejería de Agricultura, más dispuesta como un órgano gestor de fondos de la Unión Europa, que como un órgano ejecutivo de políticas agrarias y de desarrollo rural: entidades asociativas prioritarias basadas únicamente en la rentabilidad económica y no en otros factores más sociales y más identitarios de nuestra tierra; grandilocuentes planes de eficiencia energética para las explotaciones ganaderas, mientras se bloquean a nivel estatal mejoras legislativas en materia de política energética; ayudas para crisis como las de la sequía que únicamente benefician a las ganancias de los bancos y de las entidades financieras; o un decreto de zonas vulnerables que no sale a la luz para seguir permitiendo las licencias de macrogranjas propiedad de multinacionales, mientras cada vez son más los pueblos que no pueden ejercer su derecho de acceso al agua.

Y con estos antecedentes, en este mundo singular en el que vivimos, resulta que quien propone la defensa de la soberanía nacional, una ley de precios mínimos en función de los costes de producción, subordinar al interés general la economía del país como dice el artículo 128 de la Constitución, y cumplir, de verdad, los acuerdos que se firman y no solo para la foto, son los enemigos de la patria.

Author: Natalia Del Barrio

Natalia del Barrio. Licenciada en Ciencias de la Información. Ex-procuradora de Podemos por Segovia en las Cortes de Castilla y León.

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2 Comments

  1. Acertadísimo el artículo y perfectamente razonado

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  2. Primero decís que nos defendéis y luego nos extermináis. Vaya, bodrio.

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