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El ‘business’ de David Uclés

Como soy más previsible que un día de lluvia en enero de 2026, vengo a hablarles de ese fenómeno social que despierta tantas alabanzas como críticas, el escritor David Uclés, que esta semana se subió el primero a las barcas del Titanic cuando aún ni se avistaba el iceberg. Vaya por delante que lo que más me molesta de todo este ruido mediático es que se metan con él por su vestimenta, su gorra o su forma de hablar. Es desolador leer a gente adulta —al menos en edad, de lo otro ni idea— comportándose como ridículos adolescentes ante el diferente, quien busca tener su identidad propia y sobre todo ante decisiones estéticas que no afectan a nadie más. Supongo que serán los mismos que si les dices que están más gordos o más viejos se pondrían hechos un basilisco bramando que por qué se les dice eso.

David Uclés

Uclés está triunfando en la literatura y lo celebro. Su libro ‘La península de las casas vacías’ ha vendido miles de ejemplares y en enero recibió el Premio Nadal por ‘La ciudad de las luces muertas’, novela que se publica esta semana. Chaupeau por él y si quieren envidia de la sana, de la que se celebra, que es la buena. Quizás el problema sea que, quizás mal aconsejado, se ha convertido en protagonista por temas ajenos a sus libros sin tener su carrera consolidada, antes de tiempo, como todo lo que pasa ahora en la vida con este virus digital, que se acortan los plazos y las cosas tienen que suceder ya o no sucederán. Si no hay noticias de uno cada día o publicaciones en Instagram cada doce horas, caes en el olvido, que el algoritmo no perdona a los pacientes y ya ni les cuento a los prudentes.

David Uclés aceptó participar en el evento ‘Letras de Sevilla’, organizado entre otros por Arturo Pérez-Reverte, bajo el título «La guerra que todos perdimos». A esta cita también confirmaron su presencia Juan Echanove, Félix Bolaños, Carmen Calvo, Alejandro Amenábar, José María Aznar, Iván Espinosa de los Monteros o el coordinador de IU, Antonio Maíllo. Sería un poco inocente pretender que esta sociedad polarizada y digitalizada, combinación explosiva donde las haya, entienda que hay vida más allá de la literalidad de una frase. Imagínense que yo escribiera “mataría por ganar el Premio Planeta como Juan del Val” y ustedes me denunciaran por amenazas. El ejemplo es tan ridículo como creer que con «La guerra que todos perdimos» Pérez-Reverte pretende reinventar la historia y afirmar que no hubo desde 1939 un bando ganador. Igual que yo lo entendieron Maíllo, Echanove, Calvo, Bolaños o Amenábar, ninguno sospechoso de votar al PP o a Vox; de ahí que aceptaran asistir a este foro.

Pero ¡ay, amigos lectores! cuando de repente alguien, llámese editorial o agente literario, entra en juego y empieza a ver peligrar el business. Esa ‘pela’ que gusta tanto a un lado como a otro del espectro ideológico, aunque unos lo digan y otros lo escondan en su chalé de Galapagar. Como esto es un artículo de opinión y no uno científico, me aventuro, sin alejarme mucho de la realidad, a afirmar que alguien desde su entorno alertó a Uclés de que como en ese evento en el que participaban Aznar o Espinosa de los Monteros hubiera foto de familia (no iban a participar en las mismas mesas de debate), a las hordas tuiteras de izquierdas se les iba a romper el corazón al ver a uno de los suyos compartir espacio y oxígeno con la derecha, la extrema derecha, la derecha extrema y otras derechas, también extremas. En román paladino: que peligran las ventas de los libros.

Y ahí es cuando Uclés empieza a hacer lo que mejor sabe, inventar argumentos que no se le habían ocurrido cuando aceptó ir al encuentro. Que si la guerra no la perdieron todos, que si no se puede debatir con quien niega la evidencia, que si Aznar no era demócrata (debió ganar dos elecciones generales por ciencia infusa) y otros conejos sacados de la chistera a los que se unió Antonio Maíllo, cuyos asesores políticos manosearon la calculadora para echar cuentas de los votos que podía perder de cara a las autonómicas si también las suelas de sus zapatos pisaban las mismas baldosas que los de derechas.

El escritor es una víctima más del miedo al boicot y a salirse de la línea que marcan las sectas que no tienen ningún interés en debatir y en usar la palabra contra el que piensa diferente; la amenaza funciona. Qué mejor lugar que un foro público para opinar, para dar tu posición sobre un tema, convencer al contrario de que estaba equivocado o incluso desactivar al radical. Y todo esto pasa porque hemos llegado a un punto en el que el hecho de escuchar al oponente se ve como un pecado mortal. Solo quieren hablar entre ellos, alabarse, afirmar con la cabeza cuando el magnánimo líder hable y el resto aplauda. Quieren guías espirituales, homogeneidad, que nadie se salga de la línea, y el que lo haga será castigado y servirá de ejemplo para el próximo que quiere darle matices a la posición prefijada.

Con las redes sociales perdimos todos por mucho que les busquemos aspectos positivos. Han conseguido unos y otros que con mensajes simples creamos entender cualquier asunto complejo y no tengamos dudas de nada ni necesitemos escuchar otras versiones para generar nuestra propia opinión. Esta nos la dan ya masticada y empaquetada para que no tengamos que hacer el trabajo sucio: pensar por nosotros mismos. Perdió David Uclés, perdió Pérez-Reverte y perdimos todos cuando aceptamos esta forma de comunicarnos, relacionarnos y enfrentarnos.

Feliz domingo, queridos lectores/as.


 

Author: Alberto Martín

Profesor universitario y escritor

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2 Comments

  1. Qué triste que no se pueda hablar de casi nada entre amigos o en la calle. Eso no pasó ni en 1978 . Sánchez consiguió su objetivo, levantar un muro entre españoles, para dividirlos y crear un caldo de cultivo similar al de 1936. Ya sabemos lo que viene luego.

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    • Muchas gracias por el comentario, Salud.

      Que los políticos necesitan la confrontación lo han confirmado ellos mismos, a ninguno le interesa la tranquilidad con el contrincante, pero no debemos caer en el error de darle su cuota alta de culpa al ciudadano, que ha delegado en ellos el pensamiento. La prueba más visible es que ninguno nos vemos como parte de la polarización y el distanciamiento social, siempre son los otros.

      Saludos.

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