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Diario de la cuarentena: Mi vecino es un sicópata

Autónomos. Hasta 2019 cobrar el paro siendo Autónomo, previo cese de actividad, era una milonga. La burocracia entrañada era tal que poca gente lo conseguía. Ese año, ya bajo el Gobierno de Pedro Sánchez y a modo de vaselina ante una nueva subida de las cotizaciones, se ofreció como compensación “agilizar” la prestación. Con 900.000 autónomos obligados a cerrar, el Gobierno vende ahora como principal ayuda al colectivo la prestación del paro (el 70% del salario base) para los afectados, salvando las distancias, es como si se atribuyera el gran logro de cobrar el agua del grifo al precio al que la pagas. Respecto a las supuestas ayudas accesorias, estas han quedado en moratorias y aplazamientos que ya existían previamente (si no tienes dinero, no te queda otra que aplazar pagos). La única diferencia es que los dos primeros meses no

Telerrueda de prensa de Podemos, vía Zoom.

pagas el 3,75% de intereses. Para que se hagan una idea, un compañero autónomo ha sacado la cifra de un ahorro de 11.29€ sobre un aplazamiento de impuestos de 1500€ a tres meses. Esta es la gran ayuda del gobierno al colectivo: aunque no ingreses un duro, tu sigue recaudando que yo te perdono once cochinos euros (eso si optas por aplazar, que si pagas en vivo y en directo, nada de nada). A ver, no me gusta criticar por criticar, entiendo que la cosa está jodida, pero que el personal se ponga flores, tampoco es plan.

Videoconferencias. Enfin. Empecé la semana con una rueda de prensa en streaming. La primera que se montaba en Segovia en plan local para escuchar unas interesantes propuestas de Podemos. Una de las novedades que ha traído el virus es, precisamente, la videoconferencia. Y aprovecho para felicitar a los promotores por la segoviana iniciativa del ConectYayo, que facilita ver a los abuelos  ingresados en las residencias. Está claro que nada volverá a ser igual. Hemos aprendido a ahorrar desplazamientos y cansinas reuniones… Pero ¿habrá quedadas familiares por zoom? ¿Navidades en el móvil? ¿Cenas de empresa por wapp? Mi buena madre se empieza a poner pesadita. Ella exige videoconferencias a todas horas… ¿Qué tal si el miércoles llamamos a los tíos abuelos de Barcelona? Vídeo llamada sorpresa de 14 semidesconocidos a la sobrina del tío Jacobo, aquel primo tan simpático de tu abuelo que se fue a Lugo, el hermano de la Enriqueta, la del pueblo no, la que se divorció de un farmacéutico… “Te tienes que acordar, estuvo en el bautizo de tu hermano”, me recriminan.

Etiqueta para chats. Vista la experiencia, me impongo la obligación de decorar la “sala de videollamadas”. Algunos compañeros optaron por el comedor, otros su habitación, otros el “despacho” en el que teletrabajamos. En el mío, al fondo, se aprecia un armario sobre el cual acumulo el stock familiar de papel de váter. Lo admito, o me falta glamour o necesito un croma. Sin embargo, mi principal preocupación era que no entrasen los hijos a vengarse. Y es que verán, ellos llevan tiempo con esa tecnología, jugando en línea o entrevistando candidatos a novios. Malo que soy, me gustaba sembrar el pánico filial irrumpiendo las conversaciones de mis hijos al grito de “Niño… ¿Te has tomado el Fortasec?” o señalando con el dedo al centro del chat inquirir “¿No es ese al que multaron por cagar en la calle?”. Así que mi resquemor era ver aparecer en mi set casero a algún cabroncete al grito de “¿Papá, el Hemorroids te lo compro en tarro de kilo?”. Al final se contuvieron, pero veo ojos de revancha en sus miradas. Así que si en una tele-rueda de prensa con la subdelegada en mi pantalla se oye algo así como  “Que dice el camello que te dejó 3 gramos, que se los pagues”, que sepa la Guardia Civil que es el personal humor negro de la familia que me ha caído en suerte.

La última cena, versión Zoom.

Casas high tech. Otra cosa que me llama la atención  del tema es el surtido tecnológico que tienen los músicos en su casa. Lo digo por estos vídeos a muchas manos en que sale Fulano, desde la Lastrilla; Pacorro, desde Santa Eulalia, y unos equipazos de grabación que parecen sacados de un laboratorio de la CIA. Claro que hay allí un sesgo de edad. En general, estos vídeos, bien producidos y sonorizados, son de gente ya consolidada y de cierta edad, al filo del colectivo de riesgo. ¿Dónde están los músicos jóvenes?

Beatriz Serrano, deporte de andar por casa con Caja Rural.

Tenemos una deuda con la juventud. Lo que me da pie para la principal línea argumental del diario de hoy. ¿Somos conscientes que para la mejor salud de viejosbaby boomers hemos condenado a la muerte social a jóvenes y niños?  Para elllos el Covid19 no llega ni a catarro, y sin embargo, ahí están, confinados en casa. Sin juergas, sin sexo, sin quedadas, sin fútbol, sin parque… Esto por no hablar de los jóvenes que habían empezado a trabajar y de esta se van derechos al paro. Dentro de unos meses, de nuevo instalados en las terrazas de la Plaza, cuando el típico retrasado mental jubilata se atreva a increpar a una joven pareja porque sus hijos “molestan” le diré al primer niño a tiro, anda, échale un bufido a ese, a ver si pìlla el bicho y casca. Lo que tendría que hacer el viejo es abonar la cuenta de la pareja, críos incluidos. Seis semanas de arresto para salvaguardar neumonías de baby boomers ha generado una deuda moral con las quintas descendientes. Como poco, toca legalizar el botellón y prepararse psicológicamente para aguantar discomóviles hasta las siete de la mañana. Un coñazo, sí, pero ¿qué menos?

O desconfinamos o trombosis. Seis semanas y lo queda. Se empieza a hablar de desconfinamiento y legalizar el deporte y paseos o vamos a caer como chinches de infartos y trombosis. Porque aunque la carrera solidaria de Caja Rural ha recaudado 10.000€, con más de 1.100 participante, no nos engañemos: hacer volteretas por el sofá y correr pasillos no mola. Lo ciertos es que vamos a ciegas y faltan datos a manta. Lo más urgente  es conocer al detalle cuánta población está infectada. Se precisan tests estadísticamente representativos en zonas piloto, por ejemplo, en una zona castigada, otra a medias, y otra apenas tocada. En zona urbana, rural y periurbana Estadística pura y dura. Solo así lograremos prever los riesgos de una vuelta a la normalidad escalonada y anticipar rebotes. Esa información es capital y no oigo ni siquiera planes al respecto. Apenas hay tests, y lo poco que hay se reserva para la atención hospitalaria. Vamos a ciegas. Eso sí, en lugar de centralizar esfuerzos para un conocimiento de la prevalencia social del Covid19, definiendo al dedillo qué territorios son más representativos y estrategias para la toma de muestras, el CIS de Tezanos va y nos pregunta que qué tal lo hace el Gobierno, o peor, si creemos conveniente censurar la información para prevenir fakes. Menuda panda…

Se busca, vecino sicópata.

Mi vecino es un sicópata. Pero el título de rata del siglo es para el que colgó pasquines contra la reponedora del súper o el médico del 4-B, instándoles, en “bien de todos”, a abandonar su casa. Al principio pensé -y sigo sin descartarlo- que es cosa de periodistas. Después de todo, te marcas a boli un folio, le sacas una foto colgado de la pared de un portal sin identificar y noticia mundial al canto. Me es más fácil creer en periodistas nihilistas con olfato para el mal rollo y la noticia tremenda, que en sicópatas vecinales. Pero en estas a una ginecóloga catalana le pintarrajean el coche con un “rata contagiosa”. Conclusión: los sicópatas vecinales existen. A este tío hay que ponerle en búsqueda cual Bin Laden. No digo meterle en el trullo, ni siquiera torturarlo en público. Basta saber quién es, con foto, nombres y apellidos. Ese es Blas, el que puso lo de rata contagiosa cuando lo del coronavirus… Véanlo como una vacuna contra la mezquindad humana.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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2 Comments

  1. Ya veremos, si cuando todo esto acabe, sigue el buenismo imperante con aplausos y agradecimientos, y no vuelve la clásica bruja, a poner a parir a la cajera por tener que esperar para pagar; si no vuelve la invisibilidad del personal de limpieza, al cual parece que no hay que darle nunca los buenos días; el reproche a las enfermeras porque nuestra cita se retrasa; o a los policías que nos multan, por evitar que nos matemos. Es tiempo de hipocresía, pero también de saber culpar convenientemente: a los primeros, a nosotros mismos.

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  2. Con ironía o sin ella, señor Besa, vaya pensando en cambiar el apellido ¿codo? 😉 ; no son los ‘yayos’ los culpables del virus para que el niño les bufe a la cara. Como mucho, son culpables de intentar, excepto energúmenos bunquerizados, de dejar una sociedad más justa y de bienestar con su lucha diaria y ayuda en los momentos de crisis (cuántos niños han comido y crecido gracias a los yayos, familiares o no). Pues con el inciso, gracias por hacernos pasar un rato agradable leyendo. Salud, no nos falte.

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