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Cifras y numeritos

La verdad, no sé si este run run que tengo en la cabeza, como un zumbido interminable, es culpa del eco de los machacones cánticos de los niños cantores de la lotería —otra vez me he quedado con esa cara de incredulidad contrariada mientras tecleaba por undécima vez los números que jugaba a ver si el ordenador cambiaba de opinión y me daba de una vez un premio que desahogue la precariedad y que, sin duda, merezco—o es culpa de los mantras que nuestros políticos repiten en estos días en los que se empeñan en hacer balance anual.

Que lo de los niños es cansino… pues sí, pero tiene el aliciente de que el cadencioso cántico se altera a veces  y se hace excitante unos segundos, esos en los que el niño de turno cambia la cifra del premio y habla de pasta, de la de verdad: el gordo, los segundos, terceros… ¡Chico, qué emoción! Al menos hasta que el de la radio te suelta que ha tocado en Sort, Alcántara y Xátiva, justo de dónde tu no tienes un euro jugado. ¿A qué voy a ir yo a Alcántara, leche?

Sin embargo, el discurso político no te da ni eso, que la cosa es rasa y previsible. Mire el Ayuntamiento, donde el regidor Arahuetes sigue estando encantado de conocerse, seguro de que nadie puede hacer tanto con tan poco y encima peleando con tantos molinos de viento. Ya sabe,: la oposición, la Junta y el Gobierno de España.

Fíjese si serán malos todos que el regidor, hombre de conocido y admirado carácter dialogante y democrático, no encuentra quién le salude en Madrid; no ha logrado en toda una década larga establecer cauces para la colaboración o al menos la charla con el presidente regional, Herrera, y no habla ni para dar los buenos días (es literal y se presume de ello en estos días) con el jefe de la oposición local —que “cuando alguien me cae mal, no me importa decírselo”, según he leído en una entrevista publicada en El Norte. Política de altura, vamos.

Bueno, a las cifras gruesas: El regidor presenta para acabar el año un récord de permanencia en el cargo que no se vivía desde el franquismo (127 meses largos) mientras mira satisfecho a la lista de alcaldes durante los últimos 200 años que siempre empieza a leer desde la última línea.

El otro día sacó la nómina de actuaciones de todas las concejalías, que así, de golpe, sumaban 923, que si hago una cuenta de la vieja, pues resulta que a cada concejal le salen 76 actuaciones al año, una cada casi cinco días.

Ojo, que se trata de una nómina de títulos variados presentado en forma de listado corrido y sin explicaciones, valoraciones o anotaciones—su elaboración implica no pocos quebraderos en las concejalías, me cuentan— que obvia las muchas frustraciones que sufren los responsables de cada área en temas concretos y se parece bastante en los contenidos de un año para otro. Pero si dices “casi mil”, luce y te da titulares un día.

Se lo resumo aunque supongo que se lo imagina: sin dinero se ha hecho mucho más o casi que en otros ejercicios; los fiascos, como el CAT, por ejemplo, son culpa de otro en todos los casos, pero eso no impide que se apunten como éxito del año que viene y si no hay presupuestos a estas alturas, es porque el resto de las administraciones no han hecho las tareas a tiempo.

Mientras, no sé si en los escaños de la oposición salen las mismas cuentas, que la cifra para puntuar lo hecho por el Gobierno se acerca al cero absoluto. Sinceramente, veo algo desganado a Postigo y no entiendo mucho la línea que ha tomado, de ataque frontal y casi exclusivo hacia Luis Peñalosa, el edil de IU que completa la mayoría  de los socialistas.

Me descoloca que el edil diga que contempla como posible apoyar una moción de censura contra Arahuetes, si es que la presentara Peñalosa, pero al tiempo recuerde  al regidor que le ofreció el extraño pacto PP-PSOE, que “con diálogo” todo es posible, pero a la vez, asegure que de ninguna manera quiere desestabilizar al Gobierno local, que ese no es su estilo… En la ducha, con chubasquero.

El tercero en liza, Peñalosa, no se para mucho en estas peleas, que ahora anda centrado en el Plan de las Áreas Históricas —verá cómo entretiene este tema a lo largo de 2014— y no anda contestando a las andanadas de los populares. Son muchos años en el Ayuntamiento —este si tiene un récord difícil de superar— y eso permite ciertas calmas que a veces, a ojos del observador de un instante, pueden resultar poco comprensibles e incluso exasperantes.

¿Ve? El Ayuntamiento cierra el año como lo empezó: sin mucha actividad, con el personal mirándose de reojo y con dificultades para encontrar puntos comunes entre los grupos. Parece muy distinto el cierre en la administración provincial, la Diputación, donde han aprobado un presupuesto para el año que viene, de 55 millones ¡por unanimidad! Visto como anda el patio, permita que me manifieste encantado.

Resulta, fíjese qué cosas, que los grupos del presidente Vázquez y de la oposición socialista dirigida por Aceves, alcanzaron varios acuerdos que encontraron que serían de interés para los ciudadanos, como retomar los planes provinciales o incidir en actuaciones de generación de empleo y en base a esos encuentros, aprobaron las cuentas.

Para colmo, en el pleno hablaron todos y nadie cortó la palabra a nadie. ¡Qué cosas hay que ver!

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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