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Christian Bale, Oscar Isaac y un montón de segovianos

(El vídeo muestra, sesgadamente, una escena de enfrentamiento armado desde el lado armenio mientras se grababa con un dron. Quizá pueda ver a Oscar Isaac jugándose el tipo por llevarse a rastras a un compañero herido en la refriega.)

Uno de los estrenos cinematográficos de esta semana es una película de producción norteamericana que narra un triángulo amoroso en tiempos de preguerra y con el genocidio armenio en plena caída del imperio otomano como fondo. The Promise (La Promesa) tiene además un aliciente añadido para centenares de segovianos que estos días se esfuerzan en buscarse en la pantalla junto a Christian Bale, Oscar Isaac o Charlotte Le Bon, o al menos con Alicia Borrachero, que hizo su bolo en Marugán, o el paisano, Luis Callejo, que también está en el reparto, aunque su intervención, curiosamente, se rodó en las localizaciones de Cataluña.

Un grupo de figurantes durante un descanso del rodaje, en el Caserío de Párraces (Marugán).

La actriz, Charlotte Le Bon, en el set de rodaje montado en Marugán.

No es un fenómeno nuevo, que Segovia es tierra de rodajes, pero lo cierto es que esta de La Promesa fue una de esas películas en las que se contrató un alto número de extras y en la que las jornadas de trabajo fueron más allá de un bolo de un día: 10, 15 y hasta 20 días de madrugones, largas jornadas y pinitos ante las cámaras echaron a sus espaldas muchos segovianos que claro, ahora se buscan en las escenas rodadas en Marugán —el caserío de Párraces se convirtió en la misión americana donde se reencuentran Isaac y Le Bron y también aparece Bale; pero también viajaron en el barco construido en mitad de una explanada de Rivas Vaciamadrid (Madrid) o vivieron y huyeron del campamento montado en Roblellano, en La Cabrera (Madrid), no sin antes plantar cara al ejército turco en desesperada y desigual batalla para recorrer la ladera Medio Celemín de Valdemanco en la trágica huida.

Un barco en tierra seca. La estructura, de cuatro plantas se montó en Rivas Vaciamadrid.

Vamos, que han hecho suya la historia que explica el director Terry George por encargo del millonarios Kirk Kerkorian, que antes de fallecer dejó 100 millones de dólares (al final “sólo” se gastaron 90) para hacer una película que, por su temática, no había conseguido colar en la Metro Goldwyn Mayer pese a ser uno de sus máximos directivos. A fecha de hoy, Turquía se niega a reconocer el asesinato sistemático de armenios en la época del desplome del imperio, a las puertas de la Gran Guerra y tampoco lo hacen países como Estados Unidos, Gran Bretaña o España, entre otros, por lo que las presiones sobre la película han sido muchas antes de rodarse y también después.

Los “figus” segovianos también pasaron por el campamento armenio montado en la Pedriza.

Como sea, muchos segovianos admirarán, sin duda, la magnífica fotografía de Javier Aguirresarobe —la crítica dice que es de lo más destacable— pero preferirán mirar más allá en el fondo de sus fotogramas, buscando distinguir sus propias facciones en aquella enfermera de la esquina, la mujer que cocina junto a un fuego, el hombre viejo que presencia resignado la eliminación de su pueblo, el agotado armenio que se parapeta tras una valla para enfrentarse al turco —el mismo que encarnaba el que está sentado en la fila de delante— o hasta un marinero de impoluto uniforme blanco, que fueron los papeles más comunes otorgados a los “figus” segovianos que en la mayoría de los casos vivieron en aquel final de 2015 y principios de 2016 su primer contacto con la tramoya del cine aunque, como en todo, hay “profesionales” que se apuntan a todos los rodajes y como esta, hacen ciento.

Más segovianos caracterizados en la vertiente madrileña de la sierra.

Aunque en la película, rodada casi íntegramente en España, han participado miles de extras, la mayoría de los segovianos que han trabajado en La Promesa lo hizo porque, en pleno verano de 2015, respondieron a un anuncio que llamaba a acudir al pabellón de Marugán para participar en la selección de 200 hombres y mujeres (y un puñado de niños) dispuestos a realizar jornadas de 12 horas a 60 euros con alta laboral y horas extra. Algunos tuvieron suerte y por la posición que ocuparon en el rodaje o “chupar” algo de cámara al lado de uno de los protagonistas, aunque “figus” siguieron siendo, lo fueron “especiales”: doble sueldo y retoques esmerados de peluqueros, estilistas y maquilladores compartidos con el protagonista en cada repetición de escena. Como los buenos.

Un momento de la sesión de selección de personal, en el pabellón de Marugán.

Las sillas destinadas al descanso entre tomas de los principales protagonistas.

Entrada a la misión norteamericana que aparece en la película, en el caserío de Párraces.

Author: Redacción

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