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Cartelera Segovia: La Gran Muralla

A veces a uno se le suscita el imperioso antojo de zamparse un cucurucho de palomitas para lo cual se planta uno en el cine y busca en la cartelera alguna película que permita saciar el capricho. Partiendo de la base que hemos venido a lo que hemos venido (o sea a comer palomitas), digamos que La Gran Muralla no es la mejor de las salsas para nuestras palomitas, pero bueno, tampoco se le corta a uno la digestión.

Zhang Yimou es un prestigioso director, que combina películas épicas medievo-orientales (muy entretenidas y espectaculares) con competentes historias que te acercan al día a día de la República Popular. En La Gran Muralla parece que se toma un respiro para llenarse las buchacas y servir una historia que se aguanta con palillos y básicamente destinada a vender al turismo algunas de las maravillas paisajísticas de la inmensa China. El señor Zhang no está solo. Tiene por cómplices a Matt Damon y Wiliam Dafoe -papelón el suyo, pero papelón-, que supongo habrán metido una buena quijada al presupuesto de la República Popular.  Al igual que ellos, rostros muy populares del cine chino que dan a a la cinta un aire de aquellas pelis de la II GM en las que el principal aliciente era ver a un plantel de estrellas, todos con sus cinco minutillos de protagonismo, pero sin chistes ni guasas ni marranadas, que esto es un país serio.

Dos soldados de fortuna europeos se tropiezan con la Gran Muralla. Una vez allí descubren que en realidad la inmensa construcción (excursus: resulta que en el prólogo de la película te explican que la Gran Muralla mide 8.800 km. ¡Hala venga! No puede ser, te dices, de manera que contrastado el dato en Wikipedia resulta que sí, es falso. En realidad mide ¡todavía más!, se calcula que todo el entramado defensivo abarca 21.000km), la Gran Muralla, digo, es un dispositivo de contención de unos seres diabólicos que cada 60 años amenazan con asaltar el imperio. A partir de aquí, la película es como un catálogo de efectos digitales entretejido con una historia entre medieval y Power Rangers destinada amenizar el canal familiar de la tele oficial china (la más oficial).

Quiere decirse que priman ante todo, y quizá esto es lo más divertido visto desde la perspectiva occidental, los valores de la República Popular. Ese regusto por los desfiles y las coreografías de masas. La honestidad de lo militar frente a la cobardía del poder civil. Que todo lo malo llega de fuera y que todo cacharrín más o menos molon ya lo han inventando antes los chinos. Y por supuesto, la decencia, que a la protagonista, la bella Jiang Tian, generala de una surrealista unidad de élite que hace puenting por las murallas, no le veremos ni el tobillo, de manera que la historia de amor subyacente se resuelve a miraditas (largas y sostenidas, eso sí).

En general hay muchas películas mucho mejores de parecida temática en el cine chino, y japonés, y coreano… Veánlo por la parte positiva, La Gran Muralla podría estar peor. Cuando menos la visión de la Gran Muralla como una sofisticada arma multitarea resulta imaginativa y visualmente brillante. Como es norma en el cine oriental, el cromatismo está muy bien (hay muchos colorines), y el ritmo es lo suficientemente ágil como para que todo sea básicamente soportable.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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