Solo un gran pero que objetar a esta magnífica película; es poco holmesiana.
Veo en las críticas opiniones contrapuestas, película muy buena para unos, muy fallida para otros. Entiendo esta disparidad, Mr Holmes descoloca bastante. Tenemos a un Sherlock Holmes de 93 años retirado en una modesta mansión y dedicado a tres cosas: las abejas, recordar su último caso, y afrontar la degradación mental resultado de la senectud. Para ello recibe la ayuda del hijo del ama de llaves, un huérfano de guerra (la película se ambienta en 1947, más de treinta años después del último caso de Holmes). El planteamiento no podía ser más atractivo.
Pero la película solo tiene de holmesiana la impecable actuación de Ian McKellen, un gigante de la interpretación inglesa, y que te pone en materia con una sola mirada. A la hora de la verdad es un retrato intimista sobre la senectud y el amor. Un tanto sentimentaloide para el genial detective, que si de algo hizo siempre gala fue de trascender la emotividad para centrarse en el conocimiento.
Pienso que el problema está en la novela original y el guión. E insisto, esta historia no es holmesiana. Sherlock se merecía algo más brillante. Un ejemplo, para resolver el último caso, el senecto Holmes va encadenando recuerdos borrosos, hasta que llega un punto en que se cierra. No va más allá. Será gracias a un “satori” onírico que resuelva la cuestión. Una buena prueba la tienen en otro detective de pro, el Wallander de Henning Mankell. A semejanza con Mr. Holmes, también Wallander se enfrenta en su último caso a la senectud (El hombre Inquieto, en este caso, con un tenebroso Alzheimer). Pero ahí sí que hay sutileza, historia, coherencia. Emociona igual pero, además, cuida el aspecto noire, el misterio, la filosofía implícita en todo universo procedente de la novela detectivesca.
No se ha hecho así en esta ocasión y puedo sentir a Conan Doyle retorciéndose en la tumba. Demasiados elementos desaprovechados, como la relación con un japonés que, al final, parece justificarse en la introducción en la historia de una desolada Hiroshima. Y aquí está el mal. Mr. Holmes es un eficaz relato sobre la senectud, con momentos de alta intensidad emotiva, brillante fotografía y ambientación. Pero no es el colofón que se merece tamaño gigante de las letras universales.















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