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Cartelera Segovia: El irlandés

Scorsese hace por sistema grandes películas, pero cuando se inspira en el micromundo de la mafia italo-america para contarnos historias basadas en cómo la cotidianidad transgrede la ética a través de una puntillosa recreación de la América de los 60 y 70 (100M€ ha costado la cosa, solo al alcance de Netflix),  la intrahistoria de un mundo y una época, cuando se apoya en actorazos tal que De Niro, Pesci, Harvey Keitel o Al Pacino, entonces, no le den más vueltas. Obra maestra.

Está más que claro quién ganará los Oscar y todos los premios del año. La única duda es si el mejor actor del año será Pesci, Pacino o De Niro, y en qué categoría. Yo apuesto por Pesci, esta vez en un registro igual pero distinto (mucho más contenido, una suerte de dandy de la mafia como Russ Bufalino) al que ya le valiera un Oscar por Goodfellas en 1990. Madre mía que pedazo de actor.

El Irlandés es una santa obra maestra. El testamento cinematográfico de uno de los diez mejores directores de toda la historia del cine. Así que los más de 200 minutos de metraje no te dan un respiro. De hecho, este exceso de metraje me tuvo en la duda de si irme al cine a verla en pantalla grande y subtítulos o tirar de Netflix, al final fui al cine y me alegro, pues de entre las muchas cosas buenas que se puede decir del Irlandés es que se hace corta. El único pero es el uso y abuso del rejuvenecimiento digital de los actores. La película está basada, sino en hechos reales, sí en personas reales tal que Russ Bufalino, Frank “El irlandés” Sheeran, Jim Hoffa, y atraviesa cuatro décadas en la vida de los mafiosos, desde la IIGM al geriátrico en los años 90. Por tanto, o bien se empleaba a jóvenes para encarnar a los De Niro y Cia en su juventud, o se tiraba de tecnología.

Sabiamente Scorsese tira de tecnología, lo justifica diciendo que precisaba el background vital de estas leyendas setenteras, y es así. La verosimilitud está en los gestos, en cómo se ajusta uno el traje, cómo entra en un restaurante y saluda, cómo hablan los ojos y de repente pasan de la cordialidad al pavor o al asco sin mover apenas músculo de la cara… Es una apuesta arriesgada por cuanto añade un poco de artificio a una historia que traspira verosimilitud, y eso choca un poco. Pero a la que te haces a ello…

Frank Sheeran fue el único no italiano integrado en la cúpula de la mafia. Un asesino despiadado que fue trepando peldaños hasta la cima del principal sindicato de transportistas de América, Teamsters (o IBT), que llegó a tener a 2.3 millones de trabajadores asociados. Hay que entender que los sindicatos operan en los USA como intermediadores en la contratación del trabajador por la empresa, son algo así como Empresas de Trabajo Temporal o cooperativas. Tradicionalmente, la logística (puertos, transporte por carretera) siempre estuvo en el punto de mira de la actividad mafiosa, de manera que el sindicato estaba muy conectado con la mafia, llegando a ejercer de financiera (a partir de millonarios fondos de inversión fruto de los planes de pensiones de los asociados) para los proyectos de expansión en Las Vegas de las 29 familias que controlaban el percal. A la postre esto explicaría la misteriosa desaparición del que fuera líder de Teamster, y figura de enorme popularidad en la época, Jimmy Hoffa, realmente el creador de Teamsters y cuya pista se pierde en julio de 1975, justamente cuando acudía a una cita con dos importantes gángsters. En 1982 se le dio por desaparecido. El escritor Charles Brandt, publicaba en 2004 “He oído que pintas casas” (en argot mafioso, lo de pintar casas refiere a las manchas de sangre que quedan en el escenario de un crimen), donde atribuía a Sheeran el asesinato material de Hoffa. El Irlandés reconstruye todo este tinglado, que además, tiene unas derivadas pseudo-históricas apasionantes, la fallida invasión de Cuba en Bahía Cochinos, el asesinato de Kennedy

Pero más allá de la reconstrucción de unos hechos y una época, El Irlandés te mete de cabeza en la senectud. Y es que los Bufalino, los Sheeran y compañía ejercieron su poder en la élite criminal en la madurez y hasta frisar los ochenta años. Reclusos pensionistas, con sus achaques, su reuma, sus problemas de próstata. Abuelos del trullo, en suma, que a las aventuras cotidianas enfrentan el de la senectud y la soledad (como comprenderán, no haces muchas relaciones cuando te dedicas a despachar gente). Quizá este es el aspecto más novedoso en cuanto a temática de la película, que hemos visto a mafiosos en el esplendor de su desaforada juventud pero rara vez en su decadencia (por una mera cuestión de riesgos laborales inherentes al sector), cuando después de décadas y más décadas preparándolas de todas las maneras se confrontan al inevitable final.

La banda sonora es magia pura, así como el manejo de la cámara de Scorsese, sobrio cuando tiene que serlo y capaz de planos secuencias memorables cuando toca. Los planos a De Niro y Pesci, o De Niro y Al Pacino cuando intercambian conversaciones a veces intrascendentes (pero nada irrelevantes) se te quedan en la cabeza para siempre.

En definitiva, que si hasta la fecha Goodfelllas era una de mis cinco películas favoritas, ahora tengo que hacer sitio al irlandés. Vayan a verla, y si están a tiempo, en el Luz de Castilla, que ha tenido la audacia de aceptar el reto de emitir una película de tres horas con subtítulos (concesión de Netflix a Scorsese). Les aseguro que no se les hará larga de tan buena que es. Como contaba Boyero en su crónica, se olvidarán del tabaco, de las palomitas, de ir al baño…

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. La vi en casa y me aburrió, me tuve que esforzar por terminarla. No es una mala, ni mucho menos, es monótona y demasiado larga. Los actores, buenísimos, pero no me creo a Robert de Niro -pese al rejuvenecimiento facial- como papá de una niña de 10-12 añitos y con edad similar a la que hace de su mujer. Es un abuelete rejuvenecido al principio, no hay más que ver cómo se mueve, y también al final…

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