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¡Ay del árbitro! o cómo insultar en el estadio

Lo del coronavirus se terminará arreglando, probablemente con el IVA al 25%, pero arreglando. Lo de los árbitros de fútbol, en cambio…

Imaginen que cenan ustedes en un concurrido restaurante, que el camarero se equivoca y trae carne al que pidió pescado, o la sopa está fría, o rompe un plato. Imaginen que un comensal se levanta y espeta, “¡pedazo de burro, cómprate gafas”. “Eso, eso”, anima otro. Y al poco buena parte de la sala empieza a entonar “¡hijo de puuuuta!”, rubricado con cinco golpecitos cadenciosos sobre la mesa. A poco normales que sean ustedes, se quedarían lívidos, a menudo corral de cabestros he ido a parar, se dirán…

Publicábamos en acueducto2 el caso de un joven línier que perdió los papeles y terminó enzarzándose con el público, no sin antes haberse cansado el pobre de aguantar insultos, y aunque algunos aficionados lo negaban, tengan por seguro que llamándose el trencilla Albdelkarim, al preceptivo “hijo de puta” se le añadieron no pocos moro de esto y moro de lo otro. Lamentable. Algún comentarista nos acusaba de sesgados, y que nunca publicamos noticias referentes a agresiones a árbitros. Obviamente sí que las publicamos, cuando las hay (y detalle importante) nos constan. Además, en periodismo rige el dicho aquel de que es más noticia que el niño muerda al perro que al revés. Pero…

Pero siendo yo un crío mi padre me llevó al fútbol por primera vez. Es un día importante para cualquier niño, como un rito de iniciación en el mundo hombre. Primera sorpresa, había alguna mujer. Segunda sorpresa, la dicha mujer de aflautada voz no paraba de meterse con el árbitro. Recuerdo los insultos como si los oyera ahora mismo porque sonaban muy raros, dijo “burro, jirafa (sí, jirafa), cuatro ojos, no tienes entidad”. Y la gente estallaba en carcajadas o se sumaba al clamor.

Y eso es lo que pasa en el fútbol, y no en el tenis, atletismo o casi cualquier otro deporte, que el insulto al árbitro parece cosustancial al espectáculo. Por así decir, el estadio es “zona de transgresión tolerada“, allí al populacho se nos permite conjurar malos espíritus y frustraciones personales en detrimento del equipo rival y del árbitro. No serán cientos sino miles los que tengamos realmente mucho que conjurar.

Y es chungo, sí. Especialmente cuando se mezcla con cosas racistas, sexistas o violentas. Por esa razón dejé de ir al Bernabeu. Iba con la peña del Espanyol de Vallelado  con mis hijos y como nos daban entradas en la zona visitante siempre coincidíamos con unos retrasados mentales neo-nazis borrachos perdidos, que a medio partido, con 3-0 y perdiendo, se ponen a cantar el cara al sol y cagarse en alguno del Barça.  Bien que siempre salía algún aficionado sensato a afearles la boutade, yo me cansé de aquello, la verdad. De ver la cara de mi hija, que era una niña, como diciendo “no entiendo”. Por otro lado, siempre perdemos… (en el Bernabeu, y últimamente, en casi todos lados, el descenso acecha, sniff).

En los últimos tiempos veo que cobra pujanza el poner coto a determinados insultos. Me alegro mucho y soy de los que defienden que si un retrasado mental insulta de mala manera a un rival, o se saca a collejas al interfecto o fin del partido. Pero vean, y aquí está el problema, que matizo “de mala manera”. Es decir, si se me escapa, un, pongo por caso, “Ramos, desgracio, vete a tomar por culo”,  ¿se acaba el partido? No habría fútbol.

Por otro lado, y si leen el gran Fiebre en las gradas, de Hornby (un pedazo de libro), lo entenderán, al fútbol se va a compadrear, a echar una risas, y también los hooligans tenemos un papel intimidatorio relevante. Vuelvo a la afición más quejica del mundo, la del Madrid, ¿cuántos penaltis no habrá forzado la afición merengue a base de protestar como histéricos desde la primera entrada?

Se me ocurre, y muchos de ustedes dirán no sin razón que estoy diciendo la tontería del año, que se impone algo así como un libro de estilo para el insulto futbolístico. Algo que quite acritud; se vale protestar pero no insultos que acaben en “s”, en “on” o “uta”, ni mucho menos sexistas, ni racistas. De algún modo, los buenos aficionados ya talluditos y educados tenemos asimilado ese protocolo. Si hay que hacer un chascarrillo sarcástico, del tipo “menudo paquete”, en voz baja. Prohibido también corear insultos ni que sea el típico tooontooo, toooonto… Corear no vale, todo lo más “fuera, fuera”. Apelaciones a cualquier violencia, fin del partido.

El fútbol, para el populacho como yo, es algo especial. “La más importante de las cosas sin importancia”, dijo Valdano. Pero hay más. Filosóficamente es un “ser muchos”, fusión con la masa. Comunión. No es fácil.

… Y el árbitro, ah pobre trencilla… Va de victus… Especial empatía tenemos que tener con los Abdelkarim que se trabajan las categorías inferiores (sin liniers, sin VAR, a pelo). Tengo un primo que acompaña los domingos a su joven hijo, adolescente, a arbitrar los fines de semana. Son 20€ por partido. Mi primo se aparta de la afición recalcitrante y trata de poner distancia. Menudo padrazo, mi primo… Y no te desanimes, Abdelkarim, eso sí, Keep calm, a tortas nunca. No sé si algún día veremos el fin del cabestrismo en el fútbol. Ojalá.

Arriba, partido del Monteresma, Palazuelos años 50. Sobre estas líneas Ávila – Segoviana, Foto Colección Juan Manuel Santamaría.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. La fotografía en el campo de El Peñascal no es de la Gimnástica Segoviana sino de la colección de fotografía deportiva de Juan Manuel Santamaría.

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    • Disculpas, don Juan Manuel, lo ponemos bien.

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  2. Buen artículo,cierto es que la noticia es que un arbitro se encare con un aficionado y no al contrario, ya que los árbitros visto esta tienen y demuestran mucha más educación que la inmensa mayoría de aficionados, entrenadores y jugadores. Si la dureza que se tiene para juzgar a los árbitros y con la que se va a juzgar a este asistente se tuviera con todos…
    Respecto a que no tengáis conocimientos de las agresiones a árbitros es lógico por muchos factores, se tienen “Medio aceptadas´´, los árbitros no buscan un escarnio público de los jugadores, la sanción deportiva es la que tiene que hacerse, de igual modo la federación nunca esta interesada en que se sepan estas cosas. Así la sanción del asistente debería ser igual por medio federativo.
    El nivel arbitral es el que es igual que el de futbolistas, mejores y peores, pero siempre en relación a la oferta y demanda, los jugadores llegan para lo que llegan y los árbitros igual

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