En las últimas semanas varias personas me han insistido en la importancia de recordar a la ciudadanía que dentro del marco competencial que establecen los arts.148 y 149 de la Constitución, las competencias en sanidad, educación, servicios sociales, residencias mayores, vivienda, transporte dentro de la comunidad, desarrollo industrial, medio ambiente, lucha contra los incendios forestales, agricultura y ganadería, etc. son competencias de las comunidades autónomas. Es decir, son competencia del gobierno del PP en la Junta de Castilla y León.
Por eso, ahora en época preelectoral, me comentaban en varios municipios de la provincia de forma literal: “A pesar del aumento de financiación del Estado y de los fondos europeos, vivimos en una tierra que no mejora y eso es culpa de Alfonso Fdez. Mañueco, a pesar de que muchos medios nos le quieren presentar cada día como un gran gestor, poco hace para que despeguemos”. “Alfonso es el peor presidente que hemos tenido en Castilla y León”. “Transmite menos que un transistor rallado del siglo pasado”
Todo ello mi hizo pensar por la evaluación de la comunidad que tenemos en 2025 y la que teníamos cuando llegó a la presidencia de la junta en 2019. Empezando por la situación económica observamos como en Segovia todavía no funciona un plan industrial territorial en toda la provincia. Las cifras de desempleo y paro, son positivas no por la inexistente política autonómica, sino por las medidas implantadas por el gobierno de España, al que critican pero sin complementar nunca medidas.
Si repasamos los compromisos y necesidades, comprobamos como no han cumplido el Plan de Carreteras 2008-2020. Ni cierre completo del anillo de circunvalación en Segovia, ni desdoblamiento de la carretera a la Granja, o la de Santa Maria de Nieva. Pero es que el estado de conservación de un buen número de carreteras es lamentable, por poner algún ejemplo: Sg-351 de Santiuste de San Juan Bautista a San Cristóbal de la Vega, o la Sg-205 de Cantalejo a Cerezo de Abajo, con baches peligrosos para los conductores.
Si analizamos los temas sanitarios, desde la pandemia en 2020, lleva Alfonso prometiendo una ampliación para el hospital general que disponga de una unidad de estancias medias, una unidad de radioterapia, edificio para escuela de enfermería, etc. pero bajo gestión de la junta vamos para muy largo. Mientras tanto sigue aumentando el peso de la seguridad privada, siguen faltando profesionales en primaria y especializada, las listas de espera aumentan en varias especialidades, el centro de Salud de El Espinar, sigue sin impulso y el de Cuéllar, esta pendiente de empezar las obras.
En los educativos, la mejor definición del desastre de Alfonso, son las obras del IES de San Lorenzo y del centro de FP. Retrasos en las obras, defectos de construcción, paralizaciones, falta de diligencia para licitaciones. “Cuando quieran hacer las obras nos hemos jubilado los padres del barrio que pensábamos que nuestros hijos lo estrenarían”, me dijeron hace unos días. Se siguen cayendo falsos techos en los centros y otros desperfectos. El malestar entre el profesorado es elevado, pero lo sucedido en el Conservatorio de Música, rompe los moldes. El Director Provincial de Educación y la Delegada Territorial de la Junta, han consentido unas situaciones que ahora son sentenciados en los juzgados quitándoles la razón. La verdad es que les importa muy poco. Son claramente responsables y deben asumirlo.
En los temas de servicios sociales y dependencia, Alfonso sólo se vanagloria de estadísticas, pero siguen existiendo denuncias de los comités de empresa de las residencias publicas que advierten de falta de personal para cubrir las necesidades. Las plazas públicas siguen sin aumentar. Y la vergüenza de mantener seis años cerrado el centro de mayores del casco antiguo de la ciudad. Si seis años. No interesa que se sepa, ni colocar puntitos rojos. ¿imaginan esto bajo gestión socialista?
En materia medioambiental, se le vieron las “costuras de la negligencia” a Alfonso, con varios veranos trágicos, pero sobre todo el último. La consejería de Medio Ambiente está gestionada con políticas y manías del siglo anterior y no cambian, aunque todo el mundo vea el desastre. Además, en la provincia hemos vivido la desaparición de las torretas de vigilancia de incendios forestales en un buen número de localidades de la provincia, sin avisar. Y ahora colocan sin avisar una de videovigilancia al lado de las ruinas de San Cebrián. Además, la inversión en limpieza de montes públicos es muy escasa. Para la provincia un desastre.
Si a Alfonso, le gusta prometer y después no cumplir, en materia de vivienda podría sacar matricula de honor. Nunca optaron por la vivienda pública, las bases de las ayudas para alquiler son casi imposibles de conseguir para los segovianos por el precio del alquiler. No han querido declarar “zona tensionada” y los precios se siguen disparando. ¿En cuántos municipios llevan décadas sin construir una sola vivienda pública?
Y que decir de las acciones en agricultura y ganadería, de Alfonso, le cuesta mucho, hay que mancharse los zapatos. Ninguna ayuda directa en tiempos complicados, expedientes de incorporación o mejora que tardan años en resolverse, y la amenaza de los recortes de la PAC que defiende el PP europeo en Bruselas. El medio rural no le importa nada, de nada.
Y en el transporte de viajeros por carretera, Alfonso, sigue sin garantizar el transporte desde los pueblos a las cabeceras de comarca o ciudades, en condiciones adecuadas.
El desarrollo industrial, Alfonso lo entiende, solo para anuncios de proyectos en alguna zona, no integral para toda la provincia, dejando perder enormes oportunidades.
En fin, todo esto y mucho más, es lo que está en juego el día 15 de marzo, en las elecciones autonómicas. Después de casi 40 años seguidos de gobierno del PP, y siete de Alfonso en la Junta, no podemos esperar más para el cambio. Es democracia, es apostar por futuro. Quien no cumple en tanto tiempo, no lo hará después.













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