free web stats

Todos los préstamos de Sánchez le vencen en Andalucía

Qué faena, justo ahora que Trump hablaba mal de él. Qué mal, en el preciso momento en que había tomado la medida a Feijóo. Qué contratiempo, en mitad de la huida de Abascal para esconder su patrimonio bajo la patria. Qué fastidio, en el instante en que la izquierda ríspida brindaba en Cuba por la revolución sin luz, ahora, en el punto exacto en el que el destino se pone amable, el segundo en que todo parece encajar con un suave clic… van y convocan las andaluzas y con ellas vienen los acreedores a cobrar las deudas.

Desde que tomó prestado el liderazgo de Susana Díaz, el PSOE de Sánchez dejó de ser el partido nacionalista andaluz, con 41 años de gobiernos y el 26% de la militancia nacional, para salir a pelear el segundo puesto a VOX, que es como ver a Sergio Ramos pegarse contra el Pachuca. Dos Hermanas fue la Troya de la que salió el Peugeot de 125 caballos, madera en el salpicadero y un talón de Aquiles en el embrague que arreglaba Paco Salazar en plan Patroclo.

La deuda histórica del nacionalismo que sirvió para tapar unos agujeros en las votaciones, le vence también esta primavera. Si en algún sitio molesta privilegiar a Cataluña, es en Andalucía. En los años 50 y 60, cientos de miles de andaluces hicieron su viaje hacia Barcelona, su novena provincia, desde la pobreza de la posguerra a la esperanza industrial. Subir al tren era como morir un poco y llegar, como volver a nacer. Dos millones de catalanes tienen padres o abuelos andaluces y viven mejor que sus primos porque Hacienda los trata mejor. No hay dato que mate ese relato. Lo sabe hasta Rufián.

También Montero, que ha dejado todo su poder para venir a sacar del pozo al andaluz, justo cuando se estaba acomodando. Cuando alguien se presenta con el motivo por el que está, es que no quiere estar. Ella es de donde el duende haciende, tan sanchista que pareció postsanchista durante los cinco días de bajona de abril. La todopoderosa está en pleno Síndrome del Retornado, que ocurre cuando la persona regresa a su lugar de origen con una actitud salvadora o iluminada de educar a quienes considera atrasados o ignorantes. Este choque cultural inverso provoca un malestar mutuo y un sentimiento de fracaso que incapacita para entender la realidad que dejó. También lo llaman Síndrome de Aquiles, porque creyendo llegar a la soñada Ítaca se encuentra con el sitio del que salió y con los mismos problemas que un día le hicieron marcharse, que es como prorrogar presupuestos y hacerlos pasar por nuevos.

El préstamo del miedo a Vox está ya devengado en Andalucía, porque no ha gobernado allí y porque no se puede ser más español que un andaluz. España tiene muchas voces, pero solo Andalucía habla en diminutivo por el día y en verso por la noche. Los andaluces nacidos en democracia han desarrollado un orgullo que no soporta que vengan a rescatarle. Kiko Méndez-Monasterio cobra 17.000 al mes por aconsejar a Abascal que hasta el 17 de mayo no se baje del caballo. Galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la perra es tuya. Aten sus therians, que baja Santiago. De tanto pedir tierra y libertad acabaron por tener una tierra libre, esclava de sí misma.

La cláusula del miedo del pacto no aplica en Andalucía porque los populares vienen de una mayoría absoluta y porque su presidente siempre les ha tratado como un partido pasivo-agresivo, de los que gritan los problemas y enmudecen en las soluciones. Hoy, a pesar de ello- o quizá por ello-, la cláusula del miedo no aplica porque todo el mundo sabe que, si tiene que pactar, lo hará, porque el interés de que Sánchez pague sus deudas une más que una hipoteca.

El crédito que se tomó Sánchez de pintar una derecha privatizadora que no cree en el modelo social, y que sufragó la construcción del muro, todavía tiene línea abierta porque en muchos sitios es muy real, pero Juanma Moreno (para la derecha) y Moreno Bonilla (para la izquierda) y Moruno sin más para VOX, no parece ser esa caricatura antigua tipo Javier Arenas, ni llevar 40 años a la sopa boba de picadillos ni mamándose del rebujito público. Cuesta verlo como un privatizador “quirónico”, como un incompetente “mazónico”, o un juguete “guardiolado” en la Box de Abascal. El presidente andaluz es la bala en la recámara para cuando Ayuso dispare a Feijóo. Que lo hará. Es el novio de la boda de las dos orillas, mezclando scalpers con tatuajes, Marbella con Los Caños, Felipe González con Jiménez Losantos. Vamos, que es muy parecido a lo que fue Manuel Chaves cuando superaba el 50% de los votos de señores y criados y hasta del coño de la Bernarda Alba.

El adelanto que se tomó Sánchez de Podemos e Izquierda Unida para llegar a fin de mes y de legislatura lo reclama ahora la verdadera izquierda, con tres papeletas y tres candidatos lorquinos que van de Maíllo a un guardia civil, pasando por los que proponen saltarse la Ley. Una parte de la izquierda andaluza sigue proponiendo saquear negocios en la tercera autonomía de España que más los crea. Algo ha pasado, además del tiempo.

Será que Susana Díaz le echó una maldición por no comprarles el romero: “que el PSOE no sea desde que no sesea”, será que los ciclos autonómicos son largos, pero no eternos (menos en Castilla y León), será que la elección de la candidata es un (otro) error, será que Sánchez desmanteló el aparato histórico del PSOE andaluz pero se olvidó de reemplazarlo, será que el candidato del PP no parece del PP, pero la única realidad, -que sabe hasta Tezanos- es que, si Moreno y Montero no la cagan mucho, Andalucía será el talón de Aquiles de Sánchez, él, Ulises vencedor de Héctor, puesto de rodillas a base de dispararle deudas vencidas que no podrá endosar a nadie. Maldito Paris, ese hedonista cobarde. Justo ahora que se veía capaz de vencer otra vez y le vencen los préstamos. Todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa.


 

Author: Gonzalo Vázquez

Periodista

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *