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La Granja obliga acometer obras de consolidación en Santa Isabel, el convento fantasma

Por cuenta del Banco Santander, nuevo propietario del inmueble, y en cumplimiento de disciplina urbanística del Ayuntamiento del Real Sitio, el desacralizado convento de Santa Isabel ha sido objeto de una intervención para asegurar cornisas y cubiertas, obras valoradas en unos 7.000€. A principios de 2018, con ocasión de la primera gran nevada del año, se hundieron diversos canalones, al tiempo que el viento levantaba tejas y los restos de nidos de cigüeñas, obligando al ayuntamiento a acordonar toda la acera del céntrico edificio, y ordenándose a la propiedad los trabajos de consolidación, que según fuentes municipales se han pospuesto hasta el verano por mor de no interferir en la pollada de las cigüeñas que nidificaban en el techo del convento.

Todo el acerado ha estado acordonado durante siete meses, con restos de todo tipo en las aceras, afeando el carácter patrimonial de La Granja. Finalmente se iniciado, en la primera semana de agosto, la intervención sobre las cubiertas y elementos flotantes en precario cuando no desplomados en el acerado.

Llueve sobre mojado en el “convento fantasma” de Santa Isabel. Desamortizado en la década de los años 70 del siglo XIX, pocos años después de su construcción en 1859, su última ocupación conocida fue de hogar del jubilado en los años  80 del siglo pasado. Posteriormente, el inmueble, que cuenta con un régimen de protección ambiental (básicamente algunos elementos exteriores de la fachada y un valioso artesonado en el interior), ha pasado por diversos propietarios, desde hosteleros segovianos empeñados en habilitarlo como restaurante, a constructores cántabros, para finalmente quedar en manos del Banco de Santander. En este tiempo, desde 2003 a la actualidad, Santa Isabel ha recibido hasta cinco sanciones de 25.000€ cada una por abandono de la propiedad. 125.000€ en total, el edificio más sancionado de todo el Real Sitio.

La monja de las llagas

Todo es bastante nebuloso en lo tocante a la historia de este “convento fantasma”. Empezando por su nombre. Se le conoce como Santa Isabel, por estar posiblemente bajo la advocación de la santa en tanto que patrona de la reina Isabel II, que fue la que financió la construcción allá por 1858. En el trasfondo está uno de los personajes más extraños de la extraña historia del siglo XIX, Sor Patrocinio, también conocida como “la monja de las llagas”. Monja concepcionista “bendecida” con el estigma de las llagas desde su juventud, aunque las investigaciones coetáneas probaron (posteriormente, la prensa católica de la época tildó de montaje dicha investigación) que se trataba de un fraude, este escándalo no fue óbice para que Sor Patrocinio se granjease de notable popularidad que tradujo en ascendiente político en la corte de María Cristina, y especialmente de su hija, Isabel II, reina que siempre le prodigó el favor real.

Tanto era este supuesto ascendiente (nuevamente la veracidad de este punto difiere en función de las fuentes, si liberales si católicas, que se consulten) que en el rigodón de gobiernos del reinado isabelino a la monja de las llagas le tocó emprender en varias ocasiones el camino del exilio o de la enclaustramiento forzado, del que más pronto que tarde volvía a salir por el favor real y por su aureola de milagros (apariciones de la Virgen, visiones místicas, curaciones milagrosas, hasta bilocación, al respecto el lector curioso puede consultar una hagiografía aquí).

El convento del Triunfo

Integrada en  la orden concepcionista, Sor Patrocinio impulsó una escisión reformadora creando la comunidad de las Concepcionistas de Nuestra Señora del Olvido, Triunfo y Misericordia (de la que había tenido visiones). Fue desde esta comunidad que Sor Patrocinio emprendió diversas fundaciones, siempre a la sombra de la corte, primero en Aranjuez y, posteriormente, en La Granja, donde con el dinero de la reina se construyó el convento de marras, posiblemente puesto bajo la advocación de la patrona real, y de ahí la popularización de Santa Isabel como nombre del convento, si bien en rigor se llamaba Convento del Triunfo de la Inmaculada Concepción. Fue la propia Sor Patrocinio la que dirigió la fase final de las obras del nuevo convento, que duró poco. Así, diversas fuentes refieren que “el Triunfo” terminó padeciendo el embate de la desamortización, aunque las Concepcionistas recuperaron posteriormente el edificio para venderlo en 1943.

Construido en granito y en un estilo historicista isabelino, llaman la atención sus mansardas de la cara norte, en madera y muy deterioradas por el abandono. En el interior, el impresionante artesonado. En algún blog refieren a Santa Isabel como el convento fantasma, e incluso se cuenta que alguna vez se ha oído en el interior del hoy abandonado templo el repique de campanas. Recientemente, la UME desarrolló en Santa Isabel diversos maniobras de entrenamiento para casos de derribo.

Fotos. Vista de los trabajos. Mansardas de la fachada norte. Estampita María Josefa de los Dolores Anastasia de Quiroga Capopardo, Sor Patrocinio. El artesonado isabelino. La UME, el pasado mes de marzo en la nave principal del convento.

Author: Cultura

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