La aprobación de los presupuestos del Ayuntamiento de Segovia para 2024 es una buena noticia para los segovianos. Las cuentas públicas, aprobadas en el pleno del viernes con los votos del PP y Vox, marcarán la hoja de ruta de la actuación del equipo de gobierno durante este año. No hay nada peor que no disponer de un camino que sirva de orientación para el desarrollo de la gestión, como ocurrió en 2023. Otra cuestión es que los presupuestos den respuesta a los problemas reales y puedan proyectar el bienestar de sus vecinos y la ciudad hacia el futuro. Los presupuestos de 2024 están bien trazados, pero mal definidos y llenos de contradicciones, por lo que difícilmente aportarán el valor añadido necesario a la ciudad.
Estos presupuestos en ningún momento abordan los grandes problemas estructurales que enfrentamos los segovianos. Si pudiéramos catalogar y jerarquizar los grandes desafíos de la ciudad, nos encontraríamos en primer lugar con el gran éxodo juvenil, como consecuencia de la falta de tejido empresarial e industrial; un notable déficit en la oferta de vivienda asequible, unido a la mala planificación urbanística de los últimos años, con enormes desequilibrios entre barrios; y un envejecimiento progresivo de la población, al que se suma un importante déficit de servicios, especialmente para el colectivo de mayores. A ninguno de estos problemas se les da respuesta con el necesario respaldo en la asignación de partidas. En este sentido, el presupuesto es continuista en el fondo con los presupuestos de ejercicios anteriores, aunque muy diferente en su enfoque formal.
El alcalde calificó el presupuesto actual como el mayor en la historia de la ciudad, con un valor de 77 millones de euros, lo que representa un incremento del 15,7% con respecto al último presupuesto aprobado. Sin embargo, existen dudas razonables sobre la disponibilidad de 3,3 millones de euros procedentes de enajenaciones de terrenos de difícil ejecución. Este presupuesto proyecta por primera vez una ejecución plurianual que abarca toda la legislatura en cada uno de los programas.
La confección de las cuentas del ayuntamiento para 2024 responde a un modelo asociado al despliegue de un Plan Estratégico, similar al que suelen definir y concretar las empresas de consultoría en el mercado. Se han definido de manera precisa unos objetivos estratégicos testimoniales y cinco líneas estratégicas de acción, a las cuales se han asociado mensajes como “Segovia, ciudad de futuro” o “las personas como prioridad”, que forman parte del mensaje de marketing. El problema radica en que no existe correspondencia entre quien diseña el presupuesto y quien debe ejecutarlo. Además, no se asignan fondos de manera adecuada para abordar las necesidades que surgirían de un análisis de fortalezas y debilidades.
Un proyecto político de desarrollo para la ciudad de Segovia requiere continuidad y estabilidad política a lo largo de los cuatro años del mandato municipal. Resulta contrastante el hecho de que se hayan definido asignaciones anuales y plurianuales para cada una de las líneas de trabajo, extensibles hasta el final del período, mientras se carece de un pacto de legislatura que permita abordar el proyecto político y generar confianza en la población y en el tejido social.
La estructura de gestión propuesta por el alcalde reproduce los errores de la anterior corporación y está orientada a garantizar la retribución de 14 cargos municipales, incluyendo cuatro portavoces, lo que conlleva un coste estructural anual de gestión de 648.000€. El ayuntamiento cuenta con suficiente infraestructura técnica de personal para impulsar la gestión de la ciudad. Con un alcalde y dos tenientes de alcalde, es más que suficiente para llevar a cabo el seguimiento y la dirección política del ayuntamiento. El resto de los concejales debe desempeñar su función representativa, y su intervención en la gestión, dada su falta de especialización en la mayoría de los casos, puede generar distorsiones en el quehacer diario. Tampoco tiene sentido una retribución de 32.000 euros para los portavoces de cada grupo, con una dedicación del 60%, lo que les permite compatibilizarlo con sus empleos, en caso de que los tengan, y ocupar el puesto con dudosa contribución al bien común, a la vez que profundizar la esclerosis institucional de la institución.
En este sentido, el objetivo estratégico de austeridad queda en entredicho, más aún cuando se ha proyectado un aumento de 420.000 euros para los grupos políticos, con los cuales se retribuye al personal eventual del partido, además de la generosa oferta pública de empleo para 2024 dirigida al personal común del Ayuntamiento. Es importante tener en cuenta que el presupuesto destinado a gastos de personal representa aproximadamente un tercio del presupuesto total, es decir, 28 millones de euros, mientras que la inversión no llega ni al 12 por ciento. Un proyecto innovador debería apostar por un nuevo modelo de función pública que promueva la especialización y mejora de la productividad, alejándose de los antiguos modelos administrativos de los años 60 del siglo pasado. Este enfoque choca con la cultura obsoleta de los partidos políticos que convierten la gestión municipal en un fin en sí misma, cuando debería ser un medio instrumental para el bienestar común.
Los presupuestos también contemplan partidas para el traslado de los servicios municipales al CIDE, una decisión valiente y quizás necesaria debido a la falta de espacio en las instalaciones municipales existentes, pero que parece haber sido tomada sin suficiente reflexión. Para llevar a cabo esta decisión, es crucial haber dinamizado previamente el casco histórico, que ya sufre de cierto abandono. No se puede justificar este movimiento argumentando que se absorberá un coste fijo de mantenimiento de 750.000 euros en el edificio de destino, ya que los costes de funcionamiento de los servicios municipales seguirán presentes, y la pérdida de actividad económica en los negocios del centro será mucho mayor. Lo más probable, y deseable en este momento, es que este traslado no se lleve a cabo en el año 2024. Siempre es necesario tener una visión amplia y la capacidad de rectificar es un signo de inteligencia. De lo contrario, el malestar será significativo entre los grupos afectados, y esto podría traducirse en un desapego de su voto natural en esta zona de la ciudad.
En cuanto al folclore político, hay poco que decir. La escultura de una aguadora, la conmemoración del 550 aniversario de la proclamación de Isabel la Católica, el refuerzo de las corridas de toros en las fiestas, e incluso la celebración de encierros, forman parte de una visión nostálgica y obsoleta que ya no se ajusta a los tiempos en los que proyectamos nuestro futuro.
El grupo de gobierno debería tener claro si quiere aferrarse al pasado o mirar hacia el futuro. Tiene muy pocas opciones, pero no puede renunciar al desarrollo y la implementación de un proyecto transformador y reformista que la ciudad de Segovia tanto necesita para garantizar un futuro próspero.














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