Con la columna “A Contraluz”, sumamos a la línea de opinión de Acueducto2 a Juan Luis Gordo, actualmente presidente de la Asociación Pluralismo y Convivencia Social y miembro de la junta directiva del Centro Segoviano de Madrid. Junto a una dilatada carrera en el ámbito de la alta administración, Gordo, ingeniero industrial, ha sido subdirector general de Sanidad y subdelegado del Gobierno en Segovia, suma también un destacadísimo papel en la política nacional. senador, diputado al Congreso durante tres legislaturas, en la última de las cuales fue secretario de la mesa del Congreso, así como secretario provincial del PSOE de Segovia. Hombre dialogante de izquierdas, con orígenes en Sangarcía, de donde fue concejal, Gordo nunca ha abandonado el activismo ideológico poniendo especial énfasis en los últimos años en el desarrollo de Segovia y la mejora del clima político, desde una independencia política que le convierte en un más que interesante intérprete de la política nacional y la realidad socioeconómica de Segovia, Castilla y León y España.
Basta con contrastar opiniones en nuestro círculo de amigos y conocidos para constatar un creciente malestar y desafección hacia los políticos y la política. Este fenómeno se extiende a todas las edades, clases sociales y territorios de nuestro país, y no es exclusivo de España. Para una parte significativa de la sociedad española, votar se ha convertido en una elección entre “el mal menor” o, simplemente, en una opción vacía que no representa sus valores ni resuelve sus problemas; o bien optan por no hacerlo. Muchos ciudadanos encuentran muy difícil identificarse con quienes, más allá de supuestos planteamientos ideológicos, siempre están enfrascados en luchas por el poder en beneficio propio, en lugar de intentar resolver los problemas que realmente nos afectan e interesan. La sensación de que las cosas no funcionan es común, y no debemos olvidar que la confianza en las instituciones proviene de su eficacia, lo cual influye en la cohesión social.
En el club de lectura de la Asociación Pluralismo y Convivencia Social, con sede en Segovia, que tengo el honor de presidir, tuvimos la oportunidad de debatir recientemente el libro del analista político Moisés Naím titulado La revancha de los poderosos. Naím sostiene que la polarización, el populismo, la crispación constante en el discurso público y la desinformación premeditada han contaminado la política. Yo añadiría también que los políticos no ayudan cuando convierten cada debate en una batalla campal y, en lugar de tender puentes, prefieren levantar muros. En ese juego, perdemos todos.
La crispación y la desinformación han calado en nuestras vidas. Estamos expuestos a un bombardeo constante de noticias, muchas veces manipuladas o directamente falsas, que minan nuestra confianza y generan hastío. En ese juego no solo participan los medios de comunicación parciales, sino también los partidos políticos, que son actores principales al utilizar estas tácticas para sembrar miedo o confusión. PP y PSOE han entrado en esa dinámica. Se atacan mutuamente con campañas agresivas y mensajes simplistas que no abordan los problemas de fondo, en lugar de escuchar e identificar las preocupaciones reales de la gente. Nos empujan a elegir bando como si fuéramos aficionados de un equipo de fútbol, fomentando así un comportamiento identitario que busca fidelizar el voto, al margen de las actuaciones y propuestas orientadas a resolver los problemas ciudadanos en los diferentes ámbitos institucionales y territoriales.
¿Hay solución? Creo que sí, pero no será fácil. Como dice Naím, es urgente que las instituciones recuperen nuestra confianza. Sin embargo, no se trata solo de un cambio en las reglas del juego; se necesita un cambio de actitud. Para ello, es preciso más diálogo y colaboración, dejar las trincheras y apoyarse en liderazgos consistentes, que no abundan. También es fundamental presentar información clara y fiable, lo que no está exento de dificultades en esta era de redes sociales repletas de intereses espurios. Asimismo, se deben desplegar políticas orientadas a dar respuesta a problemas como el de la vivienda, los salarios o el cambio climático, en lugar de centrarse en narrativas persuasivas y cortoplacistas diseñadas únicamente para facilitar el acceso y mantenimiento del poder. La acción política requiere vocación de servicio público y templanza, y no solo la adhesión inquebrantable al poder.
La desafección política en España es el resultado de un sistema que ha dejado de escuchar a sus ciudadanos y se ha ensimismado en su propia dinámica de poder. Para recuperar la confianza de la ciudadanía, PP y PSOE deben replantear su forma de hacer política, dejando de lado el populismo, el enfrentamiento y la manipulación, y apostando por una política de consenso y transparencia en los grandes temas de los diferentes ámbitos institucionales y territoriales. Si no lo hacen, corren el riesgo de seguir perdiendo a una ciudadanía que, cada vez más, se siente sin un hogar político en su propio país y que podría acabar refugiándose en posiciones extremas, como ya está ocurriendo en otros países y apuntan las encuestas.













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