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Patatas a la importancia

Turistas-Semana-Santa1La historia se repite, y un año más, mis ritos de Semana Santa me han llevado a la dura ocupación de turista por el tradicional tour segoviano. Y es que compete al segoviano putativo recibir en fiestas y puentes a amigos y parientes que, tras muchos años, finalmente cumplen la palabra dada y se plantan en Segovia, “a ver lo que hay por aquí”.

En esta ocasión era mi primo maño, al cual debiéndole yo favores de alcance, le preparé un pormenorizado recorrido por los atractivos locales, con especial énfasis en los gastronómicos. Aseguré el tiro, opté por lo castizo y acerté de pleno.

Lo hemos pasado muy bien, eso sí, embarcados en un maratón ultraproteíco que empezó, como se debe en Cándido. “Hazme quedar como un hombre”, le supliqué a don Alberto. Y cumplió con el proverbial cochinillo y Protos, un tostoncillo de anotar el nombre de rico que estaba. Todo ello con ceremonia del plato incluida, los niños flipando y orientales sacándonos fotos como si tuviéramos tres cabezas. Filosóficos, mi primo y yo comentábamos que a saber en cuantas mesillas de noche de Osaka, de Pekin o de Sichuan, estaremos de gañote, como anónimo fondo de una pareja abrazándose bajo el acueducto.

Cándido en forma. Terraza de verano inaugurada, doble turno y no cabía un alfiler, el viejo mesón era una procesión de cochinillos.

Previamente hubo recorrido por la Casa de la Moneda, donde todo fue bien menos para una turista, que embelesada ante un torno hidráulico no tuvo en cuenta el escalón y cayó cual fulminada por los dioses de los arquitectos. Un hostíon serio, de tobillo a la birulé por lo bajo. Y mención especial para el acompañante, que en tanto los demás atendíamos a su legitima y mi buen primo corría pasillo arriba a avisar a los encargados, el figura se dedicaba a tomar fotos del escalón con cara “de esta me forro”. Gente pa todo y pleito en ciernes.

Para el post Cándido optamos por el Alcázar, pero fui prudente y decliné el cargo de sherpa de ascenso a la torre en mi hijo, que ya va siendo mayor para tomar el relevo.

Patatas-a-la-importanciaA la siguiente jornada mi primo optó por Coca, citándonos a la tarde en El Chorrillo, Palazuelos. Mollejas, que acabado el ápate había que mirar el plato con gafas de sol de lo que refulgía. Mollejas y chipirones, y croquetas y verdel y jamón y tortillas, y de remate, viene mi señora, y unos callos. Como sería la cosa que mi otra prima, la catalana, que por estos regalos del destino vive a pocos metros de mi casa en Palazuelos, estando por salir de cuentas,  aquella misma noche alumbró una criatura. Felicitats Ceci (dígase Sesi)  y benvinguda Ilia.

En buena lógica, al día siguiente y en representación de mi prima y sobrina (fuera de Castilla los hijos de los primos son sobrinos), el maño y yo nos asestamos el remate en Casa Zaca, tras hacer hambre por los jardines, pues intuía yo que íbamos a necesitar hueco de la que se nos venía encima.

Les informo que la gastronomía segoviana castiza sigue pletórica. Las patatas “a la importancia” del mentado Zaca  deberían llamarse “a la trascendencia”. Los chicos se abalanzaron sobre ellas mientras mi primo y yo mano a mano con sendas raciones de patatas y otra de judiones. Nada, no quedó nada. Entran los segundos, chuletas para los menores y los caballeros, caldereta y cebolla rellena, sendos clásicos, que entre mi primo y yo fuimos devastando. Cebollas tan ricas como contundentes, de estas que marcan un antes y un después. Histórico.

Hinchados como globos, no tuvimos lo que hay que tener para afrontar la carta de postres (no así a nuestro alrededor, había que ver como se ponía un grupo de jubilados catalanes, eso sí, todos del calibre grueso), así que terminamos con un helado, café y copa frente a la Colegiata. Haciendo por la vida, que dice el lesionado Toño de Torre (que te recuperes pronto). Muy buenos días, pues, en óptima compañía. Y ahora sí, a por el ayuno, que me voy a tirar con espinacas y borrajas hasta la Pascua Florida.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. Pues no olvide tomarse unas torrijas en la ‘Tropi’, remata usted su ciceronada. No hace falta que sea con un chocolate, con un cafelito vale ¡Buen provecho! y ¡Salud!

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