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Manga por hombro

No sé si es la tranquilidad de haber logrado la aprobación de los presupuestos o que la alcaldesa, Clara Luquero, ha caído por fin en la cuenta de que las costuras del Ayuntamiento que dirige se están abriendo hace tiempo y en algunos departamentos —Obras, Personal, Urbanismo…— están dejando la chaqueta para hacer trapos y ha decidido resignarse.

Le confieso también que no sé si me cabrea más cuando escucho una promesa increíble, por ejemplo para afirmar en la cara del micrófono plazos de imposible cumplimiento sobre cualquiera de los proyectos gordos abiertos hace años, o cuando la regidora, como hizo el jueves, se entrega a la resignación y convierte los errores en “cosas que pasan” y que simplemente hay que dejar que ocurran. A ver quién lucha con el destino.

En los últimos días se han caído los telones de distintas funciones y el Gobierno local ya ni se preocupa de andar con el calendario en la mano, que lo está diciendo muy claro: “cuando sea, será”. El Peahis ya no tiene plazos de terminación “que no me atrevo según están las cosas”, dice Luquero nada más comerse el sapo de rectificar la, digamos, “información equivocada” que suministró a los periodistas cuando les dijo que había mandado el documento a la Junta, un “error”, por cierto, muy oportuno para derivar a terceros responsabilidades sobre los retrasos y que habría colado si no fuera porque su paso por la Junta de Gobierno Local convirtió la fecha en la que se hizo el trámite en un asunto público.

En lo del uso educativo-tecnológico del Cat por los danzarines del Alicia Alonso, por fin se reconoce lo que todo el mundo daba por hecho hace tiempo, que la cosa tiene mala pinta tras la marcha obligada, por copión, del rector de la Rey Juan Carlos, Fernando Suárez, el que apareció en la foto cuando se vendió la moto aquella que ayer tenía carácter institucional, al margen de quien ocupara los cargos y ahora resulta que era un compromiso personal con Suárez y ya se abre la posibilidad de albergar allí ¡Cursos de verano! e incluso ¡Viveros de empresas! como alternativa de uso a un edificio de más de 20 millones de euros. Vamos, que estamos como hace un año, sin saber qué hacer con la obra de Chipperfield.

Lo de los autobuses urbanos —Tussa, la empresa aquella que estuvo varios lustros con contratos y autobuses prorrogados se llamaba Tussa. Ya me voy acordando de aquella época— se queda sin fecha, ni siquiera inventada como hasta ahora, que se ha metido por medio el malandrín de Montoro y un Real Decreto es un pretexto adecuadísimo para mantener la estrategia de “las administraciones no me quieren” que tanto se estila aquí.

La estación de autobuses, pues ya si eso, que llevan un mes metiendo tornillos gordos donde alguien había planificado finos o al menos eso se cuenta, pero el caso es que en esta ciudad el autobús se sigue cogiendo en la calle; la avenida de la Constitución amplía cada día su catálogo de desperfectos, que es lo que pasa cuando obligas a “los técnicos” a adaptar un proyecto que necesita una inversión de dos millones a un tope de 700.000 euros y se acaba haciendo una de Pepe Gotera…

Todos, todos los proyectos de calado previstos para el actual mandato —algunos ya lo estaban en el anterior— tienen problemas y andan enfangados en arenas movedizas de esas en las que es mejor estarse quieto como una estatua porque si mueves un dedo te hundes un poco más. Pánico me da la renovación del servicio de limpieza urbana que está por llegar.

A ver. No juzgo a profesionales —quizá alguien debía hacerlo— pero “los técnicos” no es un ente. Es un conjunto de empleados municipales de preparación certificada por sus conocimientos, titulaciones y pruebas de acceso, así qué se hace difícil, muy difícil comprender por qué un trabajo “muy técnico porque tiene planos y catalogaciones” (Luquero dixit) como el Peahis necesita que vengan otros profesionales —llevan ahí desde hace seis años, encadenando contratos como el autorizado el jueves— del mismo nivel, estos en empresas privadas, se supone que a solucionar el asunto. O no, a la vista de los resultados.

Precisamente, el departamento de Urbanismo, se felicita por ello la propia alcaldesa, se ha reforzado notablemente en los últimos tiempos con ascensos, descensos y nuevas incorporaciones —más o menos acertadas, según a quien pregunte— para lograr el equipo actual, al que hay que suponer sobradamente preparado para las tareas propias del Área. ¿No?

Pues si el equipo de funcionarios es bueno pero sigue fallando estrepitosamente, solo queda pensar que la pata que falla es la de la dirección política del asunto e invitar a la alcaldesa a reflexionar sobre la potestad inherente a su cargo de decidir sobre quién delega las competencias de cada departamento y a quien se las retira.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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3 Comments

  1. Qué pena don Fernado que en vez de Chipperfield, no hubiera sido Copperfield el autor del proyecto del CAT, lo podría hacer desaparecer. ¡Qué cómo lo ve!

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  2. Que desastre, que tomadura de pelo, con que equipo se presentó a las elecciones.. Cuando se va a enterar que el Sr.reguera es un incapaz.

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