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La política y la gestión de la culpa

Pacto para la reconstrucción, ha dicho Pedro Sánchez. Y claro, el personal se ha empezado a reír desde el minuto uno. Qué pacto ni pacta, menos mal que la macrocumbre (partidos, autonomías, fuerzas sociales y pintamonas en general) será por videoconferencia, que si no acaban a escupitajos.

La idea ya venía sonando y tengan presente que todas y cada una de nuestras “flaquezas sociales” llevan días pensando en cómo cargar sobre el rival el cabreo social que comportará el nuevo fracaso de esta enésima iluminación.

No es nuevo, llevamos ya años en que la política no es sino pura gestión de la indignación.  No les importa que estemos indignados, al revés, cuánto más indignados mejor y más manipulables. Lo que les importa es convertir al otro en el chivo expiatorio de ese cabreo social.

Y esto es así por varias razones. La primera y más importante es porque nuestros políticos son todavía más cutres que nosotros.  Por otro lado, por mecanismos largos de contar, las sociedades se han apartado de la racionalidad y apostado por “la emoción” como verdad última de las cosas. No importa que un político diga blanco o negro, importa que emocione, que impacte, que incida sobre nuestro cerebro reptiliano. Y como sea que odiar y despreciar es más fácil que querer y disfrutar, nuestros políticos -todos- se entregan con denuedo, bien directamente bien por medio interpuesto, al desprecio al otro. No saben hacer otra cosa.

Pero también pasa… ¿qué es la verdad? Pues no es tan fácil. Decía Mencken “para todo problema existe una solución simple, plausible… y equivocada”. ¿Vamos a salir de la presente crisis repartiendo culpas o articulando soluciones? Lo segundo. Pero, amigos, lo segundo no es nada sencillo y lo primero sí, que además da réditos políticos.

Felizmente y en lo que toca al frente sanitario, luchar contra el Covid19 tiene unas estrategias claras que pasan por minimizar contagios y redimensionar hospitales a la espera de fármacos y vacunas. Salir del enorme hoyo económico, en cambio, en que nos ha metido el virus va a requerir ingentes cantidades de dinero.

Me hace gracia ver a políticos de este y otro signo caer en las mismas fórmulas mágicas. Condonar las cotizaciones de autónomos, los alquileres, las hipotecas, rentas universales, y paga triple para los médicos. Eso está muy bien, pero cuando se habla de “ingentes cantidades” de dinero la pregunta no es “a dónde” sino “de dónde”. ¿De dónde sale la pasta? ¿Quién paga? No hay más.

Con un problema, los europeos tenemos sindicada la política monetaria. No podemos ponernos ni a emitir billetes por fajos ni apalancar deuda sin un gran acuerdo europeo. Donde se enfrentan además los modelos norte sur. Son problemas de calado y no vale culpar a los alemanes y holandeses de avarientos ni que ellos nos culpen de gandules manirrotos. Simplificando mucho, ponte Holanda, que vive del comercio mundial. Es normal que su eje sea una moneda fuerte con mucha capacidad de compra. Ponte España, con un 12% del PIB que emana del turismo y que vive de exportar barato, un euro alto nos merma competitividad. Es por eso que la respuesta de la UE siempre es débil y decepcionante: demasiados intereses nacionales contrapuestos. Y sin embargo, nos necesitamos.

Vale, Europa no se va a comer el marrón, o al menos, no la mayor parte. ¿Quién pues? Si no puedes “fabricar” más dinero te toca “ingresar más”. ¿Me siguen? Impuestos, recortes de pensiones, de funcionarios… Es la política de austeridad, con sus ventajas (que las tiene) pero también sus enormes distorsiones. Ricos más ricos, pobres más pobres.

No existen soluciones milagrosas. Pero, y en esto Piketty tiene toda la razón, el Sur debe empezar a meter en la agenda una nueva fiscalidad basada no en las rentas del trabajo sino en el capital. Impuestos al activo financiero, a la transferencia, aranceles sociales y ecológicos… En suma, una nueva fiscalidad que sirva a los fines de todo impuesto, la redistribución y la mejora de la productividad. Seguir apegados a impuestos nacionales que apenas arañan al verdadero capital internacional, seguir apretando el IVA, al IRPF, las cotizaciones a la SS como principales vías de financiación de lo público, solo  sirve para socializar la miseria y destruir la clase media. Así solo se genera pobreza.

Se habla estos días de la reedición de los Pactos de la Moncloa de 1977. Es bueno recordar. En realidad, tales pactos redundaron en reconocer un puñado de derechos civiles que ya eran un clamor en la calle. Legalizar los anticonceptivos, el fin de la censura, la despenalización del adulterio, en realidad eran caramelillos para facilitar que los sindicatos digirieran una flexibilización del despido. Lo gordo de los pactos fue un acuerdo amplio para una contundente reforma del sistema fiscal que posibilitó movilizar los fondos que precisaba España para modernizarse y construir un Estado del Bienestar. Han pasado 42 años. Quizá ya va siendo hora. Pero yo de todo esto tan obvio no oigo ni palabra. Solo escucho “Rascayú Rascayú, que la culpa la tienes tú”. Ellos no dan para más… pero usted verá si quiere ser corista de tamaña tropa.

Pactos de la Moncloa, 1977.

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. ¿Pero como no va intentar el “bobierno” de mediocres inútiles, no solo “repartir” las culpas, si no cargarle las culpas a “otros”, si hay 9 millones de bobos?

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  2. Magnífico artículo y excelente secuencia de apreciaciones, Sr. Besa.
    Todos sabemos que la humanidad, y muy especialmente en España, es muy dada a buscar antes culpables que soluciones, simplemente porque resulta más sencillo. Esa actitud animal nos sale especialmente cuando el impacto es negativo y brutal, como el que vivimos, y en líneas generales, resulta injusto y perjudicial para todos.
    En este escenario, quien tiene que tomar decisiones lo tiene complicado y seguramente cometa muchos errores de precipitación en el camino de la solución. Este legítimo eximente salta por los aires cuando las decisiones mal adoptadas vienen precedidas de dos EXPERIENCIAS PREVIAS: la china, que percibieron aquí sin peligro dada su lejanía; y la italiana, adelantada un par de semanas en un contexto social muy similar al español.
    Si a estas alturas puede reprocharse algo a los políticos que nos gobiernan (PSOE-UP, con sus siglas)y a los comités técnicos que los asesoran (los haya nombrado quien sea), es que NO SE ANTICIPASEN a los acontecimientos con toda la información procedentes tanto de la OMS como de esos países, y mantuviesen durante semanas un discurso displicente, en aras de no “alarmar a la ciudadanía”, como si el mal hubiese sido la alarma y no el virus… no caben “capitanes a posteriori” ante este contundente hecho.
    Lo malo de todo esto, además de las lamentables defunciones de decenas de miles de compatriotas, será que, en pocos meses, la pandemia y el confinamiento no pasará de un mal recuerdo individual o un buen escenario para guiones de cine hollywoodiense o vallecano.

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  3. Jajaja Piketti lo que faltaba. Pagar impuestos debería considerarse alta traición. Negarse a pagar impuestos es el primer deber de cualquier ciudadano. Karl Marx
    Cómo cambia la cosa.
    La responsabilidad de los muertos por el virus chino, la tiene este Gobierno arrogante, irresponsable, inútil e incapaz. Qué se puede esperar de los socialistas y comunistas. Chernovil.

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