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La Gran Enciclopedia de Valtiendas

Nunca un pueblo tan pequeño tuvo un tratado tan extenso, una enciclopedia con todas las letras, 500 páginas y 3.400 entradas. Es el Diccionario de Valtiendas y Duratón, de lo particular a lo general, en el que su autor, el maestro jubilado Mariano Fuente recopila desde una perspectiva sentimental antes que erudita todo lo que se le ha ocurrido sobre su amado pueblo: Valtiendas.

Fuente es filólogo, así que hace 10 años “empecé el típico trabajo de recopilar los localismos, esas palabras que solo se usan en el pueblo y que se van a perder si no se han perdido ya”, explica. Son juegos del lenguaje, que surgen como un chiste, o que alguien se inventó para precisar algún uso lingüístico del que desconocía la palabra correcta o no existe. Vean “macollón“, que en valtiendés equivale a “raíces de algo que hay que arrancar”. Otro “maculitos“, dícese de “la patada en el culo que se daba al que perdía en algún juego”. “No andes coreto que hace frío”. Lanzar una pelota “a machote” es golpearla por encima del hombro: “a sobaquillo“, por debajo del sobaco.

Pero localismos de este tipo hay pocos. No daban para un libro. Y Mariano optó por alargar el diccionario con refranes (“si llueve en enero, si llueve en marzo, a la cubas con un mazo”, o añadiendo palabras que sí que existen pero que, por a por be, en Valtiendas tienen un uso particular. Verbigracia confite, la principal por no decir única chuchería que se estilaba en los 40, una bola de azúcar anisada que despachaba el “confitero”.

Sin embargo, aquello no acababa de satisfacer a Mariano, así que empezó a añadir entradas a su bola que de algún modo evocaban situaciones que a su vez nos dan idea de un mundo perdido, el mundo de la España vacía, el del agro antiguo. “Porque es que fue tremendo. Todo aquello se perdió cuando llegó la tele y los tractores, entre el año 1965 y 1968, todo ese mundo desapareció. Solo quedaba el recuerdo”. Es así como el diccionario termina siendo una evocación de la infancia y juventud es un mundo que ya no es, la Castilla agraria previa a los tractores, la de pueblos llenos de gente que un día para el otro hacía la maleta y se marchaba a la ciudad. Y así hasta que quedaron 10.

Bodegas abandonadas en Valtiendas.

Así, en el diccionario nos encontramos artículos como “Kennedy“, dedicada más que al presidente americano, a un profesor que cierto día cogió a la clase y se la llevó a ver en la tele del pueblo un crucial mensaje del mandatario. El hombre estaba fascinado por Kennedy, hasta el punto de darle el dinero al cobrador del coche para que le comprara el Lecturas y estar al día. Porque esa es otra, Valtiendas no es cualquier Castilla, es una de las Castillas más aisladas de Castilla, unida al mundo durante décadas por el cordón umbilical del coche de línea y los esporádicos arrieros que trazaban los caminos.

Crónica sentimental de la España vacía

Y es así como, tras diez años recopilando historias, van saliendo entradas, algunas enormes, de 30 páginas, como la Rueda del año, en la que se describe el calendario del pueblo a lo largo del año. O la historia de Plácido y sus latiguillos.

Plácido fue auxiliar de Franco en la Guerra de África y decía del general que “era muy valiente”. Hombre simple y sencillo, Plácido gustaba impresionar a los chavales del pueblo. “Solo en herramientas tengo un capital”, decía. Aunque su tema favorito era África, que conocía de arriba a abajo. “Africa tiene estas ciudades, Ceuta, Tánger, Tetuan, Punta Arcila, Melilla y… las Tetas de Nador”. Suya es también una curiosa teoría filosófica que lo explica todo: “Lo que es la atmósfera“. Dice Mariano “por ejemplo, si a alguien le tocaba la lotería, Plácido replicaba lo que es la atmósfera, latiguillo entre admirativo y socarrón que usaba a la menor ocasión. Eso se nos quedó a los de nuestra quinta y cuando pasa algo inusual pues decimos, lo que es la atmósfera“.

Lógicamente tratándose de este apéndice de la Ribera del Duero en tierras segovianas, abunda el léxico vinícola. Y también del oficio de herrero, del que la familia de Mariano dependía. Los mil y un tecnicismos que rodeaban la viña o la fabricación del carro.

Se obtiene así un libro singular, que trasciende el mero interés localista para dibujarnos un ensayo tematizado de la España vacía así como la evocación de una infancia y juventud, que por el cambio del contexto, parece extraída de otros siglos. Sin internet, sin coches privados ni viajes a la ciudad, sin apenas consumo. Etnografía, crónica sentimental, ironía…

Editado por Derviche, el Diccionario de Valtiendas y Duratón se ha beneficiado también de un crowdfunding casero, hijos de Valtiendas, amigos, que han anticipado la compra del libro para posibilitar este curioso e irrepetible libro.

Mariano Fuente.

 

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Author: Cultura

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