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Hermanos de puchero

HospicioDestacado

Foto de familia premiados y menciones de honor del certamen.

El primer concurso de relatos de la Residencia Provincial de Segovia, el hospicio, hoy cuartel general de IE University, ha germinado en 54 relatos sobre vivencias, recuerdos de los miles de segovianos a los que la vida llevó de niños al viejo convento de la Santa Cruz. El concurso dará paso a un libro que saldrá a la imprenta en 2014.

Son dramas tremendos, arrancados de las mejores novelas de Delibes, como el que tuvo la desgracia de afrontar de niña Lorenza López, víctima que fue del crimen de Valdeprados en los 70, e historia merecedora del tercer premio. Dramas pero también historias de compañerismo, de amigos que el último día en el hospicio se emplazan a reunirse en el mirador desde el que divisan la ciudad tal día dentro de veinte años; no falló ninguno. Y es que como dice Miguel María, ganador del certamen por su relato “Yo estuve allí”, “es cierto que, a diferencia del resto, nosotros nos criamos fuera del entorno familiar, algunos no teníamos madre, o padre… Pero eso no quiere decir que no tuviéramos familia, al revés, éramos la familia numerosa más grande; hermanos de puchero, nos llamamos aún, y éramos cientos”.

Hospicio3Vivencias cotidianas
En su relato, Miguel María habla del frío glacial que invadía los pasillos del hospicio, pero también de partidos de fútbol, de la escuela, de las salidas por la ciudad. Miguel residió en el hospicio de Segovia durante 13 años, de los 5 años a los 18, de 1965 a 1977, año en que la Diputación cerró el establecimiento y abrió el Antonio Machado en La Lastrilla. El hospicio era un micromundo, en el que los alumnos comían, dormían, jugaban y estudiaban desde las primeras letras hasta aprender un oficio del que vivir. “Si valías para el estudio te mandaban al instituto”.

Pero tras cada residente suele haber un revés del destino, la muerte de un progenitor, ruinas familiares… Si bien pocos casos tan estremecedores como el de Lorenza y sus tres hermanos, historia galardonada con el tercer premio y que no me resisto a sacar a colación.

El crimen de Valdeprados

Corría 1970. A los 7 años, Lorenza y sus tres hermanos dejaron Bedmar, en Jaén, para siguiendo a sus padres empezar una nueva vida en Valdeprados. Su padre, Lorenzo, había encontrado trabajo en una finca del pueblo. Todo iba bien. “Al año, los propietarios decidieron despedir al guardés y poner a mi padre. El guardés, celoso de mi padre, se fue a los corrales con una escopeta, allí estaba mi padre, le pegó un tiro y lo mató. Con el escándalo apareció su mujer, que le gritó qué que barbaridad era esa, también la mato. Luego cogió el tractor y se entregó a la Guardia Civil de Otero de Herreros”, explica Lorenza. A la viuda no le quedó otra que ingresar a sus hijos, de 9, 8, 7 y 4 años, en la residencia y ponerse a servir en Madrid. Cada fin de semana volvía a Segovia a ver a sus hijos. “Mi hermana mayor lo pasó fatal, le pesaba la responsabilidad de tener que cuidar de todos nosotros. Yo no guardo mal recuerdo”, recuerda Lorenza.

Hospicio1La cosa no acabó allí. El guardés trató inicialmente de vestir su crimen como un asesinato pasional, en aquel entonces, un atenuante, y que no daba lugar a indemnizaciones. Y así se estimo en primera instancia. Pero la viuda no desistió, siguió litigando hasta conseguir en 1976 que la justicia reconociera la muerte de Lorenzo como “Accidente laboral” (así se titula también su relato). “Con el dinero que le dio Mapfre mi madre vino y nos sacó del hospicio”. El tenaz abogado de la viuda Manuel fue González Herrero. Ayer, su hijo Juan presidió el jurado del certamen. Una iniciativa que evoca nuestra capacidad de salir adelante, de encontrar siempre el lado aleccionador, esperanzador y radiante de la vida.

El certamen literario fue organizado por la Asociación de Antiguos Alumnos de la Residencia Provincial y ha contado con el apoyo de Caja Rural y Diputación de Segovia. Obraron como jurados, Joaquín González-Herrero, Carlos Rodríguez (editor de la Uña Rota), Puri Bravo (redactora de El Adelantado), David Pinillos (cineasta), el ensayista e historiador Juan Manuel Santamaría, y la monja Sor Remedios Velázquez.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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