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El mercado romano de Segovia pasa balance: mucha gente y muchas críticas

Segovia ciudad cerraba su primera feria romana con un balance claro: mucha gente y muchas críticas. El Ayuntamiento de Segovia, en un comunicado, hacía valer lo primero, explicando la gran participación del evento, con cerca de 40.000 visitantes en tres días, así como la satisfacción por la suerte comercial del evento entre los 107 paradistas.

Si esa es la cara la cruz es el aluvión de críticas. Empecemos por las estéticas, porque ciertamente la estética y disposición de las paradas redundaba en un totum revolutum de carpas amontonadas junto al acueducto. “Parece un campamento de refugiados”, me decía un amigo, y lo contraponía a que el barroco de La Granja (prácticamente con puestos calcados), presenta una disposición más lineal de las paradas, más armónica y esponjada, si me permiten la expresión.

Tirando a cutre

Bien es verdad que eso es cuestión de gustos, habrá a quien (yo por ejemplo) guste de este tipo de caos tirando a cutre y que lo prefieran a otros mercadillos que unifican la imagen y sirven una postal de casitas de madera, casitas contenedor del mismo colorcillo y forma, que sin embargo, parece que gustan más al votante medio. (Los amigos de lo cutre somos minoría).

Otra cosa son los eventos y la ambientación, que como en la totalidad de este tipo de mercados, es tontería pura sin otra pretensión que atraer turistas no precisamente doctores en historia, ni mucho menos ganar un Max a la dirección escénica. (Vale, se dirá que los desfiles de tercios de La Granja son más bonitos, ¿pero alguien se ha parado a pensar qué pinta en la borbónica Granja una formación militar del tiempo de los Austrias, ¿verdad que no?, pues eso…)

Pero la gente es como es y en Segovia parece especialmente crítica con estos amontonamientos (anti)estéticos. “Una imagen denigrante y esperpéntica, un atropello para el acueducto”, clamaba Noemí Otero, que sabedora de que, en general hay mucho que criticar en el Segovia decus Romæ, salía la primera a la arena de los medios para abanderar la causa anti-Roma.

Problemas con las ambulancias

También tildaba Otero al mercado de “irresponsable”  (tercer adjetivo peyorativo de su intervención). Y esta vez con menos subjetividad apuntando a los problemas que han tenido las ambulancias para sortear la muralla de paradas cuando ha surgido una emergencia. Hay al menos dos casos de de ambulancias que tuvieron que dar la vuelta ante la imposibilidad de usar el paso de emergencia. Incluso circula un vídeo al respecto. Crítica que tiene el agravante de que para rechazar el montaje de eventos similares en muchas otras ocasiones el consistorio ha puesto el énfasis -precisamente- en los problemas derivados para el paso de emergencia. El propio Mazarias explicaba en la inauguración que todo estaba perfectamente previsto. Pues no.

Balance económico

Otra crítica recurrente es que el mercadillo no va a favor del comercio local. Sus puestos de comida callejera no ayudan al balance de los restaurantes. Frente a esto, la nota del ayuntamiento señala que el objetivo era “dar oferta distinta de ocio que pusiera en valor el pasado romano de la ciudad de Segovia a través del principal testigo de aquella época: el Acueducto. Durante este fin de semana, los ciudadanos han podido disfrutar  una alternativa de ocio diferente para el mes de agosto”. Cabe pensar que cuando el consistorio hablar de poner “en valor el pasado romano” se referirá a las charlas celebradas en el Mariano Quintanilla. La oferta de “ocio diferente”, por contra, pues tiene su razón de ser.

Pero el tema más llamativo, y en esto coincido plenamente con el sector crítico y Noemí Otero, son los dineros. En general este tipo de eventos se montan para hacer caja, o por lo menos para que, a cambio de animación callejera y un plus de atracción turística, el coste sea nulo para la localidad anfitriona. Aquí no. Segovia Decus Romae es una serie de tres ferias que, por 14.000€ en total, el Ayuntamiento de Segovia ha contratado a una empresa de Salamanca para este 2024. Luego, la empresa concierta con los artesanos un pago, de donde el negocio es redondo y sin riesgo. Es como si en el pueblo pagamos al del bar para que monte la barra el día de la verbena.

En definitiva, sí, la presencia de gentío es evidente y eso siempre apareja un mayor giro de negocio… ¿pero para quién? Habrá que resignarse con la explicación que da el ayuntamiento: “montar una oferta de ocio alternativa”.


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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