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Edificios del Siglo XXI que envejecen Segovia

La ciudad antigua, al fondo, a través de las ventanas de la nueva biblioteca pública.

La ciudad antigua, al fondo, a través de las ventanas de la nueva biblioteca pública.

Me gustan los edificios nuevos. Son espacios que prometen miles de comodidades, más si conoces de antemano las carencias y vicios de los viejos inmuebles a los que van a sustituir. En la misma semana me he imaginado a mi mismo entregado a la lectura de miles de libros en espacios cómodos y luminosos y me he visto explicando mis asuntos laborales sin que se entere de ello nadie más que el funcionario que me atiende y no todos los que están a mi alrededor. ¿Qué quiere? Me gustan los edificios nuevos de inversiones millonarias.

Suelo contemplar, divertido, esa parte del papel de los políticos inauguradores, que con mayor o menor donaire —me quedo, de largo, con el secretario de Trabajo por encima del de Cultura— vienen aquí a hacer gala de “sus” logros como gestores exhibiendo con escaso disimulo el logo de su partido, tarea en la que se empeña una corte de electos y designados, que conforman la decoración.

Que sí, que doy la razón al socialista Juan Luis Gordo cuando califica las visitas a nuevos edificios de esta semana como actos esencialmente electoralistas (meses llevan cerrados y concluidos esperando este momento), pero seguro que en privado me reconoce que es porque lo hacen “los otros”, que si él pudiera… ¿No fue Zapatero el que inauguró el AVE dos meses y medio antes de las elecciones de 2008 y lo hizo el día de la lotería? Seguro que el socialista se acuerda, que entonces era subdelegado del Gobierno.

Es obvio que la conclusión de una infraestructura como la gigantesca biblioteca —el otro día, dos viejas (por ásperas) me llamaron hortera por hablar de la alteración en el skyline de la ciudad, yo qué sé, desde el Postigo— que puede llegar a antojarse a primera vista por encima de las necesidades reales, es una excelente noticia: Nos da la sensación de que el Estado se ha acordado de nosotros, vemos modernizarse nuestros servicios y presenciamos el desarrollo efectivo de la ciudad llenando un poco más un nuevo barrio, que ya sabe que aquí completar eso cuesta más de tres décadas.

Pasa lo mismo con la sede del INSS, un inmueble con menos alharacas de arquitectura visual (este concepto lo acabo de inventar, pero espero que sirva para diferenciar el exceso, hijo de los tiempos del derroche, de la sala de lectura, frente a la práctica funcionalidad del edificio administrativo) pero que también evoca modernidad al segovianito de a pie, poco acostumbrado a que le recuerden con sus edificios que vive en el siglo XXI.

Patio central del edificio, cuyas dependencias se distribuyen en tres plantas.

Patio central del edificio del INSS cuyas dependencias se distribuyen en tres plantas.

Grandes filas de estanterias, en el hall principal de la Biblioteca.

Grandes filas de estanterias, en el hall principal de la Biblioteca.

Como ve, las zonas de desarrollo de la ciudad, el barrio de Ciudad y Tierra y su unión al de Nueva Segovia, comienzan a acaparar los grandes edificios administrativos, algo que se hará más evidente una vez que se erija el edificio de los juzgados, se complete el edificio de bomberos, sin fecha, y otros que están por venir.

Si, ya llego a lo que lleva un rato pensando: cuando ocurren estos traslados —ojo, llevan años anunciándose y solo nos hemos puesto e posición de defensa con las manos cubriendo la cabeza— atrás queda un casco antiguo cada vez más vacío de la actividad funcionarial y administrativa que a fin de cuentas y con permiso de los turistas asiáticos, son los que generan actividad a diario en el casco antiguo.

Porque vamos a ver. Seguro que en el Ayuntamiento tienen grandes ideas para mantener viva y a tope de actividad la vieja biblioteca que en breve les van a entregar. O no, que me preocupa que hasta ahora todas las referencias que los gobernantes hacen al futuro son demasiado vagas y temo la improvisación. También querría estar seguro de que, tras pagar 1,8 millones, el Ayuntamiento se pondrá inmediatamente manos a la obra para que el mazacote de la plaza de la Reina Doña Juana se llene de actividad como si el INSS nunca se hubiera ido aunque ¿por qué sospecho que va a pasar “algún tiempo” (el concepto se mide en lustros aquí) antes de que eso ocurra?

No me pida que le de soluciones mágicas para que podamos quitarnos esa imagen que ambos tenemos ahora mismo en la cabeza de calles vacías, edificios sin uso y monocultivo de restaurantes y hoteles. (Yo, para darlo más dramatismo, pongo la imagen en blanco y negro en un día ventoso y mojado de febrero).

Sí tengo claro que el asunto pasa por facilitar la vida al residente, su movilidad y su aparcamiento; su abastecimiento y alimentación; su calidad de vida y derecho al descanso, pero sin olvidar que si la zona va a acabar siendo espacio para la cultura, pero también para el esparcimiento y la diversión, debe cuidarse (no es fácil) la compatibilización de la vida residencial con la diversión. La diurna y la nocturna.

Sí, si. He dicho actividad nocturna. Eso no es necesariamente ruido y borracheras a altas horas de la madrugada. Hablo más bien de una oferta de diversión civilizada que pueda tentar a un visitante tipo de menos de 45 años (por encima de esa edad, las motivaciones son otras) a prolongar su estancia en la ciudad un par de noches más. ¿He mencionado a la bicha? Quería hacerlo.

Ya que estoy entre serpientes, pues lo voy a decir: la práctica totalidad de recintos históricos que conozco, dentro y fuera de España en los que se ha peatonalizado la zona, —además de otras medidas revitalizadoras, imprescindibles— han reverdecido laureles y se han convertido en polos de atracción de ciudadanos, de día y de noche. En algunos, a veces, hasta inauguran edificios nuevos.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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