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Diario de la cuarentena: “¿Tío, podré salir a tirar petardos?”

Tío petardos. Para mis más pequeños sobrinos yo no soy un cualquiera, no. Soy el “tío petardos“. Todo porque en fiestas señaladas compro mercancía y siguiendo una ancestral tradición les enseño a tirar petardos.  Como sea que hay por aquí mucho comentarista quisquilloso aclaro que en mis labores de adiestramiento utilizó munición infantil homologada, nada de bombas caseras, nada de acumular ladrillos, vidrios y metralla bajo medio kilo de bien prensada pólvora (y eso que tengo el título de Ciencias de la Educación, lo juro, como compañero de clase que fui del ministro Illa, con el que comparto titulación). El caso es que en mi última llamada familiar mis muy emocionados sobrinos me informan que el domingo, tras cuarenta días de arresto por la cara, tras cuarenta interminables días cantando las mismas irritantes canciones y pintar las mismas borrajetas de chalado, van a poder salir a pasear. Y la pregunta es obligada, “tío, ¿podré tirar petardos, verdad?”. Me la veía venir, y he consultado el BOE,  así que le digo “Sed hoc non est, non est quod in lege -introduzco un teatral hmmmm que me inviste de la autoridad propia del tío petardos y añado:- pero no es aconsejable sobrino. Es tu primer día de la condicional, ¿no querrás terminar declarando ante la Guardia Civil“, replico. “O sea que no”, dice decepcionado. “De momento, no”. “¿Y el lunes?”.

El Gobierno va de culo. ¿El lunes? Me tiro el pisto y le digo al sobri, “soy periodista, lo consultaré con Pablo Iglesias“. No creo que a tan tierna edad tenga el gusto, pero la didáctica apelación al colectivo del vicepresidente tal vez le ha granjeado cierto caché entre el parvulario. “Niños y niñas, a veces los mayores la cagamos” (no dijo eso, que conste, dijo “cometemos errores”). Y tanto que sí. La verdad es que el sainete de primero decir que los niños podrían ir al supermercado y al banco (¿a qué? ¿a contagiarse?), para las pocas horas decir “niños y niñas, a veces cometemos errores” y anunciar que podrán ir con pelota, patinete y bici, es de esas cosas que te hacen pensar: Vamos a morir todos. En una guerra se precisa liderato. Yo entiendo perfectamente el desconcierto de esta gente (de toda, también la del PP de la Junta, también de los científicos), estoy convencido de que quieren lo mejor de lo mejor para este país. Pero no acierto a explicar cómo no ven la necesidad de liderar esta situación con un poco de cabeza. Si el 14 de marzo se dice “os vamos a confinar”, no se espera uno a dos días después para sacar la normativa y a última hora tras un día entero de debate, publicar el BOE. Te plantas ante la gente con el BOE bajo el sobaco. Si una medida tan trascendental como sacar a los niños se considera adecuada no vas amagando por la mañana, y viendo la que te cae por la tarde, recular y apelar al donde dije Diego. Es como si en una guerra informas al capitán, torpedo en el agua, impacto en veinte segundos. Y el capi invierte diez en pensar que hará, otros treinta en tomar una medida, cuando estalla el torpedo cambia de opinión, y al final dice, “todos a los botes”. Si era todos a los botes, es todos a los botes. Si era, a babor toda, pues babor toda. Con la sociedad en shock  no puedes improvisar tanto. ¿Y qué me dicen del jefe de los picoletos cagándola en vivo y en directo, haciéndose un lío y terminar viniendo a decir que persiguen a los que montan noticias contra el Gobierno?  Repito: vamos a morir.

Nadie cree en Simón. Pero es así. Hay una falta total de consistencia del relato. Y lo constato en que mucha gente no cree en el Gobierno (yo sí, que conste). “Esto no sale así como así, esto es una movida de los chinos para arruinarnos”, me cuentan en la panadería. Bueno, vale, es un bocas… Pero es que hablo con gente incluso del gremio, tampoco se lo terminan de creer (algunos). Me para la poli, les explico que estoy currando, terminamos hablando del monotema y, para mi sorpresa, los polis se manifiestan convencidos de que hay una mano negra, que un Gobierno no puede no tener unos servicios de inteligencia que no supieran lo que iba a pasar. Las cejas me llegan a la clencha del pelo (“¿servicios de qué?, pienso para mis adentros).  Por no hablar de las redes, claro. Mucha gente (sin ni pijo de epediomiología) pone en duda a las autoridades sanitarias. Fernando Simón es un tontoalastres, mi cuñado sí que sabe y nos lo dijo en febrero. Y yo pienso que no es porque oculten datos o  no digan la verdad. Es peor. Los políticos han perdido la credibilidad. Basta que digan que la tierra es redonda y el colectivo terraplanista crece en un 10%. Este es el problema: no hay quien se los crea ni cuando dicen la verdad.

Trump y las cacerolas. Y ya esta montada la cacerolada. Gente que golpea sartenes en protesta por el Gobierno. Qué vas a pensar. Si hasta Trump se ha olido la tostada. Para los europeos Donald Trump es un malo de tebeo. Viendo que los más de 50.000 americanos caídos por el Covid19 amenazan su reelección, no se corta en sugerir que “han sido los chinos, que hay que mirarlo”. Eso sí, se lava bien las manos en la gestión de la crisis dejando que sean las autoridades estatales las que pechen con el marrón. Peor, siguiendo la moda política de canalizar hacia el rival la indignación de la gente, promueve el movimiento anticonfinamiento, ya saben, americanísimos en pie de guerra por el allanamiento de sus derechos. Pero Donald aún lo puede hacer mejor; en otra rueda de prensa se lía y, queriendo hacer una analogía, termina recomendando a la gente chutarse desinfectante. He leído por ahí que ya son centenares los americanos llamando al médico afirmando haberse intoxicado.

Ni tan mal. En Francia ha saltado la liebre de que la nicotina cura el bicho. Al punto que Macron ha tenido que limitar la venta de parches. Venga, todos a darle al Marlboro que al igual que el Covid19 también mata por bronquitis pero a largo plazo. No, si lo raro es que el Homo sapiens lleve 500.000 años mandando en el planeta sin especie que le tosa. De hecho, cuando este humilde virus o el próximo nos mande con los dinosaurios, en lugar de mortificarse habrá que sacar pecho y decirse, oye, pues  para ser nosotros, 500.000 años mandando y ¡ni tan mal! Que nos quiten lo bailado.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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1 Comment

  1. La gestión del Covid19 no es sino un baile lleno de pasos descoordinados, pisotones, intentos de seguir un ritmo pero con la música a otro totalmente diferente. Y, lo peor, encima es una danza global, colectiva, obligada. Si te sales, pena policial. Si te equivocas, la pena del balcón. E incluso si bailas a su gusto, un tufillo de aislamiento social, miradas de precaución, miedos. Temo que el momento posterior sea aún peor que el actual.

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