Salvado el set-ball. Gracias a una movilización de votos sin precedentes en el Cinturón de Barcelona, gracias a los castellanoparlantes, el independentismo catalán perdió ayer su primera batalla. En el Prat, en Hospitalet y Tarragona, Ciudadanos logró hacer de contrapeso a las levantiscas comarcas y dejar en un 48% el apoyo al proceso de desguazar el país. Es así. En Barcelona Junts Pel Si sacó un 36% de los votos. En Lleida, el 55%.
Vengo de Lérida, donde he estado estos días. Allí se daba por segura una mayoría absoluta de Mas-Junqueras y también una mayoría de votos. ¿No eran dos o tres millones de tíos los que, poco antes, tomaban las calles y agitaban esteladas? El domingo, ante el colegio electoral de mi padre, una payasa disfrazada de independentista repartía caramelos independentistas a los niños.
Por la noche, caras largas de los nacionalistas. Su pretendido plebiscito salió más bien rana. Difícil tendrán ahora mandar y desde luego no será Mas. Pienso que será Junqueras, el más listo de la clase. Junqueras que apuesta a todo o nada, seguirá erre que erre embarcado en la secesión. Pero ¿cómo decirlo? Si ya lo tenía difícil antes con el Constitucional y la UE enfrente, ahora se las ve con una carretera cuesta arriba, con las ruedas del coche pinchadas y los pasajeros peleados.
Pero tampoco España lo tiene fácil. Desde luego, como sigamos mandando a tipos como Rajoy a hacer patria, nos podemos ir sacando el pasaporte portugués. Todos mis respetos para don Mariano, que seguro que es muy listo (o no), pero con su mensaje de los vasos son los vaso y los platos son los platos ya nos podemos dar con un canto en los dientes de no tener la frontera en Calatayud. ¡Qué tío! No se puede ir así por el mundo, tan mal preparado, tan ceñidito a la ley dice esto, la Constitución manda esto otro… ¡Hasta Iceta, marcándose un bailoteo saca más votos…!
¿Qué pasará ahora? Junqueras solo tiene un camino. Apoyarse en la CUP. Con el radical mensaje de Europa nos importa una mierda, el euro dos, y la legislación vigente tres o cuatro. Así que agárrense, desde el primer día, desplantes y provocaciones. Todo esto con las decenas de miles de enchufados de Convergencia temblando de miedo de verse, a sus años, en el paro a meses vista.
Entrando al detalle, Ciudadanos (y su nacionalismo español de “¡viva la roja!”, las cosas como son) da la campanada y a Albert Rivera se le pone cara de presidente del Gobierno;: el PSOE salva los muebles. Podemos, ni fú ni fa, pero cada vez más lejos de suplantar al PSOE (menuda cara de pena la de Pablo Iglesias). El PP, hmmmm, el PP (¿se refieren a la marca blanca de Ciudadanos en Cataluña?)… Junqueras president de un nuevo partido, que sincretice CDC y ERC. La CUP a lo suyo, en Marte. Y Unió, Ay… el partido de la sensatez y de la gente asenyada, fuera del Parlament. Las cosas van a seguir más o menos igual. Eso seguro.
Cataluña sale de esta más dividido, más pobre, peor. Es lo que tiene el nacionalismo: sodomizar electores por la demagogia y el victimismo. Los payasos volverán a las calles a pedirnos el voto en breve, agitando banderines.












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