Lo de dejar el casco antiguo sin coches ha sido una decisión aprobada con urgencia —se anunció un jueves y se aplicó desde el día siguiente— bajo las normas de la desescalada que permiten salir de casa en determinadas franjas horarias según edad y condición. Según la alcaldesa, Clara Luquero, secundada por la concejala Claudia de Santos, la idea es la de ganar espacio público para facilitar el movimiento peatonal. Lo cierto es que el casco antiguo no es, de momento, la zona de la ciudad más concurrida, ni siquiera en la hora punta de salidas permitidas, al caer la tarde. Hay más paseantes, muchos más, en el cinturón verde y los barrios periféricos.
Necesaria o no, la medida no tiene fecha de caducidad. De hecho no están nada claros los planes del departamento de Movilidad para el particular: “Cuando lleguemos a la fase 1 o revalidamos, o cambiamos, en función de la experiencia” declaraba De Santos sobre el particular en una emisora de radio local sin desvelar si esta ha sido una decisión temporal para la fase 0; si vale para todo el periodo de desescalada o estamos ante un avance real en los planes de movilidad que la concejala anunció que estaba preparando justo antes de que llegara la pandemia y lo paralizara todo.
Si son los dos primeros casos, el segoviano medio prácticamente no se enterará porque los horarios de corte —de lunes a viernes, por la tarde y los fines de semana todo el día— están fuera de horas de trabajo y estando en confinamiento ¿quién puede usar el coche para pasear por el casco? Teóricamente nadie. La trascendencia de los cortes quedaría así en un titular pasajero de prensa, oportuno en estos días de lánguida actividad municipal.
Otra cosa es que la medida forme parte de los “planes de movilidad para toda la ciudad” que De Santos dijo tener en la cabeza 15 días antes de que la pandemia paralizara la vida en la calle y realmente se piense en mantener el cerrojazo a la ciudad amurallada cuando se regrese a la normalidad. Entonces los cortes tienen más trascendencia porque hay polos opuestos de opinión.
Por un lado están los que creen que esta sería una medida salvadora y rehabilitadora para esa zona de la ciudad y usan como argumento inevitable, aunque hay otros, el ejemplo exitoso de Pontevedra. En el otro lado, las asociaciones empresariales y de comercio, inmóviles en su criterio: un corte definitivo sería la ruina comercial, ahuyentaría a la población y crearía un mero decorado sólo para turistas.
No es nuevo. Se discute lo mismo hace décadas aunque las posturas no se han movido un milímetro. La iniciativa política tampoco.
¿Y las bicis?
Las últimas prohibiciones de circulación han llegado a más puntos de la ciudad. En la Hontanilla, en el valle del Eresma, se ha prohibido la circulación en bicicleta. “Los caminos son estrechos y en algunos puntos ni siquiera dos peatones pueden guardar la distancia de seguridad y una bicicleta es un peligro añadido”, justifica la concejala.
La edil no aporta demasiados argumentos cuando se le pregunta por dónde han de ir las bicicletas en una ciudad en la que se quiere promover su uso pero carece de carriles específicos en las calles. “Se ha pensado en segregar carriles en las calles pero no sabemos como resolver las rotondas”, reconoce a la vez que recuerda la existencia en distintos puntos de “carriles 20 (ó 30)” en los que ni los coches ni los propios ciclistas parecen tener demasiado claras las preferencias.















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