Entre grandes medidas de seguridad, autoridades petardas dispuestos a lo que sea con tal de ser el primero en saludar, y James Bonds de pacotilla, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon y su equipo de trabajo (una decena de sus colaboradores más directos) recorrió ayer Segovia. Según explicaban, el diplomático surcoreano conocía Segovia de una visita anterior (en 2006, el Palacio Real de La Granja acogió una Junta de Jefes Ejecutivos de la ONU, presidida entonces por el precedesor de Ban, Koffi Annan). Otra versión, explica que no, que Ban conocía Segovia de un popular programa de la tele coreana, y aprovechando su presencia en Madrid para conmemorar el 60 aniversario de la admisión de España en la ONU, ha querido llevar a su equipo de trabajo a ver el Real Sitio y la capital, con comida tradicional en Duque.
La visita empezó frente a la entrada del palacio de La Granja, donde le aguardaban las autoridades, con el alcalde José Luis Vázquez y la delegada del Gobierno en la región al frente. La cosa no pudo ser peor. Un pequeño retraso que obligó a trastocar el recorrido previsto, lo que permitió a periodistas y escoltas pactar el típico protocolo de “mira, vosotros os ponéis ahí, las autoridades allá, Mr. Ban llega por allá y todos contentos”. Por supuesto nada de preguntas, solo fotos (la prensa coreana apoda a Ban Ki Moon “la anguila”, por su habilidad para esquivar preguntas, eso dice la wikipedia).
Pero el que es petardo lo es para siempre. Llega el coche del mandatario y en lugar de aguardar quietecitos en la fila a que el portavoz del planeta se acercara a saludar, saltan como conejos -y en patética carrerilla por ver quien llega primero- la citada delegada y el alcalde de La Granja, y todo el resto detrás, mientras algún periodista, viendo ya rota la foto icónica de Ban Ki Moon admirando las bellezas provinciales, lo describe con un elocuente: “¡Hala, maricón el último!”.
Clics de cámaras, agentes de seis o siete cuerpos de seguridad por allá, el personal de Patrimonio… Cogotes y espaldas… La culpa ya digo, de un par de fulanos, que incapaces de contener la orina del ego cuando viene el baranda, salen de estampida para ser los primeros en hacer la reverencia. Y luego dirán que si es por la dignidad del cargo… ¿Cuando comprenderán que de lo que se trata es de aprovechar la presencia de un baranda para promocionar el “marco incomparable? Pero es inútil con según qué personal; desde su perspectiva, promocionarse ellos es la mejor manera de promocionar lo que representan. De vergüenza ajena.
Dejemos el inciso. Los periodistas se fueron a Segovia a ver si había más suerte en la foto del acueducto. Dos o tres nos quedamos por los jardines, camuflados entre los turistas, en tanto el séquito de Ban Ki Moonn sin políticos y durante un buen rato, recorría el palacio. Para nuestra felicidad, y como cualquier otro turista, llegados a la explanada de los jardines Ban y su séquito no pararon de hacerse fotos de grupo, posando ante las fuentes, ante el palació… Y hasta atender alguna que otra pregunta cortés rechazada por el secretario general con suavidad. “Es un viaje estrictamente privado”, informaban una y otra vez los diplomáticos de Exteriores desplazados a la visita.
En Segovia las cosas tampoco fueron exactamente mejor. Altercados con algún escolta y, finalmente, la alcaldesa logrando entregar al secretario general una moneda del Alcázar. La comitiva tenía previsto desplazarse hasta El Alcázar, visita que se pospuso por el retraso acumulado y lo prieto de la agenda. Eso sí, hubo recorrido por la calle Real y comida en Duque. Cochinillo, por supuesto.




















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