Una cosa le digo de entrada: En términos estrictos, tras las elecciones, el PSOE gobernará en el ayuntamiento de la capital, probablemente con el mismo socio que hasta ahora, IU; el PP seguirá dirigiendo con mayoría absoluta la Diputación —pese al cambio de gobierno en un buen número de ayuntamientos— y también la Junta, aunque allí con un socio inesperado. O sea, los mismos gobiernos y gobernantes que hasta ahora, aunque con más actores, la mayoría engrosando la ingrata oposición.
El argumento del “manual para dirigentes locales” es claro: Rajoy y su política económica, “mal comprendida por el ciudadano” son los máximos responsables de que el PP segoviano sea el gran perdedor de las elecciones del 24 de mayo pese a haber ganado en el conjunto de la provincia, la Diputación y la Junta.
Vale, si ese era el argumento de partida, digo yo que habría que comenzar por buscar al que tuvo la brillante idea de colocar como estrella invitada del cansino mitin central de la campaña a Luis de Guindos, la representación antropomórfica de los recortes.
La campaña regional de los populares ha estado copada por la número uno, Silvia Clemente que ha marcado su ritmo —y un carácter institucional, de balance de gestión— a la agenda, eclipsando incluso a los propios miembros de su lista. En cifras, 15.758 segovianos que sí lo hicieron en 2011, esta vez han retirado su apoyo a la formación conservadora, que pese a ello, mantiene cuatro procuradores cumpliendo las mejores previsiones de hace quince días.
El PSOE segoviano sigue con dos representantes, aunque también deben repasar la pérdida de 5.528 votos respecto a 2011 y el hecho de no haber logrado conectar con 7.000 votantes que si votaron socialista en sus ayuntamientos. A ver, los socialistas deberían haber luchado por el tercer procurador, pero al final, ha sido Podemos (campaña de tu a tu y mensaje fijo rentabilizada al máximo) el que se ha llevado ese acta. 9.365 votos en la provincia, 163.637 en la región. Y las generales, en noviembre.
Las municipales en la capital tienen dos caras bien diferentes: la de los socialistas, capaces de mantener los 12 concejales que ya tenían y con ello el Gobierno. Un éxito rotundo si se tiene en cuenta que el grupo socialista ha vivido en los últimos 15 meses la espantada del alcalde Arahuetes y tres concejales más que se fueron del hemiciclo dando patadas a las sillas y renegando de Luquero, que ha salvado la papeleta con nota.
Quizá hasta habría que revisar el trabajo hecho por los de Jesús Postigo en la oposición para entender que la otra pata del Gobierno que concluye, IU, tampoco ha sufrido pérdidas y ha logrado el acta para Ángel Galindo —oiga, que capacidad la de la coalición para no moverse de su sitio político— llamado a reeditar la sociedad, ya veremos en qué forma, que mantenga estable el próximo Gobierno municipal, condenando de paso a la oposición a Ciudadanos y UPyD. Reduciendo riesgos.
Será también que Luquero se lo creía y que ha ido por ello mientras contemplaba el escaso armamento que presentaba su principal oponente, Raquel Fernández, bisoña en estas lides, rodeada de una candidatura tirando a plana —demasiado ambiente de aula de bachiller entre horas, no sé si me entiende— escasamente asesorada en campaña y puesta en la escena política cuatro meses más tarde, por lo menos, de lo que hubiera necesitado.
A Fernández le dijeron las encuestas —cero patatero para todas las que se han hecho públicas y para la que no, que no han dado ni una— que el PP caería menos y el PSOE más. Que podría plantar batalla tras las urnas. Visto lo visto, no sé siquiera si la concejala electa estará dispuesta a liderar su grupo en la oposición hasta 2019. La fecha se antoja lejísimos y encima, la historia reciente refleja que el PP no repite candidato.
Espacio para las nuevas fuerzas. A ver, le seré muy sincero para decirle que no comprendo el fenómeno de Ciudadanos, que si bien es cierto que a mi, como a Fernández —lo dijo en un mitin ante los militantes más militantes y para expiar el pecado se pasó la última semana de campaña llamando a afiliados para desagraviar— “me gusta su líder”, [Albert Rivera], pero no he logrado aún encontrar el punto de conexión con la ya electa, María José García Orejana, que me tiene en ascuas por saber en que consiste “ir al Ayuntamiento a aportar”, que es lo más jugoso que declaró la noche electoral.
Más discurso político acumula Luciana Miguel, que, a la segunda y tras duro esfuerzo, ha logrado que UPyD —ojo a la refundación del partido en todo el país, que la segoviana anda en vanguardia del asunto— entre en el Ayuntamiento con dos ediles, reparta 17 concejales más por la provincia y se siente en la Diputación. Cierto es que los magenta querían ser bisagra, pero las cifras les satisfacen y han bordado su estrategia para entrar en el Consistorio provincial volcando sus esfuerzos sólo en la circunscripción de Segovia.
El PP ha logrado mantener su mayoría absoluta en la Diputación, la última fortaleza, pese a la pérdida de dos diputados; el mantenimiento del PSOE, con sus diez representantes y el ingreso de Ciudadanos —tengo la misma curiosidad que en el Ayuntamiento— y UPyD, ahora seguros de tener acceso directo a la documentación de asuntos que constituyen hace años sus caballos de batalla, como Segovia 21, por ejemplo.
Y es que los resultados en la provincia también han aportado variaciones de calado. Cierto es que no cabía en ninguna previsión que el PP pudiera mantener, ni de lejos, el gobierno de más de 200 ayuntamientos como ocurrió en el último periodo, pero tampoco suponían que en la caída hasta 134 gobiernos fijos y nueve más si logra pactar, entraran localidades tan emblemáticas como Cantalejo, La Losa, Nava de la Asunción, Sepúlveda o Valverde del Majano, entre otros, cuyos regidores derrotados han sido, en muchos casos, piezas importantes de la estructura del Gobierno provincial, como José Antonio Sanz, Rafael Casado o Sara Dueñas.
La situación resultó inesperada también para los socialistas, cuyo secretario provincial, Juan Luis Gordo, dio muestras de una inusitada euforia durante la noche electoral, en la que incluso se vio atacando la presidencia de la Diputación. Sería la falta de costumbre.
Quiero volver al Ayuntamiento de la capital para reseñar el destino de los díscolos concejales que fueron del Gobierno socialista y saltaron a otras fuerzas para tratar de conseguir el escaño por otras vías. El PSeDE de Javier Arranz (se le ha visto esta campaña compartiendo refrigerio en las terrazas de Fernández Ladreda junto a Pedro Arahuetes y Blanca Valverde), acabó siendo la séptima fuerza en número de votos (594). Y ASí, la formación de Javier Giráldez, en décima posición (243 votos), detrás de Vox y delante sólo del PCAS-TC .
Si al final va a ser cierto que el pueblo sabe lo que se hace cuando se acerca a las urnas.















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