Hoy, al sacar la basura, me he fijado en el cielo. No era azul, ni gris, ni siquiera ese amarillo de tormenta que avisa de lluvia. Era un color raro, como si alguien hubiera pasado un filtro de Instagram sobre la ciudad y lo hubiera dejado a medias. El sol parecía una bombilla vieja, de esas que parpadean antes de fundirse. Y aunque no veía llamas, sabía que el fuego estaba ahí, en algún monte reseco, a cientos de kilómetros (suerte de no tenerlo en la puerta de casa), firmando su enésima página en este verano interminable.
En el gimnasio, un compañero comentaba que “este año todo arde antes” y otro le contestaba que “es por el aire que viene del sur”. Conversaciones de relleno, como quién habla del precio de la gasolina. Nadie dice que ya llevamos más de 40.000 hectáreas calcinadas, que hay pueblos enteros evacuados y que dos personas han muerto y varios heridos intentando sobrevivir al infierno. Los datos, cuando se convierten en rutina, dejan de escocer.
La rutina del fuego es esa: llega, arrasa y se va. Y con él se van también las preguntas que deberían quedarse: ¿qué hemos hecho para limpiar el monte en invierno? ¿Cuánto hemos invertido en prevención cuando sabemos que por cada euro ahorramos cien en extinción? ¿Por qué seguimos esperando a agosto para acordarnos de que España es un polvorín con forma de mapa?
El problema no es solo la “regla del 30” —más de 30 grados, menos del 30 % de humedad, vientos por encima de 30 km/h—. El problema es la regla no escrita: ocho de cada diez incendios los provoca el ser humano. Y más de la mitad son intencionados. Un fósforo, una quema mal controlada, un beneficio económico detrás. La naturaleza pone las condiciones y nosotros, el detonante.
Pienso en los héroes que se dejan la piel en primera línea (como mi hermano Juanma en incontables incendios), en los vecinos que se ven fuera de su casa y en esos pueblos que se llenan de sirenas durante una semana y luego vuelven al silencio, pero un silencio sin pájaros ni árboles. Pienso en que, dentro de un mes, el humo será solo una nota a pie de página, y la conversación volverá al fútbol, a la política o a cualquier otra chispa de distracción.
El fuego, al final, es como esa mancha en el techo que intentas ignorar: cada año vuelve a crecer, un poco más grande, un poco más cerca. Y siempre, siempre, más difícil de tapar.

















13 agosto, 2025
Más ganadería extensiva de vacuno es lo que vendría bien para limpiar los términos municipales y prevenir incendios o al menos disminuir su virulencia.
Allá donde hay un número suficiente de vacas pastando el terreno está limpio. Ese es un trabajo imposible de hacer por el ser humano, no habría cuadrillas suficientes de trabajadores desbrozando ni de coña.
Por cierto, mi reconocimiento al trabajador rumano fallecido en el incendio de Trescantos intentando salvar a los caballos de una hípica. Todo un héroe. Descanse en paz.
13 agosto, 2025
Y por qué no se limpia el monte ni se cuidan las riveras de los ríos?? Sera por un ecologismo mal entendido que no sabe que el campo no es como hace cincuenta años que tenía presencia de los paisanos de los pueblos??
14 agosto, 2025
Igual es porque en los pueblos no quedan paisanos, mucho fijar población, mucho crear empleo, pero los jóvenes y no tan jóvenes se ven obligados a marchar a la ciudad en busca de mejores oportunidades o simplemente prefieren el horario de una fábrica a la esclavitud de estar cuidando unas cabras en el monte, que aunque desde fuera aparente tener mayor libertad que cualquier empresa, la realidad es que la ganadería y la agricultura no entiende de festivos ni vacaciones
15 agosto, 2025
La ganadería no entiende de festivos, cierto, pero los agricultores de secano se rascan los huevos a dos manos buena parte del año.
15 agosto, 2025
Qué ceguera tenéis, mientras el monte es arrasado verano tras verano los de las gaviotas haciendo hucha con las empresas privadas que han creado para la extinción de incendios y curiosamente tienen parte directa o indirecta.
No os dejéis engañar, como llevan al poder de la Junta desde los siglos de los siglos han dado por echo que pueden hacer lo que les dé la gana, pero o es así. Ese afán por defender a la derecha a toda costa hace que no veáis la realidad y esa realidad es que Castilla y León está abandonada por su propia administración
15 agosto, 2025
Aceves llevaría Castilla y León de maravilla. Me parto. Ja, ja, ja. Hay que ser tonto para votar eso.
16 agosto, 2025
Lo mismo pensarán de tí, pero como estamos en democracia cada uno votamos lo que nos da la gana te guste o no.
13 agosto, 2025
https://bsky.app/profile/wildlandfirefig.bsky.social/post/3lwbydjbymc2e
Ignacio Villaverde, bombero forestal.
19 agosto, 2025
Eso es Manin, más claro que el agua