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El Valle de los Malditos

Valle de los Caídos. Es importante que nos quedemos con un dato: solo tienen mausoleo oficial las dictaduras que mueren en la cama.

Les contaré una anécdota. De niño yo era rabiosamente antifranquista. No me caía bien Franco, el del culo blanco. En casa, a veces pasaba que empezaban a llegar «amigos». Mi padre, antes y después de acabar en el TOP, se encerraba con ellos en el comedor y madre nos mandaba a jugar al otro extremo de la casa. Por supuesto mis hermanas y yo sabíamos bien qué se cocía. Un día, harto, le espeté a mi padre: ¿Y por qué no le pegáis un tiro? De párvulo yo era un vaquero espiritual.  Para mí las cosas solo tenían un final posible, como en los telefilmes del Virginiano y las pelis de John Wayne: el malo muere de un tiro (vale, en los capítulos flojos terminaba en prisión). Que yo, que después de todo no levantaba tres palmos del suelo, no me fuera para el Pardo y retase al Caudillo a un duelo a muerte Colt en mano, pues bueno, tenía un pase… ¿Pero mi padre? ¿Todo un hombrón de metro ochenta y sus enormes amigos no lo hicieran? ¿Cómo era posible? Mi padre, tras requerirme a no decir nada de eso fuera de casa y  muy especialmente en la escuela, me contó que matar a Franco estaba difícil, miles de moros lo custodiaban… Chorradas -me dije-, eso no hubiera arredrado al Virginiano, todo lo contrario. Sin saber por dónde salir mi padre añadió: «aquí somos cristianos, y los cristianos no van matando a la gente». «¿A los dictadores tampoco?» «Hala, a la cama».

Es así que siempre he tenido una opinión ambigua sobre la exhumación de Franco del Valle de los Caídos. Y me daba igual, si lo enterraban de pie, de lado o de cabeza, aquí o en Buenos Aires, o disfrazado de buzo. O que lo dejasen donde está. Hasta hoy.

Hoy voy a darles un argumento de porqué no era mala cosa dejar a Franco donde estaba. Pero antes, un poco de pros y contras. Pros, no cabe duda que el dictador hizo daño a cientos de miles de personas. Que el hombre tenga un mausoleo pagado por le Estado, donde los franquistas que quedan le rinden tributo, debe doler a los hijos de quienes le padecieron especialmente.

Por otra me gusta la historia en su contexto. Nunca he estado ni en Pekín ni en Moscú. Pero si pasara por delante de la momia de Lenin (cuyo manteniniemto cuesta al erario ruso sus buenos duros, tengo entendido) o la de Mao (que esta es otra, la doble vara de medir dictaduras que tienen las izquierdas) pensaría que esos tipos forman parte de la historia, que no tiene sentido quitarlos de ahí. Que la historia no tiene marcha atrás. Entender la historia sin Lenin ni Mao no es posible. En España ocurre igual, pero con Franco. No es que Lenin o Mao se lo merezcan o lo dejen de merecer, es que fueron seres históricos muy importantes. Ocurre como, salvadas las distancias, la tumba de Genghis Khan (si se llegara a encontrar).

En el caso de Franco pienso, además, que los hijos de los represaliados buscan una cierta justicia. ¿Pero qué justicia es esta que se hace sobre el muerto? Como si al muerto le importara un pimiento. Buscan una «justicia histórica» a modo de «justicia poética». Pues bien, esa justicia no existe. Aunque se parecen, no hay que confundir justicia con venganza.

Lanzada a moro muerto. Nos reconforta a nosotros, esa es la cuestión, y vuelvo donde empecé. La mayoría de los dictadores tienen sus tumbas en el exilio. Si algún tarado quiere rendir homenaje a la memoria del sanguinario Trujillo (República Dominicana) deberá viajar a Madrid, tipos como Ceacescu se conforman con una pequeña tumba en el cementerio de su pueblo (lo que no evita los homenajes y tributos florales). Los enormes mausoleos tipo Valle de los Caídos están reservados para aquellos dictadores que murieron en el cenit de su poder. 40 años, señores, 40 años, para terminar muriendo en la cama con autobuses llegados de toda España, a la plaza de Oriente, para un postrer saludo al «padre de la patria». Yo lo he visto.

Franco era un tipo popular. El caso es que solo al final de la dictadura las clases medias (los que no estaban muertos o en el exilio) empezaron a apartarse del régimen. Durante los 50 y los 60 fueron su «guardia mora» efectiva. La razón hay que buscarla en la burbuja de significados en que vivía aquella gente. Mentira sobre mentira, el régimen edificó una construcción mental. Franco trajo «la paz» (os lo juro, eso nos decían en clase), salvó a España del horror de la II Guerra Mundial, trajo los pantanos, el 600 y la Seguridad Social. Si sería bueno Paquito que hasta había traído las suecas…

Es cierto que la opinión pública era entonces rehén de los medios de comunicación, oficialistas todos. Desde todos los ángulos del Estado (la escuela, los tribunales, los Estados Unidos de América) llegaba la misma copla: Franco, el garante de la paz de un pueblo inmaduro y autodestructivo. Pero no es menos cierto que había gente, unos poquitos, la verdad, que contradecían el mensaje oficial. El desarrollo económico llegó pese a Franco, y cabe preguntarse qué hubiera pasado si España entra en la UE en 1951 y no en 1986. Todo el régimen no era más que una mentirijilla para mantener a una élite chupando del bote del poder.

Sin embargo una inmensa mayoría de los españoles, igualmente formados, buenas personas o malas personas (pues de todo había), prefería ignorar ese contra-mensaje. No eran una cáterva de indocumentados sin estudios. Eran abogados, empresarios, médicos, maestros, periodistas, por supuesto… Les iba bien con Franco, y lo que decían los otros presentaba, muy a menudo, grandes incertidumbres. ¿Por qué cambiar si a mí me va bien? Si hay que optar entre libertad y economía, mucha gente se queda con lo segundo.

Y así pasó que Franco aguantó en el poder hasta el mismísimo día de su muerte y más. Sus herederos espirituales, la UCD, ganaron de calle las dos primeras elecciones generales para pasmo de los pocos que se habían jugado pellejo y lentejas malmetiendo contra el régimen. ¿No quiere la gente memoria histórica? Pues nada, recuerden eso. Y para ello nada mejor que tener un buen túmulo fascista bien a la vista con su dictadorcito dentro. Ocurre que la memoria histórica es otra patraña. Realmente, lo que nos gusta es una historia de pega que hable bien de nosotros y refuerce el relatillo que nos convierte en víctimas, nunca en verdugos. No creo que Franco se merezca ninguna tumba oficial, el problema es que los españoles tal vez sí.

Segovia, multitudinario recibimiento a Franco en 1946.

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. Las personas de derechas con las que habló, siempre me dicen lo mismo: o «es para que no se hable de otras cosas», «eso es algo que no le importa a nadie», o «algo bueno haría», o » a fín de cuentas es parte de nuestra historia». Pues yo no.
    Y todo por no reconocer que a ti, en realidad, Franco te gusta. No entiendo la relación entre la derecha actual y la figura de Franco. No la entiendo.

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    • Este tema es complicado. La vinculación con el franquismo del centroderecha. A modo de factores explicativos yo miraría el anticlericalismo y promarxismo de unos, la reacción clericalista y antimarxista de otros. Otro es la concepción más o menos centralizada del Estado. También hay un fenómeno territorial que pasa en muchos otros escenarios de guerras civiles (vea los USA). Es decir, los territorios que «ganan» y los que «pierden», los territorios alineados ayer con el alzamiento son muchisimos años despues terreno propicio de la derecha hoy (salvo Madrid, que es un poco la excepción). En cualquier caso no hay que olvidar que Franco fue un dictador de derechas, un dictador de derechas siempre tendrá menos hostilidad en la derecha democrática que en la izquierda democrática, y al reves, un dictador de izquierdas etc… Lo importante es lo que separa a unos y a otos, el constitucionalismo y la democracia (soberania popular). Eso no es franquista.
      PD. A mi Franco no me cae bien. Ya le digo que en la época yo y mi entorno familiar le tenía por un viejo achacoso y obsoleto, en realidad títere de un regimen injsuto y dictatorial. Pero eso no importa. Lo importante es cómo caía en la sociedad española de la época. Y de eso va el artículo. Una enorme parte de los coetáneos lo apoyaban, lo daban por válido y avalaban una transición tranquila hacia formas de gobierno más alineadas con europa.

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  2. Yo tampoco entiendo que todo el que se define de izquierdas parece ahora que defiende Dictaduras de izquierda, injusticias, corrupción, y justifique todo tipo de salvajadas. No se parecen a los de Izquierdas de los 80.En nada.

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