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Un desastre lleno de buenas intenciones

TSJ.-Sede1(g)

Vamos a situarnos: 33 millones de euros equivale a la mitad del presupuesto general del Ayuntamiento en un año, vamos que es una pasta para un Consistorio como el de Segovia, por muy saneado que digan que está los ranking de los que gusta presumir la regidora, Clara Luquero, en los que además va a caer varios puestos en breve.

Y esa es la cifra que calcula Centrados en Segovia (UPyD, técnicamente) que se va a gastar el Ayuntamiento en sentencias, devoluciones de créditos y subvenciones por incumplimiento, indemnizaciones y demás pleitos relacionados con Urbanismo en esta riada que está golpeando al Gobierno local al ritmo de un mamporro de seis o siete ceros por semana, más o menos.

Cómo será la cosa que hasta IU, el grupo amigo, se ha unido a la oposición para apoyar la moción de Ciudadanos para que a Urbanismo se le haga una auditoría técnica, algo que en la práctica me temo que se quedará en una bofetada sonora al Gobierno que aún resuena en el hemiciclo, pero al final, testimonial. Ya avisa el jefe de ese cotarro, Alfonso Reguera, que las mociones no están para cumplirse. Y encima debe de ser cierto, que parece que las iniciativas de los grupos, caray, lo que da contenido a los plenos, pues es algo que entretiene mucho pero que tiene pocos resultados prácticos. Tome nota.

Lo cierto es que los gobernantes socialistas ya sabían que llegaría este momento, que en esto de las sentencias millonarias que pierde el Gobierno local a costa de los ciudadanos me ha dado por ir a la hemeroteca y ¡leche! leo textos a patadas escritos hace años en los que se advierte de que la tendencia de acudir a los tribunales —o dejar que lo hicieran terceros tras ser atropellados— que tenía Pedro Arahuetes, el alcalde de antes de Luquero, no podía traer nada bueno y mire por donde…

Mire, aquel hombre no pensaba para nada estar en el Ayuntamiento en 2016, que las aspiraciones parece que eran más madrileñas, y mire, estas cosas de los tiempos de los jueces se pueden calcular, así qué “el que venga detrás, que arreé”, debió pensar. Y aquí están los que fueron sus compañeros: arreando con caprichos, megalomanías y ten cuidado conmigo, que como todo en este mísero mundo, al final se traducen en dinero. 33 millones de herencia, según Centrados en Segovia, que no parece que hayan sumado mal.

Hombre, que Luquero estaba allí desde el principio, pues sí, pero los más condescendientes dirán que estaba a ‘sus’ culturas y que claro, estos asuntos se cocinaban en otros cenáculos a los que Arahuetes restringía severamente la entrada y así no hay quien se entere. Puede vale, pero va para dos años y medio en la Alcaldía y en ese tiempo no parece haber hecho otra cosa que encoger los hombros como el que espera que algo le caiga del cielo directamente en la cabeza.

Pero es que en esa madeja de personajes que sí estaban invitados a las reuniones ya estaba el hoy poderosísimo —por acumulación de cargos: Urbanismo, Hacienda, tenencia de Alcaldía y portavocía— Alfonso Reguera, que ni entonces se opuso a aquella forma de hacer las cosas, al menos en público, ni después ha sido capaz de reconducir o minimizar siquiera en un caso sus efectos.

150925-Pleno.-Reguera-y-Bayón1(g)Mire, por ejemplo, junto al concejal José Bayón (este es nuevo, pero se sienta en la presidencia de los plenos) ha tratado de solucionar el conflicto de la devolución exigida del dinero del Cat, no por la vía de la negociación directa, sino a base de escribir al Ministerio ofreciendo soluciones con trampa, poco menos que jugando “a ver qué pasa”. Y claro, ha pasado que Industria ha aplicado la ley al dedillo —¡coño, es un Ministerio!— y la cuenta que le sale es diez kilos y pico más intereses. A devolver. Como gestión, los resultados no parecen muy brillantes.

Me queda clara la inoperancia —o peor aún, la indolencia— cuando no encuentro en el discurso de Luquero, o de Reguera, o de Bayón, un solo argumento de defensa de su gestión en ninguno de estos casos, quizá porque no ha existido, y a cambio se recurre con osadía a insinuar persecuciones del Ministerio en el caso del Cat, decisiones sesgadas de los jueces calculando expropiaciones, las ansias de ganar dinero de las empresas, en lo de la parcela del instituto o el parking de José Zorrilla, o hasta la mala suerte, en todos ellos, por no hablar del bochornoso espectáculo de insinuar —que ir al fiscal es más complicado— maniobras espurias del último alcalde del PP, Ramón Escobar, en un torpe y bastante cobarde “y tú más” que ofreció como argumento el portavoz socialista en el último pleno mientras la oposición le reclamaba explicaciones al derroche económico al que nos enfrentamos.

Lo peor de todo es que tengo la sensación de que el equipo de Luquero, que ya sabía que esto iba a ocurrir, piensa en esta cascada de dinero como un acontecimiento sin excesiva trascendencia para su credibilidad y que confía en que el asunto pierda fuerza en el debate ciudadano poco a poco, aunque también me temo que los presupuestos del próximo lustro, por lo menos, recordarán, testarudos, que hay que pagar los recibos millonarios y olvidarse de inversiones que superen el nivel “parche”.

A fin de cuentas, ya lo dijo la regidora cuando, acorralada por la oposición en el pleno, se fue al discurso casi sensiblero, su último recurso: “trabajamos desde la buena fe y todo el mundo sabe que en la vida municipal se dan problemas y sentencias que hay que afrontar”. Pues eso. Un poco de comprensión hombre, que el dinero no lo es todo. Mientras haya buena intención…

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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