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Reunión de diablillos

¿Quién va a ir seguro a la fiesta en honor de un diablillo? Pues otros diablillos. La celebración del primer “cumpleaños” de la instalación de la estatua del diablillo de la cuesta de San Juan organizada por el departamento de Turismo acabó convirtiéndose en atracción para otra media docena de alegres demonios rojos desplazados desde Sepúlveda, donde cada 23 de agosto son protagonistas de la singular celebración en el barrio de San Bartolomé de la villa sepulvedana. Los demonios danzaron alrededor de la hoguera encendida en la plaza de Avendaño y persiguieron, escoba en mano, a las cerca de 50 personas que quisieron sumarse a la convocatoria.

Antes, desde las 19.00 horas, el grupo encabezado por la guía de Turismo, Ana Herrero, había realizado un recorrido que comenzaba en el último desarenador del monumento romano con las explicaciones necesarias para comprender la obra romana y también la leyenda según la cual fie construido por el demonio en una sola noche aunque no pudo colocar la última piedra perdiendo así la apuesta en la que estaba en juego el alma de una moza segoviana. Esa historia es precisamente la que recuerda el diablillo de San Juan.

 

El grupo, integrado también por el autor de la escultura, José Antonio Abella, y la concejala, Claudia de Santos, hizo parada en el lugar donde está emplazada la figura y también allí hicieron su primera aparición los seis diablos de Sepúlveda. La fiesta acabó en torno a la hoguera entre bailes y alguna carrera.

Manifestación de Interés Cultural Provincial

La fiesta del diablillo de Sepúlveda tiene su origen en otra leyenda, esta relacionada con San Bartolomé quien, estando en la India, habría logrado liberar a la hija del rey indio, Polimio, que había sido endemoniada y atacaba a mordiscos a cualquiera que se acercara. San Bartolomé logró liberarla y además atrapar al diablo, aunque en Sepúlveda se da por hecho que cada 23 de agosto el propio santo le libera durante un corto espacio de tiempo para que corretee por la villa dando escobazos a los vecinos hasta que el santo le atrapa de nuevo en la iglesia que lleva su nombre.

El origen de la tradición es incierto y antiquísimo y en su evolución pasó de un demonio suelto a dos y después al formato actual, en el que son seis los diablillos que corren tras los vecinos.

Haciendo una excepción, San Bartolomé permitió este 23 de enero que se desplazaran a Segovia para la fiesta de cumpleaños hermanando así dos leyendas en una.

 

 

Author: Redacción

Acueducto2. Noticias y actualidad de Segovia.

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