Acueducto2

Peliculas que envejecen mal

Antes de nada, permítame un inciso para hacerme eco de la muerte de Iñaki Azkuna, un buen hombre, un trabajador y un bilbaino de los de Bilbao: entregado a su tierra. Fue el mejor alcalde del mundo, no porque él o un coro de pelotas se lo hiciera creer, que lo dijo la City Mayors tras reconocerle sus muchos méritos. Ya sabe, obras son amores. Descanse en paz.

El segundo inciso es para Adolfo Suárez, que a la hora de escribir esto parece encontrarse en sus últimos minutos, cuya actividad política será, sin duda, también recordada, ensalzados sus muchos méritos y puestos a contraluz sus fracasos.

Y ahora a lo nuestro. Y eso empieza con mi autobiografía, que ahora recuerdo a aquel niño que se vio ¡una decena de veces seguidas! la película “E.T., el extraterrestre” en aquel cine Cervantes —sí, hombre, ese que el duo Arahuetes-Conde dejó en cuatro paredes, que perdió sus pinturas y que hoy es sólo unas cerchas ilegales—, recuerdo hasta la butaca. Me parecía fresca, llena de novedades, impactante, interesante… ¡Me parecía la leche!

Claro, que la peli (y yo, puñetas) ha envejecido: sus efectos me parecen arcaicos, la historia, insostenible y los actores, poco brillantes o directamente, malos. Ya no hay magia y me costaría verla una sola vez más. Spielberg: ya no me sacas un duro más (Por esta).

El alcalde cesante —creemos— se parece mucho a ET (la película, no el bicho): sus salidas de tono en plan guerrero del antifaz “yo contra el mundo”, que tuvieron su público y predicamento, me parecen absolutamente fuera de lugar; su victimismo no me da pena ni me acerca a sus planteamientos. Más bien me exacerba hasta límites insospechados; su tendencia a achacar a los demás sus propios errores (gordos, muy gordos) me parece absolutamente descarada y su ludopatía política —¡Toma expresión de nuevo cuño!— en la que los proyectos que afectan a todos los ciudadanos son sólo los amarracos con los que apostar, me desquicia.

Y es que no entiendo ninguna de las mil anteriores, pero ya la última, la de la Estación de Autobuses, me resulta absolutamente fuera de lugar (hay prevista una reunión en menos de un mes precisamente en torno a la instalación) y un marrón importante (otro más) para el próximo alcalde, el que se encontrará, de entrada, los “frutos” de su gestión, algunos pochos, muy pochos.

Le paso la tontería al absurdo, a ver si nos entendemos: decir que el Ayuntamiento no atenderá la instalación en la que se presta el servicio de transporte por autobús es como si decide no vigilar los pasos de peatones de la Avenida de la Constitución porque la travesía es titularidad de la Junta…

Pues eso, que me temo que esta última pataleta no es más que una suerte de ajuste de cuentas entre el regidor y un departamento (otro) de la junta, el de Fomento, con el que no ha sabido relacionarse más que a voces. Supongo que también es su forma de incidir en su gran montaje: “podríamos haber hecho más, pero no nos han dejado”. Lo peor de todo es que el personaje se ha comido al tipo. Como a Bela Lugosi.

Pero hombre, si todos sabemos que el megalómano sueño del CAT es un fiasco por culpa del Gobierno de España y nada más (supongo que se refiere al del PSOE, el que prometió dinero a raudales para el asunto y dio alas y manga ancha a la locura); que el Cervantes está como está por lo mismo, nunca por no haber sabido dimensionar y pensar además que las normas están para otros; que el fracaso del invento de Segovia 2016 sólo es culpa de las cesiones que se hicieron a los vascos en el marco de la desaparición del terrorismo, en ningún caso se debe a la falta de ambición y sensatez de lo que presentamos para concursar.

Lo fofa que anda la teta del Turismo, de la que come todo el mundo (no hay más de donde tirar ni se ha hecho nada para crearlo), es culpa de la Junta; que la inexistencia de un Palacio de Congresos en la capital se debe a la persecución desde Valladolid y no a no haber sido capaces de negociarlo; que las muchísimas sentencias judiciales —que siempre llevan aparejados pagos millonarios obligatorios— en contra del Consistorio requieren un análisis individualizado de los jueces y nada tiene que ver la tendencia que ha habido a torar de la pólvora del rey para pleitear lo indefendible; que si la Caja se hundió, es culpa clara de los del PP, que él cuando estuvo en el consejo se quejó de todo, hasta cuando estaban en la Patagonia en plan cuchipandi…

No quiero hacer balance de gestión, que habrá tiempo. Es más, Me gustaría empatizar con el regidor y entender la zozobra de quién se cree imprescindible viendo que nadie suplica que rectifique su anuncio de dimisión —que por cierto, cada vez achaco más a una pataleta, a otra apuesta de farol que se calentó demasiado y que el rival aceptó, pero ya sabe que estoy especulando— y se quede.

El tiempo pasa y finales de mes está aquí al lado… Quizá desde ese día, se acaben los exabruptos.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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