Que una personalidad, un presidente de Gobierno, aunque sea en funciones, venga a Segovia sólo a lucir palmito y aprovechar lo plástico del particular cielo azul de Segovia para aparecer en miles de fotografías obliga al redactor a fijarse en “otras cosas” más allá de los discursos o las declaraciones a la prensa, que no los hubo en ningún momento. Total, que esta es la crónica de un paseo de “Sánchez y los suyos” por las calles de la ciudad a cinco semanas de elecciones generales y nueve de locales. El líder socialista ya estuvo aquí otra vez pocos días antes de ser nombrado presidente así qué si es por “fario” pasar por aquí parece obligado en estos días.
Me salto el pretexto de la visita, que fue la apertura del Foro de la Organización Mundial de Turismo en el Parador así que comienzo en la Sala Blanca del Ayuntamiento que es el lugar destinado a las grandes recepciones protocolarias del Consistorio en el que alguien debería plantearse de una vez modificar una iluminación que resta brillantez al espacio y estropea todas las fotos, se hagan desde el ángulo que se hagan. Ahí lo dejo.
Esperaban para el saludo oficial nueve de los doce concejales del Gobierno —faltaban, como siempre, Marifé Santiago y Álvaro Serrano, además de Ángel Berbel— los de Centrados y el de IU. El PP en pleno, de espantada, y las ediles de Ciudadanos, también desaparecidas. No se las ha vuelto a ver en un acto oficial desde que este periódico desvelara que María José García y Miriam Sanz no están en los puestos cabeceros de la lista que prepara su partido para la candidatura naranja. Y eso que el pacto de presupuestos lo que las garantizaba, precisamente, eran las fotos.
Bueno, al menos a Sánchez no le soltaron la cantinela de que en el techo están pintados los capitanes Fernán González y Día Sanz tomando Madrid ni la coletilla de que esa es la demostración de que “Madrid es el barrio más grande de Segovia” que se le cuenta a todo el que pasa por allí. Al tajo: saludo a la Corporación y parrafada en el libro de Honor: “A la alcaldesa de Segovia, A la Corporación local, A los trabajadores y trabajadoras del Ayuntamiento. Por extensión al pueblo de Segovia. Sois fuente de inspiración, lugar de encuentro. Testimonio vivo de Castilla y España. Ciudad llena de contrastes, energía y futuro. ¡Adelante!, escribió el presidente.
Y desde ahí, visita rápida al Consistorio y su salón de plenos y después, al baño de masas. Sánchez empezó por romper los planes y, de entrada, se metió a “La Concha” a tomar un café. Fuera, los gráficos de prensa manejados con soltura por la seguridad presidencial a prudente distancia y entre medias, cientos de personas sin acreditación a los que sí se permitía estar mucho más cerca del ilustre invitado. Un policía nacional alejaba de la ventana a un periodista con su cámara. “No, no soy de prensa”, mintió al uniformado que cedió inmediatamente en su presión mientras el gráfico metía medio cuerpo por la ventana. Así no hay quien toree.
Si, porque lo que se busca en estos paseos callejeros es que el personal note la cercanía del presidente, que el mismo coja una y mil veces el teléfono del particular para encuadrar el selfie y besar, besar muchas veces a cuantas mujeres se le acercaran. Y fueron muchas. A los hombres, apretón de manos o brazo sobre el hombro. Un clásico este presidente. Los que también estaban a prudente distancia y controlados por policías eran los representantes de los trabajadores de prisiones, que tuvieron que gritar desde lejos sus reivindicaciones. Casi desapercibidos.
A ritmo de paso sevillano de Semana Santa el presidente y su comitiva. Allí estaba medio PSOE pugnando por colocarse en los puestos cabeceros estirando el cuello como esas “mujeres jirafa” de los documentales y con una sonrisa abierta de oreja a oreja de las que hacen que se resienta la musculatura facial y que por supuesto nunca llegará ni a parecerse a la de los dientes de perla de Sánchez, que sí, me pareció que sueltan una chispa de luz cuando les da el sol. Todos fueron cruzando la plaza Mayor plagada de “chinos” (por más que me esfuerzo aún no soy capaz de distinguir la procedencia exacta de los asiáticos) que, por decenas, no quisieron perder la ocasión de fotografiarse con el presidente de España, aunque no estoy muy seguro de que tuvieran muy claro quien era aquel famoso. Ya, cuando lleguen a casa y ordenen las 6.000 instantáneas tomadas en Segovia se ocuparán de las etiquetas, supongo.
Embocados en la calle Real la cosa parecía más fácil de organizar. Los periodistas y sus odiosas cámaras siempre a diez metros como mucho y decenas de personas acercándose sin problemas al presidente —a nadie le vi pedirle una foto a Clara Luquero y menos a Aceves o Agudíez— para tocarle, para gritar “presidente, presidente” o para animarle en su intento de reelección. Un hombre aislado clamaba por ahí contra el régimen venezolano de Maduro pero nadie le hizo mucho caso y pronto cesó su reivindicación. Y el socialista acercándose a grupos de estudiantes, a personas de todas las edades con cara de encantamiento, a más chinos.
El grupo pasó junto al Cervantes, aunque no se pararon ni Luquero señaló especialmente la entrada del cascarón del teatro. Quizá no era día de reivindicaciones. También pasaron junto a la abanderada sede de Vox, con igual indiferencia. Eso sí, había que ver la cara de admiración de todos los del grupo al desembocar en el Azoguejo mirando al Acueducto romano como si fuera la primera vez. Me tapaba uno de seguridad pero creo que miraban a los arcos y no al andamio “de la virgen”, por fin en pleno desmontaje. Pedro —a estas alturas ya creo que podemos tutearnos— si se fijó en la estructura, que sacudió su mano con ímpetu para saludar a los operarios que le llamaban desde arriba mientras la alcaldesa le explicaba el motivo de los hierros junto a la piedra.
Y fin de recorrido. Besos, abrazos, posado con la arquería romana de fondo y la caravana de coches lanzada a toda velocidad por Padre Claret, convenientemente desviada por Soldado Español, ya sabe, por las obras en marcha. Los acompañantes quedaron allí, al borde de los bolardos, como vacíos por la ausencia ya lamentada antes de perderse de vista los coches. “Pues vamos a tomar un café”, soltó alguien. Y se fueron a la Tropical que el paseo matinal, como acto electoral, ya había estado bien.























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