El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente a este mes de mayo otorga al PSOE un 32 por ciento, situándolo 2,7 puntos por encima del PP. Esta información contrasta con las encuestas de GESOP, IPSO o Sigma-Dos, realizadas este mes, que otorgan una holgada mayoría al PP y sitúan al bloque PP-VOX con mayoría absoluta. Lo mismo ocurre con el último estudio de Key Data para ‘Público’, también de esta semana, que atribuye al PP 148 escaños y a VOX 40, muy por encima del PSOE, que obtendría 119. Estos resultados harían imposible que el PSOE gobernase si se replicaran en unas elecciones futuras.
Al analizar el barómetro del CIS, resulta inevitable recordar sus numerosos errores desde la llegada de José Félix Tezanos a su presidencia en 2018. De los 40 procesos electorales celebrados desde entonces, el CIS ha subestimado al PP en 30 ocasiones y ha sobreestimado al PSOE en 24. De aquí a las urnas pueden producirse diversos acontecimientos que distorsionen las estimaciones actuales de las encuestas. Sin embargo, el interés sociológico es más cualitativo que cuantitativo. La tendencia que marcan las encuestas es la mejor predicción de futuro, y es ahí donde el CIS marca una senda diferencial que parece responde más a intereses partidistas que a una valoración objetiva.
El CIS fue durante décadas un referente de rigor técnico, objetividad y profesionalismo en la medición de la opinión pública en España. Hoy no se puede afirmar lo mismo. Entre sus peores predicciones destaca la realizada para las últimas elecciones generales celebradas: daba como vencedor al PSOE, que finalmente quedó en segundo lugar, y situó a Sumar por delante de Vox, cuando ocurrió lo contrario. Su desviación global superó los seis puntos, mientras que otras encuestas acertaron tanto en el orden como en los porcentajes. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Y con él, la credibilidad de una institución que fue ejemplar. Ya no se considera una fuente fiable de análisis e información electoral objetiva para la ciudadanía, y es objeto frecuente de sospechas, escepticismo y burlas.
¿Qué se pretende con estas estimaciones? ¿Dónde quedan la transparencia y el compromiso ético que se proclamaron con la renovación del Gobierno? Estas desviaciones, tan alejadas del consenso demoscópico, no pueden explicarse únicamente por diferencias metodológicas: responden a un patrón sistemático y reiterado.
Lo más grave es que esta falta de credibilidad no se debe a carencias técnicas. Al contrario, el CIS dispone del mayor presupuesto, aplica encuestas de mayor tamaño muestral y tiene a su disposición herramientas que deberían convertirlo en el centro demoscópico más fiable del país. No en vano gasta “diez veces más” que las encuestadoras privadas y es el organismo que menos acierta en la estimación de escaños entre las principales encuestadoras españolas.
Esta deriva ha sido duramente criticada por expertos y referentes del mundo académico. Francisco Llera, creador del Euskobarómetro, denunció que el CIS ha perdido el rigor científico y se ha convertido en una herramienta al servicio del poder. El sociólogo Emilio Lamo de Espinosa, exdirector del propio centro, lamentó la manipulación de las series históricas y alertó sobre el grave daño a la credibilidad institucional que este uso partidista de la demoscopia supone.
Tezanos no solo dirige el CIS; también ha sido miembro de la ejecutiva del PSOE, lo que agrava las sospechas sobre su imparcialidad. Bajo su dirección, a tenor de los resultados, el centro ha sido instrumentalizado con fines políticos, alejándose de la neutralidad que exige su función. Resulta difícil de explicar que, tras tantos errores documentados, no se haya producido su relevo. Una democracia sana no puede tolerar que se desnaturalice un instrumento público de este calibre para apuntalar un relato partidista.
Los ciudadanos merecen respeto. Merecen encuestas veraces, no propaganda disfrazada de datos. Recuperar la credibilidad del CIS es una tarea urgente y necesaria. Porque la confianza en las instituciones no se impone: se gana con rigor, independencia y verdad. El señor Tezanos debería ser consciente de que la propaganda no solo no persuade, sino que puede llegar a generar rechazo. Flaco favor se hace a sí mismo y a la institución que representa y dirige.











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