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Buscando la salida del consultorio rural

El problema para el PP es que los cierres de los consultorios rurales tienen mal arreglo. Ni queriendo, ni poniendo sueldos a 4.000€ al mes sobre la mesa, pinta trazas esto de arreglarse. Si yo fuera Miguel Ángel de Vicente, o quien dirija el cotarro en el PP de Segovia, estaría seriamente acojonado. Si esto no se arregla, y ya les digo que no veo arreglo, para el PP va a ser complicado el año que viene sacar listas ganadoras. Y sin listas ganadoras este feudo electoral, este granero que tanto luce en Génova y garantiza un chorro de diputados según salgo de la Junta Electoral de presentar candidatos, sin eso, amigo que mandas en el PP seas quien seas, no somos nadie…

Porque no depende de Fernández Mañueco, que si por él fuera (y por el sudor frío que ya le empapa) mañana mismo homologaba de doctores a todos los agentes forestales que en octubre van al paro y enfundados en bata colocaba a tres por consultorio. Que el dinero está para gastarlo. Más si es nuestro.

Verán. Mi idea es que la culpa de todo esto viene de una combinación de tres factores. Los dos primeros son la endogamia. La endogamia universitaria, el mantenimiento sea como sea del statu-quo departamental -un cáncer que padece España desde el siglo XVI- hace que contra todo sentido común las facultades de medicina no se hayan molestado en atajar un problema que los propios médicos venían augurando desde hace lustros. La plantilla de médicos de familia está superenvejecida (aquí les dejo en enlace a un estudio hecho precisamente en Segovia). Al tiempo que el sistema no da abasto para abastecer la demanda, genera un enorme sobrante de especialistas que se tienen que ganar las habichuelas por el ancho mundo. ¿Cómo se arregla esto? Muy sencillo -dirá el lector pardillo-allá por 2015, cuando ya el problema era insoslayable, se tenía que haber citado a los rectores de las facultades y obligado a ampliar el cupo de médicos de familia en el MIR. Pero quien sostenga esto desconoce las mefistotefélicas inercias departamentales del inframundo universitario español, donde trastocar los equilibrios de matrícula es beneficiar al departamento A en detrimento del departamento B, y hasta ahí podríamos llegar. Antes la muerte, ruge el señor cátedro de Medicina Interna (y lo ruge en serio) mientras sus homólogos de Obstetricia y Dermatología asienten con enérgicos cabezazos.

Y bueno, el pardillo pensará que se puede arreglar, que solo hay que poner los arrestos encima de la mesa y cantar las cuarenta al señor rector. Lo cual, a su vez, supone desconocer el entresijo de la dinámica interuniversitaria, donde hay que hacer encajes de bolillos entre las facultades valencianas, catalanas, canarias y gallegas, cada una con su copla…  para el menor cambio curricular. Ya les digo que el problema más o menos se viene arrastrando desde el siglo XVI, ni España autonómica ni Franco ni leches… Va mucho más allá, de cuando dominicos y franciscanos se daban de tortas, y no hablo metafóricamente, por mantener la cátedra de prima a cambio de la tercia, de modo que hasta 1950 se daba tomismo hasta en Ingeniería, y si no se sigue impartiendo hoy es porque los tomistas se extinguieron. Créanme, por mis diez años de docencia arrastrándome por la facultad).

Luego está la endogamia del propio colectivo médico (y aquí no solo español, continental, tema UE). ¿Faltan médicos de familia? Pues muy sencillo, que cualquier graduado en medicina obtenga de serie el título ni que sea interinamente. O acelerar la homologación de médicos latinoamericanos. O las dos cosas. Bueno, no es la mejor solución, dirán, pero apunta fácil. ¿Fácil? Ya… Bienvenidos otra vez al inframundo de las dinámicas gremiales. Por no entrar en la cuestión de que, en realidad, un buen médico de familia (y presten atención a este “buen” nada casual) no crece en el pinar. La medicina de familia es la desconocida reina de la salud. La élite.  El ojo del humilde y poco reconocido médico veterano de ambulatorio salva muchísimas más vidas que estas figuras del star-system sanitario, remedos de carismáticos médicos televisivos, con sus maquinorros de millones y sus molones gorritos de colores. Pero nadie lo sabe o parece dispuesto a reconocerlo.

La tercera causa es que a los pueblos pocos quieren ir. Y no es solo cuestión de pagar más. Verán, este año doy clases en un instituto “de provincias”. Estoy encantado de la vida pero me sorprende la enorme cantidad de interinos que estamos allí. La gran mayoría afirma estar muy a gusto en el pueblo. Pero pasa que la gran mayoría, también, tiene pareja. Y la pareja curra, y tienen hijos. Y “la casa” termina estando en Madrid, Valladolid (Segovia está entrando en la inercia de esta segunda o tercera división laboral). De manera que cada día hay que comerse entre 50 y 100 kilómetros. Que un año pase, dos también, pero al tercero lo práctico se impone. No es nada fácil asentarse vitalmente en un pueblo. Muchos quisieran, pero los más, sencillamente, no pueden. Porque uno no vive solo en este mundo y el campo (y las ciudades en declive tal como la nuestra) da para lo que da.

Por encima, por debajo al centro y adentro está el problema de la politización de la sanidad. Oliendo la hemorragia electoral, nadie espera del PSOE que ayude a Mañueco a diseñar una reforma de la atención primaria (difícil de por sí según los antesdichos motivos), que sería lo que nos convendría a todos y además resulta obligado para incidir, por ejemplo, en el rediseño de la política universitaria médica, que es competencia del Gobierno.

Pero en realidad no se puede culpar al PSOE de pescar en río revuelto cuando el PP hace exactamente lo mismo que el PSOE allá donde la situación se invierte. Les recuerdo que el PP ni siquiera se aviene a negociar una exigencia constitucional como la renovación del Poder Judicial. Los amigos de Mañueco no dudan en politizar algo igualmente tan básico como la justicia hasta llevarla al punto de ebullición. ¿Extrañará a alguien que así las cosas la oposición decida hacer política de la sanidad? Demasiado poco que se ceban, creo yo…

Y además, la culpa no es de Tudanca, Casado o el baranda que toque. La culpa es completa, exclusiva y absolutamente Nuestra. De los votantes. Si los electores premiaran la moderación, el talante negociador y la eficiencia, créanme que le faltaría tiempo a Tudanca implorar que le dejen negociar. Pero es un hecho metafísicamente incuestionable que A es A y el electorado español castiga una y otra vez el acercamiento y premia la politización. Vive sumido en un sueño emocional, en una eterna campaña de “vivas” y “mueras”. Y el que se sale del guión no entra en la foto.

En suma, señores, tenemos la mierda de país que nos merecemos.  Por burros. Por si sirve de consuelo (que es de ver que no),  los hay peores…

 


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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3 Comments

  1. Los habrá peores, don Luis, pero nos ha tocado este y qué razón tiene usted: somos culpables de votar extremos. Ya no sé si por convicción, cabezoneria o por tocar los huevos (bueno gónadas, que son masculino y femenino. Aunque lo mismo me falta un huevo indeterminado ¡bufff! País, S.A.)

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  2. Usted pretende arreglar la falta de medicos formados, con medicos sin formación MIR y con títulos no homologados???? Por favor infórmese.

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  3. No se debe plantear la falta de médicos en los pueblos como algo irresoluble. Los corporativismo, la ineficiencia política y la modorra de muchos de nuestros conciudadanos no pueden dejarnos inermes. Es necesaria una revolución de las conciencias como primer paso para comenzar a ver luz al final del túnel.

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