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¿Cuánto arroz puede comer un pollo?

Yo lo llamo “cara de susto” aunque no es exactamente una mueca, sino una actitud como de removerse en la silla y de encoger la espalda por culpa de algo que yo imagino un escalofrío. Hablo de la actitud que adopta la alcaldesa, Clara Luquero, ante la pregunta de qué va a hacer el Gobierno local con el dineral que tendrá el año que viene, ojo, para destinarlo a inversiones. El matiz es importante.

Hay razones para la preocupación que el Ayuntamiento tiene unas costumbres y un ritmo de trabajo concreto además de un volumen de inversión que ha estado restringido a mínimos en los últimos años gracias a la herencia del “periodo Arahuetes”, las famosas sentencias millonarias que han cercenado la capacidad de gastar a mínimos en lo que va de “periodo Luquero”. A ese ritmo y con esos recursos casi ni se notaba que a los plazos administrativos reglados y las exageradas normas de control del gasto público, en el Ayuntamiento de Segovia se suelen añadir periodos extra de tramitación en los despachos municipales, también como norma.

Pero es que ahora viene la posibilidad de disponer de pasta de verdad y lo mismo se encuentran con el triple de dinero que el año pasado pero con los plazos tasados y muy ajustados para presentar proyectos ejecutados a 31 de diciembre de 2021. Bueno, todo a la espera de que el Ministerio de Hacienda se decida a emitir el decreto que fija todas las cantidades y sus condiciones de uso.

A ver, unas cuentas en números redondos con lo que hay hasta ahora. El capítulo de inversiones habitual suma, de media, 5 millones de euros, a los que habría que sumar 6,3 de los remanentes que han prometido que se liberarán para el próximo ejercicio. Hay más. Seguro que recuerda que el Gobierno tiene puso en la mesa una partida de 5.000 millones para repartir a fondo perdido entre los ayuntamientos para hacer frente a las necesidades generadas por la pandemia y las medidas de ayuda a los ciudadanos y colectivos. Está en discusión cómo hacer ese reparto pero en la plaza Mayor “temen” que por ahí caigan unos dos millones más. Lo último: el presupuesto municipal de este año también generará remanentes, más de medio millón según algunos apuntes que me han hecho. Salen 13 milloncejos largos en números gordos para invertir en 2021 y estoy obviando conscientemente otra partida del Gobierno, de 1.000 millones que podría destinarse al transporte público.

¿Mucho arroz para un pollo? Se me antoja que si. Como pista le diré que de los proyectos a ejecutar para este año, con un capítulo de inversiones “normal”, están sin empezar a ejecutarse a estas alturas del año los emblemáticos de la plaza de la Morería (300.000 euros); el proyecto de accesibilidad y ascensores de San José (450.000) o la construcción de una pista deportiva junto al colegio Carlos de Lecea (250.000). Pues eso, imagine si hay que redactar, adjudicar y ejecutar, yo qué sé, diez proyectos “gordos” y otros pocos pequeños.

Insisto en que será el decreto que cualquier día de estos se decidirá a emitir el Gobierno donde aparezcan los detalles sobre cómo habrá que gastar ese dinero, que no es lo mismo que se obligue a tirar por el camino de las inversiones financieramente sostenibles o se abra más la mano y se permitan más vías de gasto, pero tal como están las cosas, los concejales deben estar a estas alturas rompiéndose la cabeza tratando de rehacer su listado de peticiones para las reuniones de los presupuestos municipales del próximo año, que por cierto, han quedado postergadas hasta que Moncloa hable.

Dice Luquero que tiene proyectos e ideas para la ciudad como para gastar varias veces el dineral que se le viene encima pero mire, a mi, a fecha de hoy, se me antojan que más allá de un plan gigantesco de asfaltado, que se tramita bien y fácil, que no deje una calle de la ciudad sin brea que buena falta hace, dicho sea de paso (lo de arreglar aceras es más complicado de hacer tan deprisa, así que no se ilusione mucho); quizá la obra de la parte adoquinada de Padre Claret y avances en la última obsesión de la regidora, la rehabilitación del valle de Tejadilla, no será fácil crear proyectos de inversión viables a catorce meses vista y lo que es peor, se corre el riesgo de que se empiece a pensar en actuaciones chorra para gastar dinero. ¿Se acuerda del Plan E? Pues eso.

Salvador para todos, ciudadanos y concejales, sería que se eliminen corsés y buena parte de ese dinero se pueda gastar en ayudas directas o interpuestas destinadas a colectivos y ciudadanos, que no se yo si alguno tendrá ánimo y soltura para estar pendiente de las obras en las calles y si de hacer la travesía de un año que se prevé muy duro para todos en lo económico sumado al problema sanitario.

A esperar al decreto de maras. El tiempo corre.

Author: Fernando Sanjosé

Segovia (1967). Periodista.

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