La municipalización, o no (al final fue que no), del aparcamiento de la estación de autobuses y del depósito de la grúa municipal ha dejado en el Ayuntamiento de Segovia varias conclusiones que habrá que tener en cuenta para los casi tres años que quedan de mandato, empezando por el más trascendente en la política local: el Gobierno tiene pies que pueden volverse de barro con relativa facilidad. Los pactos de investidura no lo son de Gobierno —quizá fue más fácil no forzar compromisos más potentes en aras a una foto llena de sonrisas— y el populismo es goloso para todo el mundo. ¿A qué partido no le gusta hacer de paladín defendiendo lo que todo el mundo defendería?
El Gobierno de PSOE e IU ha tratado en las últimas semanas de aparentar que el golpe asestado por la oposición con el concurso de su colaborador habitual de Podemos —la palabra “socio” quizá sea demasiado comprometida en este momento— no tenía demasiada trascendencia, pero lo cierto es que si la tenía: se trata de la primera derrota de importancia que sufre el Gobierno y lo hace defendiendo una iniciativa de “base ideológica”: la municipalización de servicios, ejemplo de la progresía de nuestros tiempos frente a la tiranía de las empresas y la economía de mercado de conservadores y liberales. Un revolcón de los que despelleja rodillas y codos para los gobernantes.
Si sería importante el asunto que la alcaldesa se plantó en el pleno quemando a la desesperada un último cartucho tan inesperado como irregular: un informe firmado, leído y presentado sobre la marcha por el interventor para apoyar las tesis del informe de los técnicos en cuanto a que la subrogación de los trabajadores de la plantilla del aparcamiento sería improcedente si el servicio se municipalizaba. Fue el último intento de convencer al podemita, Guillermo San Juan, que lejos de tragarse la píldora mostró su indignación por la maniobra. Definitivamente ya no había nada que hacer.
Bueno, si. Que los grupos aceptaran dejar el asunto sobre la mesa como pidió Podemos, pero todos dijeron que no a esa posibilidad. Por cierto, esto se voto dos veces, una de manera irregular y otra de acuerdo con la norma. Fue por mero nerviosismo y también por desconocimiento por parte de la alcaldesa, Clara Luquero, que tras 17 años en el Ayuntamiento parece tener aún pendiente estudiar el Reglamento municipal como es su obligación en calidad de concejal, presidenta de la Corporación y directora de los plenos.
No hubo novedades en el debate que estaba más que desarrollado en sucesivas ruedas de prensa a lo largo de los últimos días. Tampoco hubo sorpresas en el resultado de la votación: PP, Cs y Podemos, un extraño trío, tumbó por 13 votos a 12 la iniciativa de PSOE e IU. El aparcamiento no será municipal y ahora hay que empezar un largo proceso de licitación del servicio para adjudicarlo a una empresa. No es mucho consuelo, pero sabiendo la bajísima velocidad a la que el Ayuntamiento de Segovia redacta los pliegos y completa los procesos administrativos, la plantilla de trabajadores mantendrá sus contratos en precario durante un buen periodo de tiempo.
Algo debió dejar insatisfecho a todo el mundo en esta discusión cuando algunos grupos, como Podemos e IU, emitieron notas de prensa nada más terminar la votación para aclarar sus posiciones, como si sus explicaciones en el debate y en los días previos no les resultaran suficiente. Otros grupos, como el popular, incluso barajaron citar a los periodistas para dar estas explicaciones. No lo hicieron pero la intención ya es clarificadora.
Y es que este asunto ha trastocado un poco las bases ideológicas de los partidos. A Podemos le ha llevado a votar contra una municipalización, que es parte del a,b,c, de su ideología. Su portavoz optó por el populismo que significa la imposible defensa de los puestos de trabajo en el aparcamiento y añadió para salpimentar elementos como las referencias lacrimógenas al empleo femenino, al parecer más trascendente que si en la plantilla hubiera habido hombres.
La misma cuestión ha permitido ver a la concejal de IU, Ana Peñalosa, centrarse en los beneficios económicos que el Ayuntamiento podría lograr haciéndose con el servicio: lo nunca visto. También escuchar al conservador, Pablo Pérez, defendiendo la parte de humanidad que aporta la plantilla al servicio en la estación de autobuses y a proclamar que, hasta si hay concesión a una empresa privada “si no mantiene los puestos de trabajo votaremos en contra”. ¿Qué fue del PP de los despidos flexibles y la rentabilidad empresarial por encima de todo?
Resuena el silencio como respuesta a la pregunta lanzada a los socialistas desde Ciudadanos —no parecen haber disimulado nada. Son liberales y rechazan las municipalizaciones— durante el debate: “¿Son ustedes partidarios de municipalizar o lo hacen para contentar a sus socios?”.
La socialista Claudia de Santos también soltó una buena para la reflexión de los cinco grupos tras este extraño baile de roles: “no se puede soplar y tragar al mismo tiempo”. A pensar.

















Últimos comentarios