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Cartelera Segovia: Divergente

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¡Cuánto daño ha hecho Crepúsculo al cine, madre mía! Desde la aparición de esta, lamentablemente, popular saga sobre vampiritos enamoradizos, que en vez de explotar en llamas al darles la luz solar, brillaban cual monigote de purpurina, el cine para adolescentes se ha convertido en un panorama para fraguar estúpidas historias de amoríos imposibles, tirando bochornosamente de los clichés aportados durante décadas, por el cine fantástico de terror, en un ejercicio por edulcorar dichos géneros para construir historias muy políticamente correctas y destinadas para quinceañeras con pocas ganas de comerse el coco. Divergente pretende ser una especie de cruce entre la propia Crepúsculo y otro blockbuster líder de taquilla, Los juegos del hambre, aplicándole un cierto toque de acción, que apuntaba ser un añadido de adrenalida al menos interesante. Amparada por una muy loable recaudación en Estados Unidos, Divergente apunta maneras de consagrarse como una nueva saga palomitera para las (y digo “las”) adolescentes. 

Y es que lo que más me temía, me he encontrado. Aún apestándome de antemano a Crepúsculo, viendo el trailer, intenté ser positivo y llegué a pensar que quizás podría ser una mera impresión inicial. Para nada. Divergente es casi casi Crepúsculo, pero ambientada en una especie de futuro distópico (y con una población con severos signos de alto retraso mental) y con alguna que otra parafernalia digital muy cuqui, para ofrecer un atisbo cercano al cine de acción, en la línea de la propia Los juegos del hambre (pero con menos garbo). La historia que nos pretende contar, poco importa, pues todo se rinde ante la empalagosa historietita de amor difícil de los dos protas, claros clones del Caraculen y la Cara Pasillo de Crepúsculo. El resto material de relleno, todo muy light, no vaya a ser que alguien se escandalice, todo muy correctito, poca violencia, en pro de un guión que naufraga entre estereotipos ochenta mil veces vistos, en films similares. Recuerdo cuando tiempo atrás, véase los ochenta, el cine de adolescentes no era sinónimo de ñoñería abrumadora, películas para todos los públicos tenían sus escenas de violencia (no muy extremas), incluso ciertamente picantonas (mirad la genial El lago azul), siempre que la situación lo requiriese, y nadie se horrorizaba ni escandalizaba (por eso los ochenta ha pasado a la historia por ser la época cumbre del cine para adolescentes). Ahora vivimos un retroceso insultante, parece que las películas destinadas a todo el público, tienen que ser descafeinadas y demasiado contenidas, porque igual a alguien le podría dar un infarto viendo una escena subidita de tono. Creo que en parte, Crepúsculo ha sido una clara culpable de ello, de que la producción de productos dirigidos para (según sus realizadores deben creer) peña con escaso nivel neuronal. Aquí la prueba. Un film empalagoso, ñoño, extremadamente light, repetitivo y para colmo, excesivamente largo (pues no duelen ni nada, las casi 2 horas y media que dura, ¡manda huevos!). Lamentablemente todo parece indicar que, debido a su éxito, será el inicio de otra infame saga, ¿cuánto más nos quedará por ver?

Author: Cultura

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1 Comment

  1. Nos queda por ver todo lo que la industria cinematográfica, aliada con los poderes fácticos del gobierno de turno (no es broma) quieran. Cuánto más agilitontados estén los jovenzuelos y no tanto (entran ambos sexos) mejor para el devenir de la “cultura” institucional.

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