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“Capullos y capullas”, instrucciones para un lenguaje inclusivo

Ser un intelectual progresista es una gran cosa pero apareja sus incordios. Ante todo el buen intelectual progresista debe parecerlo. Y así es importante empezar toda alocución con el consabido “ciudadanos o ciudadanas”, “señoras y señores”, “capullos y capullas”, pues si solo dijéramos “hola capullos” estaríamos faltando al respeto de “las capullas”, y eso sí que no. Hay que ser inclusivo.

El Ayuntamiento de Segovia se ha gastado 2.500€ en una bonita guía de lenguaje inclusivo. Verán, hemos heredado del patriarcado la funesta querencia de no especificar género cuando nos referimos a un conjunto en el que pueda haber mujeres, hombres, transgéneros, niunoniotro, en fin… Eso no puede ser.  Según recalca la citada guía, este vicio verbal induce a la violencia, a la desigualdad. Más aún, afecta incluso a los hábitos de vida saludables. Lo que leen, el que usa el “memos y memas”, “capullos y capullas” vive más y mejor. Pues es una evidencia que el lenguaje excluyente conduce al onanismo y, de ahí, a la ceguera. Luego me extiendo en tan preocupante cuestión.

Aunque la verdad que es un poco coñazo. Soy un fan de Irene Montero, pero me da un poco de penita la buena mujer. Para parecer que es más lista de lo que es, gusta de hablar muy rápido (hablar a trote legionario es propio de los jóvenes políticos, así parece como que se explican mejor). Y además lo hace con la dificultad añadida de manejar una exquisita semántica inclusiva.  Es fama que, víctima de intolerables escraches a las retantas de la madrugada, gusta salir al balcón de su casa (“casoplón” para los arquitectos de ultraderecha) al grito de: “vosotros y vosotras, hijas e hijos de la gran puta y del gran puto, dejad de armar bronca, mecagonlasalmarina”.

Ser progre no es tan fácil como parece. A veces la cosa se “enfarraga” y el discurso queda en un mazacote afectado. Y es que esto del lenguaje inclusivo parece fácil pero no lo es. Verbigracia, pag. 11, analizando la herramienta del adjetivo neutro, la guía considera sexista la expresión “Pablo e Irene son muy distintos”. Si usted dice eso, mal, muy mal. Esté pecando gravemente, que lo sepa. En su lugar se aconseja la expresión “Pablo e Irene son muy diferentes” para beneficiarse de la santidad de los adjetivos neutros. ¿Comprende usted, alma de cántaro? Por otro sí, de empezar una oración con el “padres y madres…”, y para no agraviar, en la siguiente sustantivización deberán alternar el orden del género y usar “de las niñas y de los niños…” y seguir con esta alternancia “…educados y educadas en esta comunidad de maestras y maestros”. No hacerlo nos expone a que el patriarcado levante cabeza.

Vale, sí, queda un mazacote cojonudo. ¡Qué le vamos a hacer! Son peajes que hay que pagar. Pues todo el mundo sabe que comunicar con claridad y precisión no es el verdadero objetivo del lenguaje (¡eso sería lo fácil!), sino que más bien hablamos para ser inclusivos, progres y tener hábitos de vida saludable.

Los ceporros abascalitas, fachas y demás nazis retrógrados  negadores de tamaña evidencia deben saber que todo parte de la  hipótesis Sapir-Whorf, relativismo lingüístico de los 50, según el cual la semántica -conjunto de reglas que rigen los lenguajes- es una mera construcción cultural. Como sea que nuestra descripción sobre el mundo condiciona nuestra percepción del mismo, si lo describimos en términos -esto ya es cosecha de determinado feminismo– lingüísticamente inclusivos estamos generando un mundo donde capullas y capullos conviviremos en inclusiva armonía.

Desgraciadamente, trabajos posteriores tiraron por el suelo el relativismo lingüístico. Ese otro abascalita recalcitrante Noam Chomsky, por ejemplo, que logró demostrar lo contrario, que no, que los lenguajes tienen sustratos inequívocamente universales como puedan ser la economía de medios, la existencia de sujeto y predicado, sustantivos y verbos…

Pero no caeremos en el recurso fácil de permitir que los hechos nos aparten del objetivo. De acuerdo, puede que científicamente esta guía de 2.500 pavos sea una chorrada de la primera a la última letra. ¡Pero tiene su utilidad!

Una que puede parecer paradójica es que hablando inclusivamente nos autodiscriminamos de una posible confusión con un hablante abascalita y en consecuencia “excluyente”. Pues todo tiene un límite, hasta la inclusión. Y es muy buena herramienta poseer shibboleths que nos permitan excluir de buenas a primeras a aquel que no queremos que sea incluido.

No vaya a ser que se nos cuele alguno cuando haya que contratar monitores para las oportunas clases de jerigonza a impartir en los institutos. Pues todo el mundo sabe que nuestros jóvenes andan sobrados de matemáticas y mermados de inclusividad, siendo del interés público más notorio que empiecen a hablar en términos de “ñordas y ñordos“. A tal fin y a no tardar, habrá que contratar a batallones  de docentes en la jerga. Editar y encolomar a los sufridos progenitores las imprescindibles guías didácticas… De donde finalmente queda evidenciada la incuestionable vinculación del lenguaje inclusivo con “los hábitos de vida saludables“. Pues… qué más saludable en esta vida que vivir del chollo a cuenta de los impuestos.

 

 

Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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12 Comments

  1. Definitivamente/menta hay más tontas/tontos que botellines/llinas

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    • Me parece que se refieren en el artículo a Noam Chomsky, el linguista. O existe un Noah Chomsky????

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  2. ¿Y quien guiará a los jóvenes y jóvenas por los vericuetos y entramados líneas y renglones del lenguaje? ¿Una guía con la titulación académica correspondiente o también podrá hacerlo un guío?

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  3. Me fascina el inclusivo vocablo GILIPOLLAS. Aplicable para la 1ª, 2ª y 3ª persona del singular y plural, sin distinción por género.

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    • Coincido plenamente en la admiración por esta realmente inclusiva palabra. Hasta el punto que creo que deberíamos plantearnos seriamente usarla como interjección general de saludo (incluso hacerlo obligatorio bajo fuertes multas). Hola Gilipollas, adiós Gilipollas, Cómo estamos gilipollas… y así… Todo por una sociedad más inclusiva.

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  4. Parece que los/las idiotas no paran de reproducirse, como conejos/as, son los tiempos que corren, cuanto más gilipollas se sea más alto se llega.

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    • Nada más hay que ver los-las especímenes que pululan por las (o ‘los’, hay mas cortes que debates) Cortes Generales a derecha y derecho; a izquierda e izquierdo y no digamos en los extremos y las extremas ideologias.

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  5. jajajajajaja,…… que bueno, Don Luis.

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  6. Cuantas mascarillas se pueden comprar con 2.500 euros? Lo digo por quienes no gozan de salud económica… igual les venía bien y además nos dejamos de gilipolleces.

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  7. Para definirlo sin caer en un vocablo patriarcal…..diré que la medida supone gastar 2500 euros en una soberana gilipollez.

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  8. Capullos, capullas y capulles señor Besa.

    Lo que ya han dicho otros comentaristas: una soberana gilipollez o gilipolleza gastarse ese dinero en semejante cosa o coso o cose. Y más con la situación que tenemos y lo que nos espera.

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