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Adolescencia y coletas

Nos pasa a todos. Somos consecuencia del adolescente que fuimos y llega un día en que esos extensores del pabellón auricular, que tanta autoestima nos aportara allá en el instituto (aunque la vida sexual de uno no lo notara, lástima), empiezan a parecernos lo que son: innecesarios boquetes en las orejas que nos las agrandan. Llega un día y ese piercing nasal horadado una noche loca, que insistimos en lucir pese a los educados comentarios del jefe de personal, se demuestra como lo que efectivamente vaticinaba nuestra madre, una mierda que gotea mocos, y que por otra parte, tampoco ha rentado el número de polvos previsto (vamos, que ni de lejos, es más, las contadas veces que se triunfó ha sido dejando el dichoso piercing en casa). ¡Ay la adolescencia! Malo si dura poco, malo si dura mucho…

Pablo Iglesias se ha cortado la coleta. Ha esperado a apartarse de la vida política para cortarse la coleta. Y le imagino delante del barbero estrenando loock de maduro repeinado y suspirando aliviado, ya era hora, mecagonlacoleta, en qué  día se me ocurrió que me quedaba bien la puta coleta, si ya me lo decía mi madre, con el pelo corto estás más guapo… En fin, que tome nota el otro Pablo, el Fernández de Castilla y León y su melenilla de príncipe de Beckelar. Ya de paso, si puede recortar las cataratas de adjetivos refloridos con que adorna sus ruedas de prensa, pues doblemente agradecido. (Casi mejor, que haga lo que quiera con el pelo pero ataje lo segundo).

Ante todo, sinceridad con uno mismo. ¿Por qué Pablo Iglesias siendo ministro mantenía esa coleta obsoleta de progre de instituto? Por política. Era una forma de reforzar la idea de que, hey, gente, mis ideales juveniles perviven en el tiempo, aunque ahora vivo en Galapagar y me va de 100.000€ para arriba, yo no he cambiado. Era un argumento político, porque en el fondo es lo que vota la gente, coletas y flequillos, fachada y bla-bla-bla y así nos va… Percepciones, emociones, chorradas…

Dicho lo cual hay un tiempo para todo. Pablo Iglesias ha sido  un hombre importante en la política española. Cuando menos, supo articular, gestionar (con mano de hierro) y consolidar un artefacto político, Podemos, que ha movido hacia el activismo político a miles de españoles de una generación desencantada con sus representantes PP-PSOE. Eso no se lo quita nadie, ni siquiera los medios que le han convertido en vomitorio de una parte importante del país (que igualmente tiene sus chorradas y emociones). “Chepas”, “el rata”, “marqués”, anda que no ha aguantado el hombre…

Ahora bien, que esa nueva generación política haya logrado algo está por ver. Para mí ya es un logro en sí mismo que, cuando menos, se hayan movilizado políticamente. Renovar el sistema lo estabiliza. Naturalmente sus partidarios me dirán que qué cosas digo, que anda que no han conseguido cosas Iglesias y Podemos.

Pero hoy no voy a perder el tiempo en tonterías. Hace años que sé que la política es un mal necesario y de escaso impacto en la transformación de nada. Como mucho estoy dispuesto a conceder que la política es un cómo, no un qué, y el cómo siempre tiene la misma respuesta, “con dinero“. Y “dinero” no hay. No hay dinero no hay cambio, de donde la política de la “transformación objetiva de la realidad” queda en escribir todas, todos y todes. En simbolismo. Como cortarse la coleta después y no antes. Es un decirse: “antes yo no me gustaba a mi mismo pero os gustaba a vosotros, ahora me gusto a mi mismo y no dependo de que os guste o disguste”.

De ahí que, al menos, la derecha tiene ese puntillo de vergüenza de resignarse a gestionar o a intentarlo, en tanto la izquierda, que promete y promete pisos, pensionazas y empleos fijos para todos, termina evidenciado el vaciado de la caja y desencanta. Por seguir en la onda ordinaria y zafia, la derecha es la gorda bigotuda pero fiable; la izquierda la guapa y esbelta que te sonríe pero acabará la noche huyendo de ti en el descapotable de un as del fútbol (o expolítico elevado a millonetis).

Vean esto del peaje para las autovías… España debe 1,3 billones de euros (han leído bien, debíamos 380.000M€ en 2008 pero ahora lo hemos triplicado). Un pastizal apalancado en el euro, de manera que, gracias a la UE “solo” nos cuesta 30.000M€ en intereses anuales. Y seguimos palmando pasta, porque claro, esto de la austeridad y los recortes, pues no puede ser… Y cuando salimos de una viene el virus y nos mete en otra… Total, que nos piden un “plan” para que en Europa puedan seguir mirando para otro lado. Un algo, un propósito, como cuando reprendemos a un estudiante vago y nos conformamos con que nos diga, vale, estudiaré el jueves de siete a siete y media. Y el gobierno supuestamente de izquierdas saca entonces venga de medidas, que algunas estarán bien y las más dan una detrás de otra en las costillas de la clase trabajadora (porque eso no son recortes, ¡qué van a ser!).

Como los peajes. Pero lo peor o mejor del todo es como lo justifica el Gobierno. ¿Estaría yo aún en duermevela cuando me ha parecido oír a una ministra: ¡ep, que este proyecto ya lo llevaba Rajoy?! ¿Se dan cuenta?  Se vota a la izquierda para que haga la política que no se atrevió a hacer Mariano Rajoy. Pues por ahí van los tiros, sí…


Author: Luis Besa

Luis Besa. Periodista,

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7 Comments

    • No sé cómo le admiten a usted estos insultos (nunca comentarios) en un medio de comunicación que podemos considerar ¿serio, responsable?
      A veces moderan, pocas (no creo que también tengan el concepto de libertad trastocado, aunque con los tiempos que corren).
      Desde luego está claro que hemos llegado a un punto en que lo que algunos consideran ‘libertad’, o está muy devaluado o no tiene nada que ver con su concepción primigenia.
      Es más bien, una falta de obrar responsable de uno, al convertirse en correveidiles de una ideología en la que hay que ofender por ofender enfermizamente.

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  1. Realmente le importa a alguien lo que ese indeseable ególatra haga con su pelo?.

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  2. Ya lo decía mi madre: lo que hace un buen peluquero 😉

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  3. Quien? no prefiere una coleta honrada a una barba podrida????
    A no ser que sean los gusanos, claro

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  4. Comentario moderado. Evite insultos.

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